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Deportes

“PERTENENCIA”, un relato con color Verde

Líneas literarias referidas a Sarmiento.

Publicado

el

POR: MARIO NICOLÁS UHALT

FOTO: GUSTAVO ZAPATA.

*Los hechos y/o personajes del siguiente relato son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

Marcos tenía 12 años. Era domingo, estaba en la casa de sus abuelos comiendo pasta como era costumbre. En la mesa se respiraba fútbol, del minuto cero hasta el noventa cuando los familiares se saludaban y volvían a sus rutinas que aprietan más que un equipo de Gallardo. No había distinción de sexo ni edad. Todos daban sus visiones de partidos, todos opinaban de Sarmiento, mientras la carrera de Turismo Carretera sonaba en el televisor 40 pulgadas, a la cual nadie le prestaba demasiada atención, pero estaba ahí, como sonido de fondo.

Llegó la hora del café o té, acompañado por el ganador de la carrera de automovilismo. La sobre mesa se sentía. Hacía calor, las camisas se empezaban a desabrochar y los bostezos hacían sus primeras apariciones. El abuelo emprendió la marcha hacia la habitación y los que quedaron en la mesa, luego de hablar sobre política, la cual se palpaba por imágenes de Evita alrededor, volvían a charlar de la redonda.

En ese ida y vuelta, Marquitos recibió una pregunta que le quedaría guardada por el resto de su vida. Se la realizó su tío Jorge y fue tajante, ya que el interrogante estaba acompañado por un contexto y situación específica. La misma, hacía alusión a dos posibles partidos de distintas categorías pero prácticamente en un mismo lugar. Uno de ellos en el Monumental y otro en el Juan Pasquale, al cual los separan solamente un par de cuadras.

En el primero, jugarían River y Boca la final de la Copa Libertadores de América y en el otro, Sarmiento ante Defensores de Belgrano, le dice Jorge a Marquitos con el rostro de Barros Schelotto pensando en un cambio. El tío continúa apuntando que su sobrino, estaría en el medio de estos dos estadios. O sea, a una misma distancia para llegar a cualquiera de los dos. Con un aliciente no menor que tenía que ver con que el pitazo inicial en ambas canchas, se daría exactamente al mismo momento.

Claro, el chico era fana del Verde desde la cuna. Se volvía loco cuando pegado al alambrado veía de cerca a los jugadores. Se trepaba en los goles y se sabía todas las canciones. Sin embargo, su amor por el equipo de Junín era parecido o igual a su devoción por el fútbol. Entonces, la respuesta a priori no era fácil, teniendo en cuenta la importancia de las otras instituciones en el fútbol de nuestro país.

En su cabeza pensaba que el mundo televisivo iba a estar en Núñez, el gentío también, el colorido de excepción y por supuesto, los jugadores de selección, a los cuales él admiraba. Del otro costado, en el Bajo Belgrano, el calor se iba apoderar de la tribuna visitante, los noventa minutos serían transmitidos apenas por una radio y la posición en la tabla de la B Metro, de ambos conjuntos, no era la mejor sino que por el contrario, rozaban el fondo de la misma.

Es para destacar que el chico travieso, en ese entonces, no dudó un segundo en lanzar su esperada respuesta en la mesa de comensales. Sin titubear dijo que si la situación a la que le hicieron mención, sucedería, iría al estadio donde estaría el partido correspondiente al fútbol de ascenso de nuestro país.

Luego de aquella elocuente respuesta el tiempo pasó para todos. De la recordada mesa algunos ya están en el cielo y otros, peinan canas. Aquél niño ya devenido en adulto, con hijos y barba en su rostro, acompañada por una prominente barriga, no pensó que 25 años después de aquél domingo en familia, la profecía se hiciera realidad.

Viajemos al presente. Noviembre del 2018, el “pibe” ya tiene 37 años y el venidero fin de semana que comienza el día 24, debido a su trabajo, estará en Capital Federal pero irá con Santino, su hijo menor que al igual que él, lleva el fútbol en la sangre.

El día finalmente llegó. River-Boca juegan en el estadio de avenida Figueroa Alcorta y el que gana sale campeón y sí, es así, no es un cuento sacado de algún libro de Fontanarrosa o Sacheri. Al mismo tiempo, a pasitos de aquél alboroto mediático que tendrá en vilo incluso a muchos países de mundo, Sarmiento visitará al Dragón. Ese combo en el mismo día. ¿Qué harán?, era la gran pregunta ahora.

El cuero rodará a las 17. La histeria en la selva moderna se siente en el aire. Un mundo de gente cerca de Núñez comienza a aparecer como zombis hambrientos de fútbol. Ellos, sin colores distintivos para no padecer ninguna agresión, tomaron un colectivo o bondi, como dicen los porteños, cerca de Retiro y emprendieron el viaje. Las miradas iban y venían, pero la decisión estaba tomada sin hablar.

El sentimiento ya había hablado por sí solo minutos antes, cuando un colectivero les preguntó de donde eran y la respuesta al decir “Junín”, la asoció directamente al club ubicado en el noroeste del interior de la provincia de Buenos Aires. Claro, el sentido de pertenencia fue clave en la inclinación. Justamente tenía que ver con que se sentían parte y no un anónimo que se acercaba en las páginas de gloria y cuando las papas queman en serio, su ausencia, paradójicamente, se hacía sentir más que nunca.

El brazo cayó sobre la espalda del más joven y como si estaría direccionando, las dos almas buscaron la boletería más cercana del Juan Pasquale. Y no fue en detrimento al otro partido, en absoluto, ya que respetaban la grandeza y al fútbol como el deporte más lindo del mundo, pero en realidad fue por amor genuino e instinto, que tenía que ver con el pasado, presente y futuro, en el cual se veían directamente involucrados.

Y se dieron cuenta de lo que estaban haciendo. Por eso, en un devenir de miradas, se abrazaron y soltaron más de una lágrima, mientras el público local se hacía sentir ubicado en la tribuna, esperando la salida de los equipos. Fue inevitable. Marcos recordó aquella lejana pregunta en la mesa del abuelo Ernesto, que en silencio y bajando desde algún lugar del cielo, se sumó al abrazo en la esquina de Libertador al 400.

FIN

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