¿La cortesía y los buenos modales se olvidan cuando se conduce un vehículo?
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Opinión

¿La cortesía y los buenos modales se olvidan cuando se conduce un vehículo?

Escribe: Arq. Fidel O. Sanchez

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RECUERDO: Que conducir un vehículo por una ruta o por nuestras calles de la ciudad, sea desde hoy una nueva y normal manera de convivir con nuestros hermanos. La toma de conciencia de este hecho nos habituará a pensar más en los demás, con los que también convivimos y compartimos a diario el espacio físico de nuestra ciudad. Además nos creara un profundo sentido de responsabilidad y respeto por la vida del prójimo.

Como dirigente católico a nivel nacional siempre me preocupo la opinión de la iglesia sobre este delicado tema: que esta íntimamente relacionado con el amor al prójimo y el respeto por la vida. Y buscando material en bibliografía católica a nivel nacional y de otros países: encontré y seleccione estas reflexiones, que quiero compartir con la comunidad de Junín.

“Algunos subestiman ciertas normas de la vida social; por ejemplo, las referentes a las normas de transito, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo” (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes 30 ).

“El grado de culpabilidad de las infracciones, que ocasionan o pueden ocasionar daños no directamente voluntarios, depende de la gravedad del mismo. Por lo que se refiere a nuestra patria, los datos que ofrecen las estadísticas de accidentes y que, por lo tanto, pueden servir para señalar el riesgo y la responsabilidad de las infracciones, nos autorizan a apuntar a señalar lo siguiente: sobrepasar los límites de velocidad, girar…

Incorrectamente en U sobre la calzada; adelantarse antirreglamentariamente; circular por la mano contraria o en dirección prohibida; No respetar la prioridad de paso, no mantener la distancia de seguridad entre vehículos; conducir en condiciones físicas o psíquicas desfavorables, debido al consumo de bebidas sueño, cansancio o estados de excitación “ (Comisión Episcopal de Migraciones, El Apostolado de de la carretera, 21 de mayo de 1968, n4).

“ ¿Cómo puede un cristiano, un hombre honesto, no temblar ante el solo pensamiento de ser incluido por la propia conciencia y contra su voluntad, al menos directa, entre los homicidas por haber cedido a la tentación de una vana y a menudo injustificada prisa cuando conduce?” (Pio XII, Discurso a párrocos y predicadores cuaresmales de Roma. 19 de febrero de 1958).

#El principio fundamental de la moral de la circulación descansa en la persona humana, en su valor, en su dignidad. Se deriva del respeto a la vida, a la integridad física a la personalidad moral del prójimo. El pecado capital de muchos usuarios de la carretera consiste en la falta de respeto por el prójimo con relación a la seguridad, están desprovistos de todo sentido moral y no se sienten responsables del su sufrimiento físico y moral del prójimo. Por ello no se sienten culpables cuando infringen las prescripciones legales, garantía de la seguridad.

Su conciencia no está formada, o más bien digamos que está Deformada” (Pastoral colectiva del Episcopado de Bélgica, Moral de la circulación en carreteras, Malinas, Enero 15 de 1966).

“Estos principios descansan en el respeto que debemos a toda vida humana, , a la persona humana, como nos inculcan en las primeras páginas de la Sagrada Escritura.

La persona humana se sagrada, ha sido creada a imagen y semejanza de Dios(Gén 1, 26), ha sido redimida por el precio inestimable de la Sangre de Cristo (cf.1 Cor 6.20; 1 Pe 1, 18-19), ha sido incorporada a la Iglesia, a la comunión a de los santos, con el derecho y el deber de la mutua, efectiva y sincera caridad para con los hermanos, de acuerdo con el principio del apóstol Pablo “ Que vuestra caridad no sea fingida…con amor quereos bien mutuamente”…” (Pablo vi, Discurso a los participantes en el dialogo internacional sobre la moral de la carretera, Octubre 02 de 1965).

“Todos los educadores- padres y maestros- han de incluir debidamente en el campo y en los objetivos de sus tareas la educación vial de los niños, con demasiada frecuencia víctimas inocentes de los accidentes de tránsito… Esto nos mueve a hacer una llamada singular a los colegios que dependen de la iglesia, para que en ellos no se omita este campo, necesario hoy en la formación cívica. Igual ruego hacemos a cuantos desde los distintos centros de formación, a través de los medios de comunicación social o por la naturaleza de su cargo, pueden ayudar a que lleguen a conocimiento de todas las reglas básicas para seguridad de las actividades. Una opinión pública mejor educada hará reinar sobre nuestras carreteras un clima de cortesía, de moderación y prudencia, conforme a las mejores tradiciones de la civilización cristiana” (Pio XII, Discurso del 04 de octubre de 1955 en la Comisión Episcopal de Migraciones).

“El causante de un accidente, ya sea de una forma casual o fortuita, y más si ha sido provocado abusando de los derechos de circulación, tiene ls obligación en conciencia de reparar los daños ocasionados, leves o graves, aun antes de que haya sentencia condenatoria del juez. Y aunque la sentencia fuese absolutoria si en conciencia sabe que el motivo del hecho, por no haber dicho la verdad o no haber pruebas suficientes, tiene el deber de hacer dicha reparación si en conciencia sabe que el motivo del hecho es el , aunque no tuviera culpa moral”( P:V.H García, Para ti conductor. España 1966).

“La justicia exige a quien causa un accidente socorrer a las victimas si está en estado de poder hacerlo. Darse a la fuga deliberadamente es una cobardía indigna de un hombre .El delito de fuga acrecienta considerablemente la falta moral de quien trata de sustraerse a toda responsabilidad… Es un verdadero crimen cuando la víctima, por esta denegación de socorro, sufre un daño irreparable”. (Pastoral del Episcopado de Bélgica).

“Mirando esas filas de coches lanzados a gran velocidad sobre las carreteras surge una pregunta, no sin cierta angustia de nuestro corazón: ¿Adonde van tan de prisa estos hombres?¿Es el sentimiento del deber o la pasión del dinero que lo impulsa?¿Es el deseo de servir o el de dominar al prójimo? Y pensamos en , yo los he amado el precepto de caridad, en la palabra que resume toda la enseñanza del Divino Maestro:” Amaos los unos a los otros, como yo los he amado”.(Jn 15,12 (Pio XII, discurso del 04 de octubre de 1955).

“No os olvidéis de respetar a los usuarios de la carretera, de observar la cortesía y la lealtad hacia los demás conductores y peatones y demostrarles vuestro carácter servicial. Poned vuestro orgullo en saber dominar una impaciencia a menudo muy natural, en sacrificar, quizás, un poco de vuestro sentido del honor para hacer triunfar aquella gentileza que es signo de verdadera caridad”. (Pio Xii, A los socios del Automóvil Club de Roma, Abril 12 de 1956).

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