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La Casa de Junín en La Plata: el relato de dos exresidentes

Hernán Basseoto y Norberto Cianadio contaron a Grupo La Verdad cómo fueron aquellos años de la década del 80 en la que compartieron experiencias con otros estudiantes.

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Por Redacción Grupo La Verdad

La pasada semana Grupo La Verdad publicó una nota que daba cuenta que en los próximos días culminará el proceso judicial que permitirá recuperar la Casa de Estudiantes de Junín en La Plata, adquirida en 1982, la cual fue blanco de usurpaciones ocasionales desde 2005 hasta la actualidad, y que se encuentra deshabitada.
La intención es que puedan alojarse allí los jóvenes de la ciudad que quieran estudiar una carrera universitaria en La Plata y no posean los recursos necesarios.
El inmueble de calle 17 numeral 1734 (entre 67 y 68) se encuentra deshabitado, según consta en la Justicia. Aunque una vecina que no se quiso identificar dijo días pasados que “hasta hace un tiempo residían al menos dos jóvenes que, me parece, estaban usurpando, pero no los conocía y creo que se fueron. Para mí, esa fue siempre la Casa de Junín”.
La casa está ubicada en la denominada “Ciudad Vieja” de La Plata, en cercanías de la Estación Provincial (17 y 71) en el barrio Meridiano V, que se ha convertido en un centro cultural, con numerosos bares y cervecerías.
No fueron pocos los juninenses vivieron en la famosa “Casa de Junín” de La Plata y otros tantos “pasaron” por ahí a charlar con amigos, compartir una comida o escuchar partidos de Sarmiento.

Vivencias
En la semana, este medio tomó contacto con dos ex residentes del inmueble. Uno de ellos es el doctor Hernán Basseoto, quien recordó parte de su experiencia como estudiante. Basseoto llegó a la Casa de Junín en La Plata en 1984.
“Hoy para mí eso tiene una gran resignificación, el esfuerzo de mis viejos y esa casa fueron muy importantes para mi vida. Lo mismo que poder viajar con el carnet por ser hijo de ferroviarios, son cosas que uno no olvida. Hoy las modalidades de estudio a distancia son muchas, en esa época era todo presencial, era todo muy diferente”, recuerda quien durante parte de la década del 80 cursó Medicina en la Universidad Nacional de La Plata.
“Era vital para muchos de nosotros esa casa, de otra manera no podríamos haber ido a estudiar. Yo vengo de una familia de trabajadores, al final del secundario algunos compañeros preparaban el ingreso a la Universidad en un proceso donde estaba regresando la democracia. A partir de eso el ingreso era más permeable, pero había que rendir cuatro parciales”, evoca Basseoto, quien vivió tres años en el inmueble de calle 17.
“Recuerdo que fui uno de los que llegó primero, llegamos un domingo a la tarde en el mes de febrero. La Universidad Nacional de La Plata tenía su prestigio ya, el Hospital Sor María Ludovica que estaba cercano a la casa era uno de los mejores de Latinoamérica. En la casa también se reunía el Centro Universitario Regional Junín en La Plata, que juntaba fondos para poder mantenerla”, consigna.
Gabriel García, Gustavo Doneito, Emilio Di Perna, Horacio Cipolla, Javier Marcos, Gustavo Serafino fueron algunos de los compañeros con los Basseoto vivió allí.
Otro que habitó el mismo espacio fue Norberto Cianadio (foto), quien relata que “en el año 83, cuando se estaban yendo los militares, decidí venir a La Plata a estudiar. Me anoté en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo para estudiar Zoología. Tuve la suerte que salió entonces la Casa de Junín y entré. Fue algo espectacular porque yo no sabía cómo iba a hacer para solucionar el tema de la vivienda. Cuando llegué éramos siete u ocho”.
Y detalla: “La casa tiene tres habitaciones, un baño, una cocina, un garage, un patio, un lavadero y un local que usábamos como sala de estudio. Pasé años hermosos en esa casa, no recuerdo los nombres de todos, pero con Hernán Basseoto y Horacio Cipolla fue con quienes más afinidad tuve. Estuve entre 1983 y 1988 ahí, al principio teníamos unas camas que habían donado de un hospital, con el tiempo conseguimos una cocina, un lavarropas, cada cual se llevaba su vajilla, y el gas y la luz los pagábamos entre todos. Teníamos una estufa que conseguí yo y la atábamos con una manguera para llevarla por toda la casa, esa era la única calefacción que había”.
A modo de cierre, Cianadio expresa: “Algunos iban por pocos meses y regresaban a Junín o se iban a otro lado, a muchos de los que pasaron los conocí. A mí me sirvió mucho estar ahí, si esto se puede reflotar ahora yo estoy a disposición para lo que haga falta”.

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