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La abuela juninense del gran arquero de River

Gladys Garate está perdiendo identidad: ahora es la abuela de Franco Armani.

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En la misma medida que se va agigantando la figura de su nieto, la vida de Gladys Garate va sufriendo cambios. Ya no pasa desapercibida cuando va a hacer los mandados, las charlas con sus amigas mutaron el tema a tratar y el teléfono no para de sonarle.
Es que los hinchas riverplatenses están acunando un nuevo ídolo, dueño del arco más grande del mundo: Franco Armani. Y su fan número uno, la abuela, no quedó fuera de esta ola gigantesca.
Gladys siempre vivió en Junín, estuvo casada por más de 45 años y tuvo dos hijos. Hoy luce orgullosa de sus cinco nietos y una bisnieta, que han ido tomando caminos diferentes en la vida: todos le merecen un elogio a lo largo de la charla que mantuvo con LA VERDAD.
Pero Franco es la noticia, sobre todo después de su actuación sobresaliente que lo destacó en el partido contra el archirrival, por la Supercopa. “No tengo codificado, así que fui siguiendo cómo iban sin verlo…”, dice Gladys, con una sonrisa tan amplia como el amor que le brota por los poros.
Ella es una figura siempre presente en la vida de Franco y su hermano Leandro, otro jugador de fútbol alias ‘Beto’ en la familia, que nacieron y se criaron en Casilda, una localidad ubicada al sur de la provincia de Santa Fe. “Mi hijo se fue a la Escuela de Agronomía de Casilda cuando tenía 16 años, después conoció a la mamá de Franco y formaron familia. Allí nacieron los chicos”, cuenta.
A pesar de la distancia, nunca dejó de visitarlos: era religiosa su llegada una vez por mes, a pesar del cansador viaje de siete horas, con escala en Rosario.
“Me acuerdo que lo llevábamos a practicar fútbol en un club de barrio, donde trabajaba como utilero su abuelo materno. Él lo ayudaba a lustrar botines, a repartir la ropa de los jugadores, siempre vivió en este ambiente”, dice Gladys.
Cuando era momento de estar en la casa, “mi hijo siempre contaba que lo volvían loco a pelotazos en el garaje, y dice que así fue como aprendió a atajar y salió bueno”.

Universidad Siglo 21

Como profesional

“Los dos hermanos jugaban al fútbol, creo que tenían contacto con Sampaoli –actual técnico de la Selección Nacional, también oriundo de Casilda- y algunos representantes conocidos, así que los empezaron a llevar. Era chico todavía, tendría cerca de 18 años cuando se fue a La Plata, a Estudiantes”.
La abuela recuerda: “Ahí no podía jugar porque ya había arqueros, así que lo fueron prestando hasta que llegó a Deportivo Merlo”, hace diez años atrás.
Después del último partido en Mendoza, Franco le mandó un mensaje: “Llegué, abuela”, decía. Y hacía referencia a su gran sueño, que era jugar en un club grande de la Argentina, después de haber pasado casi ocho años en Colombia.
“Y encima me pone: me di cuenta que la gente me quiere. Yo le respondí: ¿recién ahora te diste cuenta?”, cuenta Gladys, que confirma lo que la apariencia de Armani muestra: una persona firme, comprometido con su trabajo, responsable y serio.
“Tendrá sus defectos, pero es muy centrado, muy familiero, le encanta estar con su familia”, agrega. Franco armó su pareja y conoció a su actual esposa en Colombia, donde tienen departamento, autos y todos los parientes políticos.

Venir a Junín

En ese tiempo colombiano, apenas viajaba a la Argentina dos veces por año. “Le encanta venir a Junín, la última vez vino con un auto prestado de un compañero: nos quedamos tomando mate toda la tarde”, dice Gladys, aunque siempre matizando con las visitas inesperadas de hinchas que buscaban conocerlo.
No es como otros nietos que tienen una comida preferida de la abuela: “a él le gusta todo, y no sabés cómo come…”, se ríe. “Por eso, cuando viene, después tiene que salir a trotar. Está acostumbrado que en Colombia, si llegaban excedidos de peso, le cobraban una multa”.
En su último viaje a la casa juninense, Franco disfrutó de un buen asado. “Y yo había hecho una torta de manzanas: me dijo que para la próxima hiciera dos o tres, porque con una no alcanzaba”.
En las pocas horas que permaneció en la ciudad, Gladys cuenta que lo fueron a buscar de un comercio de ropa: “Le regalaron tantas prendas, a él, a la esposa y hasta el padre ligó algo”. En Sáenz Peña su presencia causó una gran revolución esa tarde.

Un paso más

“A veces pienso que él ha sufrido mucho en su vida personal, así que ahora la vida le dio una recompensa. Él está orgulloso y nosotros ‘chochos’”, por este presente rutilante, basado en mucho esfuerzo personal y renuncias.
Ahora, después de este boom de fama de Franco, el próximo paso anhelado es la selección nacional. “Yo pienso que lo va a llamar, Sampaoli ha hablado con él ya varias veces”, se confía Gladys, que en Junín, casi está siendo una estrella como su nieto.

La ciudad revolucionada

“Me explota el teléfono, el timbre, todo… Yo soy conocida, tuve una tintorería por Remedios Escalada de San Martín por más de quince años, así que conozco mucha gente. Me mandan mensajes, mis amigas me hablan… Ayer me llamó una que me felicitó por el nieto y me dijo: tenés un nieto jugador y pájaro volador”, cuenta con orgullo sobre el cambio de su vida personal.
La última visita de Franco causó revuelo en todo el barrio: después de firmar para River, llegó con un automóvil de última generación, y con su altura y porte no pasó desapercibido.
“Pero él tiene una pasta increíble, se presta a firmar autógrafos y a sacarse fotos, no tiene problemas. Es buena persona, no es agrandado, es humilde”, repite con orgullo la abuela.

Haciendo Obras 2

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