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Escribe: P. Víctor Roncati — El Corazón del Hijo del hombre se desborda de amor hacia los hombres.

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El Corazón del Hijo del hombre se desborda de amor hacia los hombres.
Es el Corazón de Aquel que en la Cruz dijo: “Tengo sed”, y que después explicó tantas veces en sus apariciones a los santos, que esa sed que lo quemaba era sed de almas, sed de amor.
Es un corazón que clama:
“Vengan a mí los que están cansados y agobiados
Y yo los aliviaré” Mt 11,28.
Un Corazón que ama hasta el infinito y desea el bien de los que ama.

Universidad Siglo 21

Cansados… hemos ido más allá de nuestras fuerzas.
¿Estás cansado?
Puede ser un cansancio físico. Quizás tenés muchas actividades o requieren mucho esfuerzo.
Quizás estás enfermo, debilitado o envejecido y te cansas con facilidad.

Y Jesús te dice:
¡Ven a mí, tú que estás cansado y yo te aliviaré!
Puede ser cansancio mental.
Mucho estudio, tiempo de exámenes, trabajos que requieren manejar situaciones difíciles, actividad intensa de la memoria, de la razón.
La mente se cansa, empezás a olvidar cosas, quizás no dormís bien.

Y Jesús te dice:
¡Ven a mí, tú que estás cansado y yo te aliviaré!
Quizás el cansancio es psicológico, muchas preocupaciones: familiares, de trabajo, de dinero, de salud, te sentís tensionado, tironeado.
Este cansancio puede ser mucho peor y se suele traducir en problemas físicos: dolores en el pecho, disritmias cardíacas, contracturas musculares, dolores de cabeza, insomnio…

Y Jesús te dice:
¡Ven a mí, tú que estás cansado y yo te aliviaré!
Y es peor aun cuando los ataques llegan al corazón, a los sentimientos.
Cuando hay tirantez en las relaciones familiares, con los amigos, con aquel o aquella que más amamos, cuando el corazón se divide, cuando en él entran el odio, el rencor, los miedos.
El cansancio se hace profundo.
Quizás el cielo afuera esté azul, pero nuestro cielo está oscuro, muy oscuro.

Y Jesús te dice:
¡Ven a mí, tú que estás cansado y yo te aliviaré!
Y a veces el cansancio llega al espíritu, cuando hemos luchado y nos hemos sentido derrotados, por nuestros pecados, nuestra debilidad, nuestra cobardía, la oposición de los otros, sobre todo de los que amamos. Y el cansancio se traduce en desánimo, dudas, sigo por inercia…¿o dejo todo?

Y Jesús te dice:
¡Ven a mí, tú que estás cansado y yo te aliviaré!
Y agobiados…
El agobio es más que cansancio.
Es cuando el cansancio ha llegado a un límite que ya no soportamos y nos sentimos oprimidos, desilusionados, encerrados.
No vemos cómo salir de la situación en que estamos, no vemos ninguna luz en el camino.
Es como si el mundo estuviera encima nuestro y nos pisara. No hay esperanza.

Y Jesús nos dice:
¡Ven a mí, tú que estás cansado y agobiado y yo te aliviaré!
Esta invitación que nos hace Jesús no surge de la razón sino de un Corazón que ama, y que ama tan profundamente que no nos pregunta si somos buenos, si merecemos consuelo o no, solo nos dice: ¿ Estás cansado, agobiado?

Ven a mí que yo te aliviaré.
Quiere tomarnos en sus brazos y ser alivio de nuestro dolor, de nuestro sufrimiento, de nuestro cansancio.
Alivio.
No dice que nos va a quitar toda la carga, sino que nos va a aliviar.
¿Y esto por qué?
El dolor es un gran maestro, no hay por qué negarse a todo dolor, sino estar atentos, aprender de él.
Pero a veces se nos hace insoportable y entonces.
¿Vieron qué sucede cuando llevamos una canasta llena de cosas y resulta muy pesada?
Caminamos inclinados, de costado, desequilibrados.
Pero si viene alguien y toma una manija, el peso se reparte, recuperamos el equilibrio en la postura, el esfuerzo es menor. Y hasta el camino se hace más corto, más alegre, cuando vamos acompañados.

Esto quiere hacer Jesús.
No quitarnos el peso que por algo está en nuestra vida, sino compartirlo.
Nos ve cargados con un peso que nos dobla y siente compasión.
Él se acerca y se ofrece para compartir el peso, y si Él toma la otra manija.
¡Qué bueno si hoy podemos escuchar este llamado de Jesús y responde a Él!
¡Qué bueno si hoy le podemos decir: sí, por favor, toma la otra manija!

Oración
“Señor Jesús, estoy cansado y agobiado y te necesito.
Quiero escuchar tu Voz que me llama:
¡Ven a Mí si estás cansado y agobiado que Yo te aliviaré!
Abre mis oídos cerrados por la falta de confianza, la falta de fe.
Límpialos de tantos ruidos que los golpean desde afuera y desde adentro.
Haz que para mí se silencien las voces del mundo, los miedos.
Aquieta mi mente, mi corazón.
Y háblame.
Quiero escuchar Tu Voz que me dice:
¡Ven a Mí si estás cansado y agobiado y Yo te aliviaré!
Comparte mi carga, Señor, y volveré a encontrar una luz en mi camino.
Amén.

¡Que Dios los bendiga!
P. Víctor Roncati.
Parroquia San Ignacio de Loyola. Junín.

Haciendo Obras 1

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