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Isabel, la increíble historia de la mamá y abuela tucumana motociclista

«Si hubiera conocido el mundo de las motos antes, hubiera sido muy feliz desde antes. Abran sus alas y vuelen»: aprendió a manejar una moto a los 50 años. Desde ese momento, recorre todo el país con un grupo de amigas.

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Dicen que no hay edad para aprender algo nuevo, y que si alguna actividad te hace feliz, hay que aprovechar el envión para buscar que te llene en todo sentido. Esto es lo que vive Isabel Veliz, una tucumana de 56 años que hace 6 aprendió a andar en moto y casi sin quererlo, descubrió su gran pasión.

“Conocí este mundo de las motos, a través de la causalidad, cuando me vine a vivir desde Monteros a san Miguel de Tucumán, y no tenía amigos por esta zona. Encontré a un grupo de chicos y me acerqué, ellos me buscaban en moto y me llevaban al Cadillal casi siempre. María Elena, una de las chicas, tenía una APIA 250 y me llevaba, luego su mamá enfermó y ella dejó de ir, yo ya no tenía quien me lleve a esos paseos al dique, así que un día pasando por una concesionaria compré mi GMX 150 CC. Llegué a mi casa en primera y segunda, no sabía manejar, mi hijo no podía creerlo”, le cuenta Isa a eltucumano.

Y es que de un momento a otro, los viajes en moto dejaron de ser algo de recreación para convertirse en la prioridad de esta profesora de educación física: “Los chicos me enseñaron, me buscaban, me ponían al medio del grupo. Aprendía, manejaba primero hasta 80 km máximo, y luego fui a las Termas. Yo no sabía lo que era un moto encuentro, solo andaba para pasear y tomar mate. Mi vida hizo todo un giro, cambió totalmente mi forma de ver la vida, las cosas. Conocí a otras personas, a otros viajeros de moto, había mujeres ahí”, revela.

Y es que esta mamá y abuela tucumana decidió que su rol en las rutas no iba a ser la de copiloto: “Por lo general, las mujeres viajan con sus esposos como copilotos. Son pocas las que viajan conduciendo. Me gustó lo que sentí, la confianza, uno va adquiriendo conocimientos, es como la vida misma, vas perdiendo el miedo. Después me fui a La Rioja en mi moto 150, me recibieron y me hicieron conocer esa provincia, siempre que salgo hay amigos que te esperan, que te acompañan”.

Actualmente Isabel Veliz o «La Dama del Norte» (como dice su logo personal), cuenta con un grupo estable de mujeres motociclistas con quienes recorre toda la Argentina: “Una es de Córdoba, dos de Santa Fe, una de Misiones, una de Caleta Olivia. Cuando fui a Puerto Madrin, tomé después el camino a Bariloche y desde ahí me fui por los Siete Lagos. En ese trayecto conocí a Marcela (de Caleta Olivia) tomando mate a la orilla de un lago, charlamos, nos pasamos los contactos y ahora somos amigas y viajamos juntas”.

UNA FAMILIA RUTERA

“El que viaja en moto nunca viaja solo, esto lo digo porque cuando uno sale a la ruta y viaja siempre se encuentra gente amiga y del palo. Hay grupos de Facebook y Whatssap en donde de alguna forma viajan con vos, nunca falta la mano amiga que te busca. Mis tres hijos saben siempre en donde estoy, a veces uso la ubicación en tiempo real de Whatsapp. Tengo un amigo que tuvo un desperfecto cerca de Santiago y nos conectamos para que lo ayuden. Él se llama David, es del grupo Goya y están con la comunidad Wichi repartiendo medicamentos, ropa, haciendo solidaridad. Los que andamos en moto somos una familia, una comunidad, nos auxiliamos, nos contenemos, nos cuidamos. Es tan lindo este mundo que descubrí sin querer queriendo”, nos explica la entrevistada, evocando cada uno de los viajes en donde conoció a personas que no se imaginó. “Uno persigue paisajes y se queda arriba de las montañas, o en la orilla de las playas, somos buscadores de paisajes. Hablamos más o menos de lo mismo, de motos, no hay diferencias ni de cilindrada, ni religión, ni política, ni nada de eso, hablamos todos de nuestras motos y de los viajes, son momentos donde no importa más nada”.

Ser una mujer que se sube a la moto y que sin pensarlo dos veces lucha contra el clima y los factores sorpresas que hay en un viaje, es un precio que esta tucumana estaría dispuesta a pagar de nuevo su pudiera volver el tiempo: “Si lo hubiera conocido antes hubiera sido muy feliz antes. Cada etapa de la vida la disfruté, soy mamá, soy profesional, disfruté todas mis etapas, mis hijos son grandes, soy abuela, y ahora disfruto ser moto viajera. Tomo la vida y la disfruto en su momento”, enseña, con una sabiduría muy asentada.

Como cada cosa nueva, el miedo es un denominador común. Un poco parte de nuestro instinto de supervivencia y un poco por los prejuicios propios: “Siempre hay miedo, sobre todo tiene que ver con cómo crecemos. Nos dicen ‘esto es para vos mujer, y esto no’, hay que vencer esas barreras. Cada cosa que una se propone lo puede realizar. Si tenés un sueño lo podés hacer realidad. Para algunas será la moto para otras un deporte, recomiendo que todas se animen a sus desafíos. A mí me gusta andar en moto, de eso se trata la vida, estamos siempre expuestos y todo es un aprendizaje”.

“Vos podés decir ‘me preparo y quiero llegar a tal parte’ pero no sabés si llegás, si te vas lejos, o si te desviás y vas a otro lado. El viaje se hace haciendo el camino y cada vez uno entiende más lo que decía el escritor ‘camino no hay camino, se hace camino al andar’, eso es totalmente cierto”, nos comenta.

FUTURO SOBRE RUEDAS

En los planes inmediatos, la motociclista piensa viajar junto a su grupo de mujeres directo al Fin del Mundo: “Ahora tenemos un proyecto de llegar a Ushuaia y queremos visitar a Marcela en Caleta Olivia. Hay muchas cosas que van definiendo un viaje, sobre todo la parte económica y tratar de ir todas juntas. En julio, si se abre la frontera, nos vamos a Brasil”. Además, a Isabel la mueve el deseo muy grande de llenar sus ojos con más kilómetros y más paisajes una vez que se jubile y tenga más tiempo: “Me queda poco para ser jubilada, me encantaría recorrer Latinoamérica en moto y si puedo llego a Alaska. El tema es que es muy costoso cruzar el canal de Panamá, pero vamos a ver. Ahora tengo muchos más amigos y gente conocida, hace poco me incorporó un señor que tiene 68 años que tiene un grupo de viajeros en Argerich y en ese grupo hay viajeros de toda Latinoamérica, me llamaron a participar de esa agrupación, es un hombre que fue reconocido como motociclista ilustre de Argentina y para mí es u honor”.

Isabel, reconoce que su historia puede servir de inspiración para algunas mujeres que se estén planteando ir detrás de sus sueños, y por eso confiesa que es una idea que gratifica enormemente: “Estoy feliz de ser fuente de inspiración para otras mujeres, que venzan los miedos y se puedan empoderar. La cuestión es atreverse a desafiar los miedos, abrir las alas y volar”.

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