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Invasión de countrys: el 43% de las hectáreas construidas son de barrios cerrados

Los datos se desprenden de un amplio estudio realizado por el Programa de Ciudades del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) sobre la base del análisis de mapas satelitales y de los últimos censos del Indec.

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Por José Giménez, de Agencia DIB

En la provincia de Buenos Aires, 84 de cada 100 hectáreas construidas en los últimos 10 años fueron destinadas a usos residenciales, y de éstas la mitad corresponden a urbanizaciones cerradas, un esquema de expansión calificado como “no sustentable” por los especialistas en la materia.

Los datos se desprenden de un amplio estudio realizado por el Programa de Ciudades del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) sobre la base del análisis de mapas satelitales y de los últimos censos del Indec.

El estudio muestra una realidad preocupante: en los últimos diez años, en los seis conglomerados urbanos de la provincia (Gran Buenos Aires, Gran La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, San Nicolás y Patagones) la mayor parte de la expansión urbana se concentró en los barrios cerrados, countrys y residencias extraurbanas.

En efecto, este tipo de construcciones concentraron el 43,6% de las poco más de 29 mil hectáreas de expansión urbana que se registraron entre 2006 y 2016.

Este fenómeno genera serias complicaciones para la planificación urbana, ya que tienden a “ensanchar” a las ciudades de forma desequilibrada, sin correlación con el crecimiento poblacional. Es que, al encontrarse alejados del resto del tejido urbano y concentrar grandes espacios para pocas personas, multiplican por mucho el costo de llevar los servicios, entre otras complicaciones.

El trabajo de Cippec advierte que esta forma de crecimiento urbano genera “patrones de alto consumo de suelo y replican ocupaciones de baja densidad”, lo que afecta negativamente a las dinámicas urbanas, ya que provoca “la expansión con bajas densidades, la segregación social y la proliferación de vacíos urbanos”.

Esto genera, además, un “aumento en los costos de las inversiones que hacen al funcionamiento de la ciudad, la provisión de servicios en territorios cada vez más amplios y los traslados de la población hacia los centros urbanos mediante transporte público que tienden a la ineficiencia o, peor aún, por medio del automóvil particular, con su impacto nocivo sobre los sistemas de movilidad y las emisiones de CO2 que promueve”.

Además, en muchas ocasiones la expansión se realiza sobre tierras que a menudo cumplen funciones ambientales importantes, como humedales, recargas de acuíferos y reservas de biodiversidad ecológica.

Crecimiento dispar

En el período analizado, el centro urbano que más creció fue el área metropolitana, con 21.704 hectáreas. De este total, el 54,7% corresponden a urbanizaciones cerradas, mientras que el 28,5% pertenecen a viviendas de ocupación permanente o de fin de semana. El 16,6% de la expansión, en tanto, fue por la extensión de asentamientos o villas.

En tanto, en el Gran La Plata se registró un aumento de 3.384 hectáreas, de las cuales el 97% fueron destinadas a viviendas: 37,1% son barrios cerrados, el 30,9% residencias urbanas, 16,5% casas de ocupación ocasional, y 13,4% de asentamientos.

Bahía Blanca, por su parte, experimentó un crecimiento de 1.509 hectáreas: 45,7% casas de fin de semana, 31,3% residencias de ocupación permanente, y 10,8% asentamientos. Apenas el 6% son barrios cerrados.

Finalmente, Mar del Plata creció en 1.242 hectáreas, de los cuales 91% fueron destinados a viviendas, un tercio a barrios cerrados.

El informe destaca que solo el área metropolitana y Mar del Plata aumentaron su densidad poblacional, mientras que también se resalta que en el conglomerado San Nicolás-Constitución la tierra destinada a usos industriales representó el 55% del total de la expansión entre 2006 y 2016.

Menos densidad,
más problemas

El informe advierte que, como consecuencia de este proceso, las áreas incorporadas en los últimos 10 años se caracterizan por tener una baja densidad poblacional: disminuyó de 45 habitantes por hectárea entre el 2006-2010 a 22 entre 2010-2016.

Esto provocó que la mayoría de los conglomerados urbanos, a excepción del Gran Buenos Aires y Mar del Plata, redujera la densidad poblacional. Contrariamente a lo que se cree, este proceso resulta perjudicial al equilibrio urbano.

Según estándares internacionales, “la relación entre el gasto municipal en la provisión de servicios urbanos y la densidad de población alcanza niveles óptimos en densidades brutas cercanas a 90 habitantes por hectárea”. En la provincia, el área que más se acerca a ese nivel es el Gran Buenos Aires, con 52,5 hab./ha. El resto apenas cubre un tercio de ese nivel: La Plata (32); Mar del Plata (34,6); Bahía Blanca (27,1%); San Nicolás (27,3%); y Patagones (36,3).

El trabajo de Cippec insiste en que esto resulta negativo porque “implica costos más altos para el gobierno local, ya que es necesario construir redes de infraestructura de mayor longitud, se requiere ampliar la red de transporte público y las vías que le dan soporte, recorrer más kilómetros para recoger los residuos y aumentar distancias hacia los equipamientos de salud o educativos”.

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