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Intentar hacer cumbre en las montañas más altas del mundo

“Tengo la suerte de haber pasado pocos momentos complicados, porque sabemos que los riesgos existen pero hay que tratar de atenuarlos”, dijo Daniel González.

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Por Redacción Grupo La Verdad

Daniel González es juninense, productor de seguros y deportista. Ha alcanzado las cimas de los picos más altos en América, Europa, Asia y África. Desde que comenzó con esta pasión, allá por 1999, hizo 39 cumbres y tiene 15 ascensos frustrados. La última escalada fue en abril de este año, a 20 años de aquella primera experiencia.
En una cálida charla, González contó que “los seres humanos debemos tener pasiones escondidas, que a veces la vida te da la oportunidad de que se despierten. Esto me sucedió a mí. Estaba mirando un programa donde dos periodistas habían sido enviados al Aconcagua sin experiencia. Yo tenía el concepto erróneo de que a una montaña sólo se subía escalando con una piqueta y colgando y descubrí que no, que había una ruta normal para subir caminando. Eso me impactó y me decidí a hacerlo. Seis meses después iba camino a Mendoza. Para poder subir hasta la cumbre, hubo gente que me sugirió algo de entrenamiento y aproveché a subir al Uritorco, que son unos 1000 metros. Me fue fácil y subestimé el Aconcagua, ya que nunca analicé el problema de la altura, porque a partir de los 3000 metros se empieza a sentir”.
“Unos meses antes igual fui a entrenar a un cerro en Mendoza, con un guía propio. A los 3000 metros ya me había pasado de todo: somnolencia, dolor de cabeza, descompostura. Eso me frustró y me hizo dar cuenta que la cosa no era tan simple. Cuando salí luego para Aconcagua, sabía que quería vivir la experiencia, no llegar a la cumbre, si llegaba a los 5000 metros me conformaba. Pero llegamos a los 6200 y me costó mucho bajar. Cuando regreso de esa primera expedición pasó un hecho lamentable y fue la muerte de Claudia Colo, que era mi secretaria y me sentí muy culpable por no haber estado. Juré que nunca más lo haría pero dos años después me propuse llegar a la cumbre y, en 2002, lo logré”, relató.

La experiencia
Esas experiencias fueron el puntapié inicial. Con sus “amigos de la montaña” siguieron planificando nuevas expediciones que lo llevarían a recorrer recónditos lugares en el mundo.
“Se vinieron otros desafíos y así nace la idea del Kilimanjaro, en África, donde logramos hacer cumbre. De ahí vino el viaje al Himalaya, un viaje de 23 días, donde llegamos hasta la base del Everest. Tengo la suerte de haber pasado pocos momentos complicados, porque sabemos que los riesgos existen pero hay que tratar de atenuarlos. Hay que ir siempre con guías, porque saben todo. En Lanín, que fui con un baqueano porque el guía no pudo, no bajamos encordados y me deslicé en la nieve. Pude detenerme con la piqueta y fue un gran susto. Y otra vez, se desató un tormentón y corrés el riesgo de perderte. Y el otro momento feo fue una caída de 150 metros en Rusia, cuando fuimos al Monte Elbrús”, explicó.
Dio detalles de cómo manejarse en las montañas más peligrosas, y recomienda siempre “ir encordados, para ir más seguro. Me han tocado situaciones complejas y el año pasado en el Mont Blanc fue muy complejo”.

Los logros y frustraciones
Hizo 39 cumbres, la meta de todos los montañistas. Pero también tiene 15 ascensos frustrados. Y habla de objetivos cumplidos.
“Aunque la cumbre es cuando llego a mi casa”, destacó. “El guía se da cuenta de todo y si te dice que no seguís, es así. Porque uno sube pero después hay que bajar. De hecho, uno ve los muertos en el Everest y allí quedarán. Aconcagua también tiene muertos en algunas paredes porque es imposible bajarlos, ya que los helicópteros no pueden subir más de 5000 metros. El ascenso más complejo fue el Island Peak, de 6.200 metros, en el Himalaya, porque me resultó muy técnica. Pero recuerdo un día en Bolivia, salimos a caminar, y nos llevó por un sendero muy estrecho donde había un gran vacío hacia el otro lado, eso me dio mucho miedo”, recordó.
En cuanto a los ascensos que se frustraron, recalcó que “fue por sentirme cansado, por el mal tiempo, por no llegar con los horarios. En cuanto a los objetivos cumplidos, no son cumbres, pero hacerlo fue algo muy bueno, como caminar ocho días por los hielos continentales, que es la tercer reserva de agua dulce, luego de los dos polos”.

Expectativas
Cuando Daniel González comenzó con esta “locura”, lo hizo solo. Ahora lo acompaña un grupo de 20 personas, de todo el país.
“Nos hemos ido conociendo a través del tiempo y la única vez que pudimos salir todos juntos fuimos al Condoriri a Bolivia. Ahora nos espera una aventura con un amigo en el Denali, en Alaska, a 500 kilómetros del Polo Norte, y hay que estar 15 días arriba del hielo, con -50 grados. Estoy dudando, pero no creo que llegue a la cumbre, lo veo muy complejo”, finalizó.

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