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Indolentes

Por Héctor Azil (*)

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Confieso que ante las medidas económicas y sociales que fue tomando el gobierno de Cambiemos, solía tratar a sus funcionarios de insensibles. En cierta manera justificaba esas actitudes de aparente desidia y desinterés en que personas criadas en hogares ricos, educadas en colegios exclusivos y rodeadas toda su vida de negocios, glamour y riqueza, al no haber tenido contacto con la realidad de millones de argentinos no podían hacer empatía con sus dolores y miserias. Siendo claro, a mi entender y en criollo: “vivían en un tarro de bolitas”.

Hace unos días un amigo, pastor él, utilizó un adjetivo más acertado para calificar a estos funcionarios, me dijo “son indolentes”; no les afecta el dolor ajeno. Le dije que a partir de ese momento iba a adoptar ese término.

Cómo calificar si no los dichos de la Diputada Carrió, sostén de un gobierno que prometió pobreza cero, y que ahora le indica a las clases medias y altas, con el mismo tono mesiánico que supongo debe haber utilizado Moisés al bajar del monte Sinaí portando las tablillas con los diez mandamientos dictados por Dios, que el camino hacia esa utopía es que dé propinas y changas; en vez de generar empleo y facilitar trabajo.

O la gobernadora Vidal, que en una conferencia en el Rotary señaló en tono cómplice con un “todos sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la Universidad”, dando por tierra toda posibilidad de ascenso social; para el rico la riqueza, para el pobre la pobreza. O el ministro de trabajo Jorge Triaca, despidiendo con insultos a su personal doméstico no declarado, que además había puesto al frente de la delegación de un sindicato intervenido por su propio ministerio. O la vicepresidenta Gabriela Michetti que dice estar en contra del aborto “aun en caso de violación” porque pueden tener el bebé y darlo en adopción. O la sensibilidad social de la primera dama Juliana Awada, que junta de sus fábricas (famosas por haber tenido personal extranjero e indocumentado sin declarar) los retazos que no le sirven y los regala; extraña forma de distribución de la riqueza. O el tridente Ocaña-Bulrich-Gonzalez, con Vidal a la cabeza, financiando su campaña con aportes truchos de más de quinientos pobres que tienen planes sociales.

Sobran los ejemplos y la lista sería interminable. Es indolente un gobierno que le pide todos los días el esfuerzo y sacrificio a los que menos tienen; rebaja jubilaciones, disminuye salarios y genera despidos masivos en el estado y la actividad privada. Ya no solamente hace inaccesible el pago de la luz y el gas; está poniendo cada vez más lejos del pueblo el pan, el plato de comida y el vaso de leche; mientras en su gabinete y amigos del poder continúa el festival de cuentas offshore, la fuga de capitales, los depósitos fuera del país y los negocios financieros con Lebacs y dólar sin control.

(*) Secretario General ATSA Junín.

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