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Incertidumbres con la campaña de trigo

La preocupación por lo que podría pasar en el mundo a causa de la pandemia mundial, la falta de precipitaciones, las versiones de cambios en las retenciones y la elevada presión impositiva plantea muchas incertidumbres sobre la próxima campaña de granos finos. Junín perdería 10000 hectáreas.

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Por: JOSÉ LUIS AMADO -PERIODISTA AGROPECUARIO-

De cara a la próxima siembra de trigo, la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario planteó un escenario de elevada incertidumbre. Esto tendría que ver con el temor a la falta de precipitaciones y la preocupación en el mundo agropecuario porque los cereales serían alcanzados por una mayor presión tributaria, en medio de versiones sobre nuevos cambios en las retenciones a las exportaciones.

Distintos profesionales agrónomos y especialistas en mercados que trabajan en la zona núcleo, aseguran que con este panorama la siembra de trigo podría caer en esta región entre un 10 y un 50% en los casos más extremos. También confirman que habrá un menor uso de tecnología por parte de los productores.

Cabe destacar que, en la campaña anterior, la siembra en la zona núcleo fue de 1.750.000 hectáreas, y aportó casi 7 de las 19.500.000 toneladas de cosecha total del cereal.

“La carga de agua que tengan los perfiles a la hora de decidir las siembras será fundamental. Respecto al escenario Niña, el enfriamiento en el Pacífico es muy leve y hasta ahora los indicadores muestran que el escenario de falta de agua incidiría recién en diciembre”, expresaron desde la Bolsa de Comercio de Rosario.

En Junín
Una de las particularidades de muchos productores juninenses es su apego al cultivo de trigo. Una particularidad muy distintiva y que quizás tenga que ver con la existencia histórica de dos molinos harineros en esta ciudad.

Datos duros del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación indican que la peor campaña del partido de Junín de las últimas diez fue la del 2014/2015, cuando solo se sembraron 16.000 hectáreas y se cosecharon 62.400 toneladas de trigo a un rinde promedio de 3.900 kgr/ha. Esta campaña local fue la peor de los últimos 40 años.

También indica el ministerio que la mejor campaña triguera juninense de las ultimas diez es la 2018/2019. Cuando los productores locales sembraron unas 31.000 hectáreas y cosecharon 148.800 toneladas a un rinde promedio de 4.800 kgr/ha. Es de destacar que aún no están publicados los datos de la última cosecha, aunque es de suponer que fue similar a la 2019.

En síntesis, se podría presuponer que de caer un 30% promedio la intención de siembra de trigo en la próxima campaña, conllevaría a que el partido de Junín perdería aproximadamente unas 10.000 hectáreas de producción triguera respecto a 2019.

El papel de los impuestos

Es cada vez más alto el impacto de los impuestos en el negocio agrícola. De cara a la próxima campaña 2020/2021, la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta para la zona núcleo, que el Estado se quedaría casi con el 40% del valor bruto de la exportación de cada hectárea de trigo/soja, ya sea en campo alquilado o propio.

El trabajo elaborado por Sofía Corina y Julio Calzada, economistas de la entidad rosarina, analizó los posibles márgenes brutos y netos que podrían surgir del cultivo combinado con trigo y soja de segunda en la zona núcleo, a partir de lo que un productor está proyectando en cultivar 100 hectáreas a 150 kilómetros de distancia de los puestos, y/o fábricas del Gran Rosario, y que podría llegar a obtener un rendimiento de aproximadamente 40 quintales por hectárea en soja y de 30 quintales por hectárea en trigo.

A partir de esto, el relevamiento sostiene: “El peso de los impuestos en campo propio es alto. Si valuamos la producción que generaría ese campo de 100 hectáreas de la zona núcleo utilizando el precio FOB de exportación del trigo y la soja, cada hectárea generaría cerca de 1.762 dólares de divisas genuinas. A nivel tributario, ese campo pagaría 419 dólares en concepto de retenciones y un total de 658 dólares por hectárea computando todos los tributos, ya sea retenciones, Impuesto a las ganancias, bienes personales, inmobiliario rural, etc”.

Y agrega: “De esta forma lo pagado en diversos tributos representa el 37% del valor bruto de exportación que genera ese campo, una cifra elevada. Todo esto sin contar el resto de los impuestos que paga indirectamente el productor por la compra de insumos, contratación de servicios, etc. No se computan además los tributos que pagan el resto de los actores de la cadena: contratistas, vendedores de insumos, corredores, acopiadores, etc».

Por otro lado, el relevamiento comparó los 284 dólares por hectárea que obtiene un productor en campo propio como margen neto contra los 658 dólares por hectárea que ese campo paga por tasas, impuestos y contribuciones, donde queda claramente demostrado la elevada presión impositiva que debe hacer frente el productor. Además, fue determinante el aumento de bienes personales a partir de los cambios normativos que se instrumentaron en diciembre pasado, y que se transformó en un costo para el productor de 57 dólares por hectárea.

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