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Historias locales: José Fernández, el mozo de la Ribas

Desde 1990 hasta el cierre, allá por 2006, sorteaba las mesas del local con las de muzza y anchoa sobre la bandeja. Fue testigo de otro Junín, del de antaño, aquel que mirado a la distancia, siempre parece haber sido mejor.

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Por Redacción Grupo La Verdad

La historia de la pizzería Ribas comienza en 1938 cuando en Roque Sáenz Peña, entre Alem y España, los hermanos Bartolomé y Agustín Ribas, junto a un primo, fundan la pizzería «Las Baleares», en homenaje al lugar de donde eran oriundos, Ibiza.
Luego, se trasladaron a Sáenz Peña al 240 y, en ese momento, se encontraba al frente Bartolomé Ribas quien había formado una sociedad con Trobiano y Ribería. De 1939 a 1945 se llamó «El viejo rey de la pizza» y, en 1945, la pizzería se trasladó a Roque S. Peña 207, donde permaneció hasta 1970. Posteriormente se hizo cargo José Agustín Ribas y se trasladó a Arias 69. Cerró sus puertas allá por 2005, y en el lugar funcionan ahora algunas oficinas municipales.

Historia de vida

José Fernández tiene 82 años, es jubilado gastronómico y estuvo en la pizzería Ribas durante 16 años, hasta el día en que fue a trabajar y se encontró con las puertas cerradas. Había un cartel pegado que decía “Cerrado por vacaciones”. Además, fue el sustituto de Marcial, ya que entró en su lugar luego de que se jubilara. Como dato curioso, trabajaba en la Ribas y no le gustaba la pizza, algo imposible de comprender.
Contó a La Verdad que “entré a la Ribas en el 90, por Marcial, y trabajé en el salón junto al Negro Melli y al Chiche Simonetti. Cortaba José Coppola y, cuando se jubiló, fue reemplazado por Luis Turano. Amasaban Oscar Carnillo y José Oporto y lavaban copas el Lechu Laius y Mario Cepeda, quien falleció en un accidente. En la registradora, por supuesto, estaba José Ribas. Estuve hasta el 5 de junio de 2006, si la memoria no me falla. A las 18, llegábamos para armar todo el salón y la pizza ya estaba amasada. Un domingo a la noche salimos de trabajar y cuando al día siguiente volví, con el uniforme limpio, había un letrero que decía “cerrado por vacaciones”. Nunca supe que pasó realmente, pero tengo que decir que José como patrón, fue 10 puntos”.
Todo aquel que se precie de ser juninense, sabe que fue una pizzería emblemática y competía con otra que aún funciona, ubicada frente a la plaza de Villa, la Tomino.
“Venía gente a pescar y se acercaban a la pizzería porque decían que era la pizza más rica de anchoas que habían comido. Cuando vinieron al San Carlos Sandro y el Chaqueño Palavecino, me acuerdo que trabajamos un montón, la gente salía del show y se iba para la pizzería. Era un lugar muy familiar, todo aquel que iba se sentía muy cómodo. Recuerdo siempre a algunos clientes fijos como Hugo Ratto, Raúl Mango, el Pelado Artero, y se comían más de una pizza, y también siempre iba Tito Biurrum con la señora. Nos dejaban comer tranquilos una vez que cerrábamos, pero a mí no me gusta la pizza, así que me venía a casa y cenaba con mi señora, quien ya falleció”.

De profesión, gastronómico

José es jubilado gastronómico, porque es la actividad que desarrolló toda su vida.
Rememorando el camino recorrido, manifestó que “comencé trabajando en Crocci, que hacía mosaico en calle Formosa. De ahí, ya hacía la tarea de mozo y empecé con Aguilera en el Hotel Central. Vine a dar a Lemuar, en Avenida San Martín; de ahí a Grand Prix, Mon Café en calle Arias, a lo de Godoy en la Rural, La Salida con tres patrones distintos, El Sauce, El Álamo y allí fue el Negro Melli quien me fue a buscar porque Marcial se jubilaba. Ahí me vine, luego de haber recorrido mucho”.

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