Hacer efectivo el buen trato con los Adultos Mayores - La Verdad Online de Junín, Buenos Aires, Argentina
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Hacer efectivo el buen trato con los Adultos Mayores

Por Cecilia Herón (*)

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El 15 de junio es la fecha elegida por Naciones Unidas como Día Internacional de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, esta efeméride ha sido instituida para que a nivel mundial pronunciemos nuestro repudio a los abusos y sufrimientos infligidos a nuestros mayores. La ONU señala que, a pesar de que es un tema tabú, el maltrato de las personas mayores ha comenzado a ganar una mayor visibilidad como problema en todo el mundo. Aun así, sigue siendo uno de los tipos de violencia menos tratados en los estudios que se llevan a cabo a nivel nacional y menos abordado en los planes de acción contra la violencia.

Como lo manifiesta el referido organismo, “…el maltrato de las personas mayores es un problema social mundial que afecta a la salud y los derechos humanos de millones de personas mayores en todo el mundo y es, por tanto, un problema que requiere la atención debida por parte de la comunidad internacional…”.

En los años que estuve a cargo de la Dirección de Tercera Edad y Discapacidad, me tocó intervenir en distintos casos que estaban todos atravesados por esta problemática, entre ellos recuerdo uno a raíz de un oficio judicial que recepcioné en el que la magistrada ordenaba la injerencia del área. Se trataba de una Sra. que según sus vecinos deambulaba en el barrio pidiendo comida, estos vecinos fueron los denunciantes, que motivados por su preocupación y el estado de la Sra., iniciaron las acciones correspondientes ante el juzgado de familia. Encontrándonos en el domicilio, una Asistente Social y quien les habla, pudimos advertir que la sra había sido desplazada a un cuarto externo a su vivienda y que su inmueble se encontraba habitado por un familiar y su quinta por otro. Como podrán imaginar este cuarto al que fue confinada no reunía las condiciones de higiene ni las habitacionales para hacer de ese cuarto un hogar, por supuesto que la Sra. tampoco contaba con aseo ni la alimentaban adecuada, digo esto ya que la Sra. no se encontraba en condiciones de hacerlo por ella misma, sin embargo una de estas personas era su apoderada y cobraba en su nombre su jubilación y pensión. Tanto la Asistente Social como yo hicimos lo necesario para que la Sra. volviera hacer uso de su vivienda y que contara con la prestación de un auxiliar domiciliario (no puedo dejar de mencionar la relevancia de contar con este tipo de recurso humano) quien colaboraría en lo sucesivo en su cuidado así como en el desarrollo de algunas actividades de su vida diaria.

Ya he dado mi opinión en otros artículos respecto al monto irrisorio que perciben las personas en su haber previsional y más aún en lo atinente a la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) o el caso de las pensiones sociales. Resulta obvio, que ese dinero es insuficiente para cubrir las necesidades, bueno aunque les cueste creerlo muchas personas que tienen la figura de apoderados hacen un uso indebido de estas, lo que claramente es una injusticia porque utilizando parte de ese haber deja a la persona mayor con menos oportunidades aún, comprometiendo seriamente su situación económica, este tipo de abuso opera a través de la manipulación, mecanismos psicológicos de control, cambio de rol que se le impone a la persona mayor de manera directa, según algunos expertos.

Como sabemos el maltrato se desarrolla en diferentes ámbitos: familiar, social, institucional, adquiriendo formas específicas de acuerdo al contexto en que se manifieste. Muchas de las denuncias que recibí estaban vinculadas al trato recibido en Hogares Residenciales para personas mayores, de esta labor puede dar fe la Sra. Graciela Barco y su equipo de inspectores a quienes les estoy profundamente agradecida. Por ejemplo, recuerdo que concurrimos a un establecimiento a raíz de una oficio pero esta vez proveniente del Juzgado de Faltas por el cual se indicaba que asistiéramos al mismo a fin de evaluar las condiciones en las que se hallaban las personas que allí residían, el lugar no solo que no contaba con la habilitación necesaria sino que además los residentes no recibían el trato apropiado, ni la alimentación necesaria, el establecimiento por llamarlo así era realmente un “depósito de viejos” y disculpen que use esta terminología pero sé que al emplearla les daré a uds. una idea acabada del lugar y de las condiciones que atravesaban a diario las personas. Una de las satisfacciones que me dio el haberme desempeñado como Directora de Tercera Edad y Discapacidad fue la de haber coadyuvado junto con la Dirección Inspección y el Juzgado de Faltas -a cargo de la Dra. Nora Serafino- a cerrar este lugar.

Acaso estas y otras tantas situaciones que sería incapaz de enumerar no son suficientes para que intentemos generar como ya he reiterado una Sociedad amigable para los Adultos Mayores, una Sociedad cuyos componentes los cuide, los respete, los trate con dignidad. No podemos estar ajenos, ni dejar de involucrarnos, en cuestiones como las referidas. Las personas mayores merecen vivir en un entorno protector, se trate este de su hogar o de un hogar colectivo, donde reciban afectividad y buen trato, así como no es aceptable en niños y mujeres, tampoco podemos como Sociedad tolerar que a las personas mayores no se les dispense protección.

En mi opinión, en realidad es nuestro contexto socioeconómico y una seria de circunstancias bio-sico-sociales las que hará que este sector poblacional vivencie de manera positiva esta etapa o al contrario que este marcada por el desamparo, la pobreza, o el desamor.

Si bien hemos avanzado como Sociedad en el reconocimiento de los derechos de las personas adultas mayores, es necesario generar condiciones que consoliden esos derechos así como también se generen condiciones de igualdad real y es por ello que creo necesario que en una fecha tan importante como esta podamos sensibilizar, visibilizar y hacer frente a los obstáculos creados socialmente. Como muchos sabrán entre los Principios a favor de las Personas de Edad, se haya el de Dignidad, según el cual las personas mayores deben: poder vivir con dignidad y seguridad y verse libres de explotaciones y malos tratos físicos o mentales, recibir un trato digno, independientemente de la edad, sexo, raza o procedencia étnica, discapacidad u otras condiciones, y han de ser valoradas independientemente de su contribución económica.

Es cierto que ha habido logros en pos de la igualdad pero debemos posibilitarles que sigan cumpliendo algún rol social de sentirse útil respecto a algo o alguien, es lo que le permite a la persona garantizar su propia autoestima y en consecuencia su bienestar psíquico. La participación en nuevas actividades les brinda la posibilidad de atenuar el sentimiento de exclusión y de marginación social, muchas veces producto de actitudes viejistas y de los tabúes estéticos en nuestra sociedad, los que claramente tienen una sustantiva y multidimensional incidencia ya que la vejez es una característica subjetiva (la imagen de uno en el espejo personal, las actitudes de los otros, etc.). No cabe duda que aún se desestima en ocasiones la contribución social y económica de las personas mayores, así como las funciones que desempeñan en la familia y en la propia comunidad, quizá porque muchos de aportes no se pueden medir en términos económicos, como los cuidados que prestan a sus nietos, el mantenimiento de su propio hogar, las actividades voluntarias en la comunidad, etc.

Si bien es cierto que la gran mayoría de la personas mayores son independientes y autónomos y llevan una vida plena de actividades, propósitos y estímulos, no es menos cierto que en nuestra ciudad muchos de ellos están atravesando necesidades económicas pero también algunas vinculadas a la carencia afectiva.

No debemos segregar a las personas mayores, es por ello imperioso que la Sociedad tenga una actitudes más propositiva hacia ellos, para ello resulta necesario que podemos modificar positivamente el imaginario social así como nuestras acciones.

Cuando se utiliza la palabra viejo, las personas reaccionan pensando que se está empleando de modo peyorativo, esto indudablemente está asociado al imaginario colectivo y al trato efectivo que reciben muchas personas a diario, incluso a como se sienten muchos de ellos, continua subyaciendo la idea de que “viejos” no cumplen una función social, cosa que no es asi puesto son transmisores de valores, cumplen como he dicho en reiteradas veces un rol familiar importante el de “abuelo”, brindado protección, afecto, incluso desarrollando un papel educador también.
El Estado y cada uno de nosotros debemos propender a que las circunstancias particulares de las personas sean más favorables. Como dicen un viejo amigo, espero haber tocar con estas palabras los sentimientos más íntimos de cada uno de ustedes así como también espero ser útil con estas palabras a todos aquellos que trabajan con personas mayores.

(*) Lic en Ciencia Política (UBA). Especialista en Vejez

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