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Fundación y desarrollo de la Compañía de Jesús

Padre Víctor Roncati. – Ignacio y sus compañeros suben a la colina de Montmartre, en París; antes de llegar a la cumbre se encuentra la capilla del Martyrium, aislada en medio de la campiña.

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El 15 de agosto de 1534.
Ignacio y sus compañeros suben a la colina de Montmartre, en París; antes de llegar a la cumbre se encuentra la capilla del Martyrium, aislada en medio de la campiña… del grupo, Pedro Fabro (el único sacerdote) celebra la misa de la Asunción de María, y es allí donde cada uno hace los votos de castidad, de pobreza evangélica y de marchar a Jerusalén… al ponerse el sol, bajan de nuevo a Paris “alabando y bendiciendo a Dios”.
Todos los compañeros del grupo fueron haciendo los ejercicios espirituales que proponía Ignacio, tuvieron la misma experiencia: “La vocación y la elección de Cristo; la fascinación de la pobreza y la renuncia a los honores para estar con Cristo pobre y humilde; el discernimiento de las consolaciones espirituales, que conduce a la decisión de seguir a Cristo en un determinado estado de vida: y por último la dedicación al trabajo apostólico, no concebido como un deber, sino inspirado por un espíritu de agradecimiento que mueve a retornar a Dios las gracias recibidas…”.
Entonces trataron de prever lo que habrían de hacer juntos, ya habían elegido ser sacerdotes y vivirían en la pobreza, al servicio de los hombres. Pero ¿Dónde? Si era posible en Jerusalén, sino se ofrecerían al Papa “para que los emplease en lo que juzgase ser de más gloria de Dios y servicio de las almas”.
En el año 1538, Ignacio, acompañado por alguno de sus compañeros llega al término de su viaje, que no es Jerusalén, con la que tanto ha soñado hasta el último momento, sino Roma.
Antes de llegar a la ciudad se detienen en una capilla a rezar, y es allí en donde recibe el mensaje de Dios de estar en Roma.
Allí se quedara para mantener en la unidad y en la cohesión a aquel cuerpo que va a comenzar a crecer.
Al amanecer del día 31 de julio de 1556, muere Ignacio.
“Mil compañeros, esparcidos por todo el mundo, irán poco a poco conociendo la noticia… sabiendo que se moría, no quiso llamarlos para darles la bendición, ni nombrar sucesor, ni cerrar las Constituciones…sino que, como él se sentía tan poca cosa sólo quería que la Compañía de Jesús ponga en Dios su plena confianza”.

Universidad Siglo 21

Roma, siempre Roma
Para mí es una de las ciudades que más me llena el corazón y empapa mis sentidos, ya que es hermosa.
Tuve la oportunidad de ir un par de veces, algunas para trabajar desde mi acción sacerdotal, y siempre crece mi admiración.
Hace dos años fue la última vez y volví a visitar los lugares turísticos y religiosos, y detenerme e introducirme más en el “Espíritu” de las cosas, no solo paseos y sacar fotos, sino sobre todo tratar de descubrir la grandeza de las mentes y del corazón de aquellos hombres que fueron capaces de realizar semejantes obras, y muchos de ellos provocar un movimiento de masas impresionantes.
Así es como caí en la “Iglesia del Gesú” (en italiano: “Chiesa del Sacro Nome de Gesú) que está situada en la Plaza del Gesú; su fachada es realmente impresionante es de un estilo barroco. Y en la ciudad es conocida como la Iglesia de los Jesuitas, y es modelo de innumerables iglesias Jesuíticas en todo el mundo, especialmente en el continente americano.
Entre dispuesto a estar un largo rato, en mi reloj no había apuros, para ver las obras de arte, pero sobre todo para rezar un poco, y calmar mi espíritu (y mi interior) a veces muy intrépido, frente a la presencia de Jesús; porque solo frente a Él mi corazón logra estar en paz.
Es en la “Cappella di San Ignazio” (una obra de arte magistral) donde descansa los restos de Iñigo; hacia allí me dirigí, me arrodille un rato, como para ir desgranando algunas oraciones… y me senté contemplando la colosal estatua del Santo (que es una obra de Pierre Legros el Joven), y comenzó a caminar por mi imaginación los largos ratos compartidos y todas las enseñanzas dejadas por el gran Ignacio, y así fue pasando el tiempo y no recuerdo si estuve “una hora o 500 años” (parafraseando el Salmo 89).
Trate de poner foco en el centro del mensaje del santo y reconozco que el tema del discernimiento es fundamental.
Dice: “en el interior del hombre hay un buen espíritu y un mal espíritu”. Discernir es poder elegir entre ellos, el hombre es libre por su naturaleza y puede optar qué camino tomar; y esa elección lleva a un compromiso de vida.
Ignacio dice, con su experiencia, que cuando elige el Buen espíritu y obra en consecuencia, después se siente muy bien, está tranquilo y sereno, alegre y lleno de paz, descubre que su vida está en perfecta armonía.
En cambio cuando elige el mal espíritu, hay una satisfacción inmediata muy bella, pero después se queda muy inquieto, muy triste, turbado y rodeado de pensamientos muy negativos.
Y esto me hacía pensar, si voy creciendo en mi “cercanía con Dios”; a pesar de los problemas, limitaciones y de los inconvenientes que todos tenemos.
¿En que se me está yendo la Vida? ¿Qué hago por mí? ¿Qué quiero hacer?
Sumergidos en estos pensamientos existenciales estoy, cuando de pronto escucho: “Senori, Señori… estamos por cerrar la Chiesa”; me asuste, ¡si, si, gracias, ya salgo!
Y caminando lentamente, como para terminar de saborear el momento, enfilo hacia la puerta de entrada. Bajo los escalones del atrio hasta la plaza de enfrente, y veo allí un cartel turístico que señala para la derecha: “La Iglesia de San Pedro y el Vaticano”, y otro que dice: para la izquierda: “Fontana di Trevi”.
Era una noche de verano, estaba muy lindo, como para seguir paseando un rato más; el Vaticano me atraía la idea de seguir en ese “clima espiritual”; la Fuente, donde suele juntarse mucha gente joven, y es tan bello el lugar, para comer alguna que otra porción de pizza por algunas de esas tabernas que están por el lugar.
Me vuelvo para mirar nuevamente la “Chiesa de Gesú” y saludar a San Ignacio; y después me voy caminando lentamente y silbando una canción.
Lara, lara, lara…

Que Dios los bendiga.
Padre Víctor Roncati.
Parroquia San Ignacio de Loyola

Haciendo Obras 2

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