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Opinión

Frenar precios retrasando el dólar, el plan Guzmán

En un complejo escenario económico, en el que la proyección de una inflación anual por debajo del 30% parece una utopía, el ministro buscará generar atraso cambiario para reducir expectativas inflacionarias.

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ESCRIBE JOSE CALERO (*)

Lograr que la inflación se ubique este año por debajo del 30% ya se transformó en una promesa difícil de cumplir, tras las fuertes subas de precios en los últimos meses y el camión de plata que el Banco Central deberá emitir para financiar el déficit este año.

Ese es el pronóstico en el que coinciden casi todos los analistas de mercado que hacen economía profesional y no están ligados políticamente al Gobierno.

El mismo diagnóstico tiene el sector empresarial, que está elaborando presupuestos anuales con un costo de vida más ubicado por encima del 40%, y descree que el peso se vaya a devaluar apenas 25% como dijo el jefe del Palacio de Hacienda.

Sí le quedó claro al mercado que Martín Guzmán ha elegido recorrer un camino similar al de muchos antecesores: generar atraso cambiario para reducir expectativas inflacionarias.

Que los principales agentes económicos tengan poca fe en las proyecciones del ministro genera un problema de base para la ejecución de cualquier intento de política contra la inflación. Guzmán y su promesa de «economía tranquila» para este año dejan la impresión de que el voluntarismo ha vuelto a instalarse en el Palacio de Hacienda.

La Argentina viene soportando desde hace años déficits fiscales crónicos combinados con recesión, que la pandemia no ha hecho más que profundizar.

En el mundo ocurrió algo similar, pero las principales economías lo financian con endeudamiento a tasas bajas.

La Argentina carece de esa posibilidad y por ello debió a apelar a la emisión monetaria.

El BCRA deberá emitir este año unos $1,4 billones para auxiliar al Tesoro, lo cual representará una suba del 60% de la Base Monetaria durante 2021.

Las letras de liquidez, defenestradas durante la campaña electoral por Alberto Fernández, no solo seguirán gozando de buena salud, sino que continuarán subiendo durante su segundo año de Gobierno, provocando un descomunal gasto en intereses para los contribuyentes argentinos.

No es el único gasto que crece y debilita el patrimonio del Banco Central: se estima que bajar la brecha cambiaria ya provocó un costo de u$s 700 millones a la autoridad monetaria.

También hay costos para la ANSES -que debería defender la plata de los jubilados-, que viene colocando bonos en el mercado para ayudar al equipo económico a sostener esa brecha.

El pago del impuesto a la riqueza que alcanzaría a un número aún impreciso de contribuyentes (unos 20.000 según las estimaciones) está contribuyendo a acercarle dólares al Banco Central y a tranquilizar al mercado.

Los contribuyentes alcanzados por el gravamen a los más ricos deberían desembolsar a fines de marzo unos $420.000 millones y para esto estarían desarmando posiciones en dólares.

Un mecanismo de financiamiento para el pago de ese impuesto sería vender dólares aumentando de esa forma la oferta de divisas y presionando a la baja del precio.

El dólar contado con liquidación CCL mostró una baja del 4,8% en lo que va de febrero.

La intención de retrasar el tipo de cambio, al menos hasta las legislativas de octubre o noviembre, generaron en el mercado la idea de una mini primavera cambiaria.

Esa sensación se consolida con los fuertes ingresos de divisas esperados a partir de mediados de marzo, por la combinación de mejora en la cosecha a partir de las lluvias y los excelentes precios internacionales para los commodities.

Analistas de mercado creen que el FMI finalmente aumentará la asistencia a los países miembros para financiar la pandemia y que la Argentina podría recibir asistencia por unos US$3.500 millones, para robustecer reservas.

Esa ayuda extra, sumada a los muy buenos precios de la soja por encima de los US$500, le permitirían al Gobierno mantener a raya el frente cambiario.

Mientras el año empieza a perfilarse, surgió en los últimos días la novedad de que la Argentina podría destinar parte de las reservas en yuanes a importar vacunas desde China.

Eso permitiría acelerar las demoras en el esquema de vacunación, agravadas por el escándalo del «vacunatorio VIP» que le costó el puesto al ministro de Salud.

Expertos estiman que la Argentina podría destinar más de US$15.000 millones equivalentes en yuanes para ese propósito sanitario estratégico.

La duda es si el sistema de salud chino está en condiciones de proveer semejante volumen de vacunas en momentos en que lucha por inmunizar a parte de su enorme población, la mayor del planeta.

Todo mientras se consolida la perspectiva de que el acuerdo con el FMI recién se alcanzaría luego de las elecciones, casi sobre fin de año.

Tanto la Argentina como el Fondo Monetario han dicho que no existe apuro en arribar a ese acuerdo que permitiría refinanciar unos US$45.000 millones tomados por el Gobierno anterior.

Reactivar antes de llegue la segunda ola de la pandemia es el objetivo principal en el que se enfocará el Gobierno.

Y para eso hace falta revivir el escuálido ritmo de vacunación, que hasta ahora marcha con demasiada lentitud.

(^) AGENCIA NOTICIAS ARGENTINAS

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