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Francisco exhortó a sembrar la paz  a golpe de proximidad, de vecindad

El papa Francisco presidió hoy una misa multitudinaria en el Parque O’Higgins, de Santiago

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El papa Francisco presidió hoy una misa multitudinaria en el Parque O’Higgins, de Santiago, donde animó a los chilenos a reconstruirse una vez más, y los exhortó a “¡sembrar la paz a golpe de proximidad, de vecindad! A golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra. Esta es la única manera que tenemos de tejer un futuro de paz, de volver a hilar una realidad que se puede deshilachar”. 

 

 

 

El papa Francisco presidió hoy una misa multitudinaria en el Parque O’Higgins, de Santiago, donde animó a los chilenos a reconstruirse una vez más, y los exhortó a sembrar la paz y la reconciliación. 

El pontífice centró su homilía en las bienaventuranzas, a las que consideró “el horizonte hacia el cual somos invitados y desafiados a caminar” y recordó: “Las bienaventuranzas no nacen de una actitud pasiva frente a la realidad, ni tampoco pueden nacer de un espectador que se vuelve un triste autor de estadísticas de lo que acontece”. 

“No nacen de los profetas de desventuras que se contentan con sembrar desilusión. Tampoco de espejismos que nos prometen la felicidad con un ‘clic’, en un abrir y cerrar de ojos”, agregó, y diferenció: “Por el contrario, las bienaventuranzas nacen del corazón compasivo de Jesús que se encuentra con el corazón de hombres y mujeres que quieren y anhelan una vida bendecida; de hombres y mujeres que saben de sufrimiento; que conocen el desconcierto y el dolor que se genera cuando ‘se te mueve el piso’ o ‘se inundan los sueños’ y el trabajo de toda una vida se viene abajo; pero más saben de tesón y de lucha para salir adelante; más saben de reconstrucción y de volver a empezar”. 

“¡Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar; cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes! ¡A ese corazón apela Jesús; para ese corazón son las bienaventuranzas!”, exclamó. 

Francisco afirmó que las bienaventuranzas no nacen de actitudes criticonas ni de la ‘palabrería barata’ de aquellos que creen saberlo todo pero no se quieren comprometer con nada ni con nadie, y terminan así bloqueando toda posibilidad de generar procesos de transformación y reconstrucción en nuestras comunidades, en nuestras vidas”. 

“Las bienaventuranzas nacen del corazón misericordioso que no se cansa de esperar. Y experimenta que la esperanza ‘es el nuevo día, la extirpación de una inmovilidad, el sacudimiento de una postración negativa’”, sostuvo citando a Pablo Neruda. 

El Santo Padre recordó que “Jesús, al proclamar las bienaventuranzas viene a sacudir esa postración negativa llamada resignación que nos hace creer que se puede vivir mejor si nos escapamos de los problemas, si huimos de los demás; si nos escondemos o encerramos en nuestras comodidades, si nos adormecemos en un consumismo tranquilizante”. 

“Esa resignación que nos lleva a aislarnos de todos, a dividirnos, separarnos; a hacernos los ciegos frente a la vida y al sufrimiento de los otros”, advirtió, e insistió: “Las bienaventuranzas son ese nuevo día para todos aquellos que siguen apostando al futuro, que siguen soñando, que siguen dejándose tocar e impulsar por el Espíritu de Dios”. 

Francisco afirmó que “frente a la resignación que como un murmullo grosero socava nuestros lazos vitales y nos divide, Jesús nos dice: bienaventurados los que se comprometen por la reconciliación. Felices aquellos que son capaces de ensuciarse las manos y trabajar para que otros vivan en paz. Felices aquellos que se esfuerzan por no sembrar división”. 

“De esta manera, la bienaventuranza nos hace artífices de paz; nos invita a comprometernos para que el espíritu de la reconciliación gane espacio entre nosotros. ¿Quieres dicha? ¿Quieres felicidad? Felices los que trabajan para que otros puedan tener una vida dichosa. ¿Quieres paz?, trabaja por la paz”, aseveró. 

El Papa evocó al cardenal Raúl Silva Henríquez, al que definió como “un gran pastor”, quien en su homilía del tedeum del 18 de septiembre de 1977 dijo: “‘Si quieres la paz, trabaja por la justicia’. Y si alguien nos pregunta: ‘¿qué es la justicia?’ o si acaso consiste solamente en ‘no robar’, le diremos que existe otra justicia: la que exige que cada hombre sea tratado como hombre’”. 

“¡Sembrar la paz a golpe de proximidad, de vecindad! A golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra. Esta es la única manera que tenemos de tejer un futuro de paz, de volver a hilar una realidad que se puede deshilachar”, subrayó. 

“El trabajador de la paz sabe que muchas veces es necesario vencer grandes o sutiles mezquindades y ambiciones, que nacen de pretender crecer y ‘darse un nombre’, de tener prestigio a costa de otros. El trabajador de la paz sabe que no alcanza con decir: no le hago mal a nadie, ya que como decía san Alberto Hurtado: ‘Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien’”. 

Por último, Francisco aseguró que “construir la paz es un proceso que nos convoca y estimula nuestra creatividad para gestar relaciones capaces de ver en mi vecino no a un extraño, a un desconocido, sino a un hijo de esta tierra”. 

“Encomendémonos a la Virgen Inmaculada que desde el Cerro San Cristóbal cuida y acompaña esta ciudad. Que ella nos ayude a vivir y a desear el espíritu de las bienaventuranzas; para que en todos los rincones de esta ciudad se escuche como un susurro: ‘Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios’”, concluyó.+ 

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