Desde los tres años, la juninense selló un vínculo inquebrantable con los caballos. A los 14, se mudó sola a Buenos Aires para profesionalizarse, hoy, con el título de Campeona Nacional y la experiencia de un mundial en China, proyecta su propio Haras en honor a su abuelo. «Es un deporte que va de a poco, pero estoy apasionada», confiesa en una charla íntima sobre el esfuerzo detrás de los obstáculos.
Hay pasiones que no tienen una explicación lógica, sino que se manifiestan como un mandato del destino, para Felicitas Mangas, esa conexión comenzó antes de que pudiera recordar con claridad. Mientras otras niñas pedían juguetes convencionales, ella solo tenía ojos para lo equino. Hoy, consolidada como una de las grandes promesas y realidades del salto nacional, la deportista local repasa una trayectoria marcada por la entrega, la soledad de la alta competencia a temprana edad y el amor incondicional por su compañero de pista, Armani.
Todo comenzó en Junín, mucho antes de los grandes concursos y las luces de las pistas internacionales: «Yo arranqué cuando tenía 3 años y medio, mi mamá siempre me decía que iba a comprar algo y yo siempre quería comprar algo que tenga que ver con los caballos. No sé cómo cómo arrancó ni nada, pero a los 3 y medio me subí, la obligué a mi mamá a que me llevé y no me bajé más», rememora Felicitas con una sonrisa que denota que aquella niña sigue presente en cada salto.
Lo que empezó como un juego o una curiosidad infantil, rápidamente se transformó en una carrera competitiva. La progresión fue natural pero veloz: «Creo que a los 5 habré empezado a concursar tipo salto, al principio era tipo caminata y todo eso, pero a los 5 arranqué y nunca más paré».
El talento de Felicitas pronto necesitó un escenario más grande. En 2015, un cambio de equipo y la llegada de una nueva yegua marcaron el punto de inflexión. «Se me dio la posibilidad de comprarme una yegua en Buenos Aires y empezar a montar ahí con un profesor a fines de 2015 conocí a mi profesor actual y me quedé con él».
Sin embargo, el gran sacrificio llegó tres años después. Con apenas 14 años, tomó la decisión que dividiría su vida: dejar la comodidad de Junín para instalarse en la Capital Federal. «Me fui a vivir cuando tenía 14 años para hacerlo más profesional a Buenos Aires, vivía sola con una amiga y ahí empecé a ir a los sudamericanos, a hacerlo un poco más profesional, básicamente, porque antes iba solo los fines de semana».
A pesar de lo que podría pensarse, la distancia y la responsabilidad prematura no fueron una carga para ella, sino el combustible de su pasión. «La verdad, a mí no me costó nada, yo vivía rodeada de caballos, me levantaba y montaba. Era todo el día así, así que no lo sufrí. Obviamente me perdí muchas cosas, me perdí cumpleaños, me perdí justo esas épocas que eran las fiestas de 15, me lo perdí todo, pero como estaba haciendo algo que me encantaba, era como que no lo sufrí nada, la verdad. Estaba apasionada por lo que hacía».
El camino al éxito no fue lineal, antes de tocar la gloria en el país, Felicitas tuvo el privilegio de representar a la Argentina en el otro lado del mundo. En 2017, la ciudad de Beijing fue testigo de su destreza en el Mundial de Children: «La experiencia del mundial fue buenísima, éramos los 20 mejores del mundo, conocí un montón de gente que hasta hoy en día tengo contacto, gente de Siria, de Brasil, de México, de Francia, fue increíble», relata sobre aquella travesía que compartió con su familia y su profesor, Hernán Raineri.
Pero había una espina que Felicitas necesitaba sacarse: el Campeonato Nacional. Durante años, el título se le escapaba por detalles, en el último suspiro de la competencia. «Para mí el nacional fue mi logro máximo que creo que es para todos, siempre me quedaba en la puerta, yo te juro era como que clasificaba, iba todo bien y el último día me pasaba algo y nunca podía llegar a ganarlo». Esa racha se rompió el año pasado, cuando finalmente pudo alzar la copa, un hito que describe como «todo lo que uno sueña».
En la equitación, el atleta no está solo, el vínculo con el animal es lo que determina el éxito o el fracaso. Actualmente, Felicitas compite con S y L Armani, de quien se declara «completamente enamorada». Sin embargo, su visión va más allá de la competencia actual; está construyendo su propio legado con el Haras «Un Ángel», nombrado así en honor a su abuelo.
«De a poco estoy haciendo mi haras con unas yeguas que yo competía antes, tiene el nombre de mi abuelo, en honor a él es», explica. Entre esas yeguas se encuentra la compañera con la que viajó al mundial de China y que hoy forma parte de su proyecto de cría.
Detrás de cada recorrido de salto, hay un trabajo minucioso que el público general desconoce. Felicitas detalla que la preparación de un caballo de alto rendimiento es comparable a la de cualquier deportista de élite. «Es un entrenamiento diario, saltan una vez por semana, los preparás para los concursos, tienen dentistas, yo le hago reiki, tienen fisio, son como cualquier atleta».
La complejidad reside en la sensibilidad del otro ser vivo: «No sabés cómo va a estar el día de la competencia, capaz un día está todo bien y se te lastimó en el box y tenés que llamar al veterinario y tenés 2 semanas al caballo parado, ahí te quedas sin competir, dependes mucho del bienestar del animal».
Uno de los momentos más difíciles de su carrera tuvo que ver precisamente con la salud de una de sus yeguas: «Una vez una yegua de la nada empezó a levantar fiebre, la tuvimos que internar y no sabíamos qué pasó, quedó como ciega, nos decían que capaz había que sacrificarla, después se recuperó, pero fue horrible esas dos semanas, fue lo que más me impactó en el deporte». Afortunadamente, el animal se recuperó, pero la experiencia marcó a fuego la fragilidad de este deporte.
Nada de esto hubiera sido posible sin el sostén de su círculo íntimo, Felicitas tuvo que cursar el colegio de forma online para cumplir con las exigencias de la equitación, una decisión respaldada plenamente por su entorno. «El apoyo de mi familia es total, siempre me super apoyaron, tanto en lo económico como en lo emocional, mis hermanos también aguantaron toda la movida».
Recientemente, el Círculo de Periodistas de Junín reconoció su labor, un gesto que Felicitas valora profundamente por la visibilidad que le da a la disciplina: «Este deporte es medio oculto, muy poca gente lo sabe, que te reconozcan por lo que vas logrando es algo re lindo, es como un abrazo saber que se valora todo el laburo que hiciste».
A pesar de haber alcanzado el Nacional y un Mundial, la ambición de Felicitas no se detiene: «Falta un montón todavía, este deporte es muy de a poco porque capaz estás allá arriba y un concurso te puede arruinar todo, es como muy egoísta».
Para este año, sus objetivos son claros: subir de categoría a Primera, aumentar la altura de los saltos con Armani y apuntar a un Nacional de 1,40 metros. Además, ya trabaja con sus propios potros del Haras «Un Ángel», proyectando el futuro de la equitación juninense.
Antes de cerrar, no olvida a quienes hacen posible que cada fin de semana el binomio brille en la pista: «Gracias a todo mi equipo, a mi profesor Hernán Raineri, a mi caballerizo que tiene impecable a mi caballo, y a mi familia, a mi abuelo y mi abuela que los amo mucho».









