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La familia de Almirante Brown que les cambia la vida a los caballos maltratados

Conocé la historia del matrimonio de vecinos del partido bonaerense que rescata a los caballos del maltrato y el abandono.

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“Nos han llamado vecinos diciendo ‘vengan porque están esperando para carnear un caballo’. El caballo se cae y ya lo quieren ir a carnear”, cuenta a INFOCIELO Jennifer Ferri quien, junto a Sebastián Monsalvo, su marido, llevan adelante desde hace más de 6 años en Almirante Brown un proyecto familiar al que denominaron GREI (Grupo de Rescate Equino Independiente), que se ocupa de salvar a los caballos que son víctimas de malos tratos y de la crueldad por parte de alguna persona.

Una mañana de 2015, Jennifer y Sebastián leyeron una publicación en Facebook en la que una mujer de Almirante Brown pedía ayuda porque no sabía qué hacer con un caballo que estaba tirado en su barrio, y el matrimonio, que comparte su adoración por los equinos, decidió actuar. “Estábamos tomando mate y, cuando lo leímos, quisimos ayudar a la chica porque es entendible que no supiera qué hacer en esa situación; entonces nos levantamos, agarré una soga, un bozal, un fardo de alfalfa y nos movilizamos hasta donde estaba”, recuerda Sebastián que, al llegar junto con su esposa a la dirección indicada, se encontraron con el animal que yacía en la calle desnutrido y sin fuerzas, “conseguimos una grúa porque estaba tirado y era un animal de gran porte, estuvimos todo el día con el caballo”.

A partir de esa primera experiencia, los llamados y las alertas sobre otros caballos que estaban en situaciones similares empezaron a multiplicarse y ellos no se quedaron con los brazos cruzados. “Formamos GREI junto con otra chica y así empezamos. Recién en diciembre del año pasado pudimos hacernos Asociación Civil y la Municipalidad de Almirante Brown nos dio un reconocimiento, pero siempre fue algo familiar”, cuenta Jennifer y señala que sus hijas también se comprometieron con el mismo propósito: “Tenemos 3 hijas que nos acompañan siempre, sea invierno o verano y dicen que, cuando crezcan, van a seguir con esto”.

Más allá de las recientes distinciones, GREI no recibe ningún tipo de apoyo económico por parte de organismos estatales a nivel municipal ni provincial y el trabajo que realizan es completamente a pulmón, sin días ni horarios. “Preparándonos para la cena de Fin de Año, un 31 de diciembre a la noche tuvimos que dejar todo y salir a buscar un caballo que estaba tirado porque los vecinos nos decían ‘si no venís, no pasa la noche porque se está rumoreando que la gente de acá lo está queriendo carnear’. Estábamos el 1° de enero, cuando no había nadie en la calle, trasladándolo a una ONG más grande porque el caballo necesitaba otros cuidados y atenciones”, relata Sebastián y asegura que “esto no perdona ningún día”.

UNA LEY QUE NO SE CUMPLE

Si bien existe la Ley 14.346 de Malos Tratos y Actos de Crueldad hacia los Animales, que fue sancionada en 1954 durante el gobierno de Perón y que marcó un precedente en América Latina, esta norma, no prohíbe el uso de animales para trabajar y ese es uno de los puntos centrales por los que lucha GREI como asociación.

“Nosotros estamos pidiendo que se prohíba la tracción a sangre. Ya no estamos en 1810, no pueden haber carros en las calles”, dice con énfasis Jennifer. Desde GREI entienden que “muchas personas usan a los caballos por necesidad para trabajar porque es su herramienta de laburo”, pero consideran que “hoy en día son más los que no los cuidan”.

En este sentido, Sebastián asegura que, en Argentina, “el caballo, desde que nace hasta que muere es un negocio lamentablemente. Se usa día y noche para tirar un carro y, cuando no sirve más, son animales de descarte, los dejan tirados en un baldío”.

Aunque la ley vigente, también conocida como Ley Sarmiento, no condena el uso de animales como fuerza de trabajo, sí establece distintas situaciones en las que un humano incurre en el delito al usar un animal para cumplir con alguna tarea: en el artículo 2 nombra como un delito el hacer trabajar durante muchas horas y sin descanso a un animal, o cuando este no está en condiciones y es obligado a hacerlo. De la misma forma es considerado un delito golpearle con instrumentos que causen dolor, como un látigo, y obligarle a tirar de carros que sobrepasen sus fuerzas.

Uno de los rescates que más presente tienen en su memoria Jennifer y Sebastián, fue cuando les tocó recuperar a una yegua que no tenía visión y era utilizada para llevar un carro: “Era ciega porque le habían sacado los ojos para que no se asuste con los autos, literalmente le arrancaron los ojos”.

Los llamados de alerta por casos de este tipo se repiten a diario tanto desde el Centro Municipal de Zoonosis de Almirante Brown, como de vecinos del distrito o de las comisarías locales. “Por día pueden llegar entre 5 y 10 alertas de distintos caballos en distintas localidades, y te encontrás de todo: quizás hay un caballo que está bien, pero le estaban pegando; quizás hay un caballo que está desnutrido; capaz que te llaman porque hay otro que está abandonado o caído”, explica Sebastián.

MISIÓN RESCATE

El matrimonio que se ocupa de rescatar a los equinos que son víctimas de situaciones de crueldad o abandono explican que el primer paso para salvar a un caballo es hacer la denuncia para que se abra un expediente: “Antes que nada, se debe llamar al 911, nunca enfrentar al maltratador porque generalmente se lo toman a mal y ya hemos tenido casos donde nos apuntaron con un arma o nos sacaron un machete, y eso es peligroso”.

Según ellos, en muchas ocasiones, “la Policía no quiere o no sabe cómo actuar, entonces lo que hay que hacer es insistir hasta que te mandan un móvil”. Una vez que el animal está en la comisaría, interviene un veterinario que constata el maltrato que recibió el animal y, si el fiscal determina que el caballo efectivamente necesita cambiar de dueño, ahí se lo entregan a un depositario judicial. “En general los depositarios judiciales solemos ser miembros de una ONG de protección animal o asociaciones de ese tipo, aunque cualquier ciudadano puede serlo, pero generalmente la gente que se quiere involucrar no puede llevarse el caballo al patio de su casa”.

BÚSQUEDA DE PREDIO

Actualmente Jennifer y Sebastián tienen a su resguardo a 11 caballos en un terreno desocupado junto a su vivienda en Almirante Brown, que ambos pusieron en condiciones para que lo habiten los animales. Allí construyeron boxes para que los caballos puedan descansar y, día a día, se encargan de brindarles todo lo que necesitan: alimento, medicamentos, atención veterinaria, y, fundamentalmente, el cariño que siempre les faltó.

“Nosotros lo que buscamos no es solamente recuperarlos físicamente, sino también psicológicamente porque vienen para atrás en ese sentido y, hasta se ponen peligrosos cuando son maltratados porque buscan defenderse todo el tiempo”, describe Jennifer y comenta que, a pesar de los esfuerzos, hay equinos rescatados que no llegan a recuperarse: “Con muchos caballos, que llegan destrozados, te preguntás ‘¿Cómo hicieron para aguantar hasta acá?’ y, cuando los tenés dos horas pasándoles fluidos, se relajan y se entregan, no viven”.

Además, la pareja paga una cuota de socio en un campo que está ubicado frente a su casa, donde los animales tienen más espacio para poder retozar libremente. “Ahora estamos buscando alquilar un predio y así se nos haría todo mucho más fácil porque podríamos contar con voluntarios; hacer visitas cuando se pueda; tener madrinas, padrinos”.

Con la colaboración de las personas que se solidarizan y quieren aportar su grano de arena, logran cubrir una parte de los gastos que implica cuidar a los caballos; el resto sale de sus bolsillos. “Siempre estamos poniendo lo que falta, entonces no pudimos agarrar ningún caso más”, confiesa con pena Jennifer y puntualiza: “Estamos gastando alrededor de 20 mil pesos por mes solo en los rollos de pasto, sumado a la avena, los insumos, la medicación. El gasto que tenemos con cada caballo es relativo porque no todos necesitan lo mismo, depende qué caballo es y cómo entra: por ejemplo, el trabajo de podología siempre se les hace cuando entran, aunque cada uno necesita una cosa distinta; también odontólogos porque, si el caballo tiene los dientes mal, coma lo que coma, nunca va a engordar”.

Además de recibir donaciones en su cuenta bancaria o a través de cupones de Mercadopago; en sus redes sociales, el Grupo de Rescate Equino Independiente realiza rifas a través de sus redes sociales (Instagram: grei.rescate_equino y Facebook: GREI Grupo de rescate equino independiente) con el propósito de reunir los fondos que les permitan seguir cumpliendo con el cuidado de los animales. Si no es con dinero, también se puede colaborar con distintos elementos como vendas de descanso y mantas para los caballos; sogas gruesas; herramientas para los trabajos de podología; avena; maíz, fardo y balanceado para potrillos, entre muchas otras cosas.

Fuente: Infocielo.

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