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Entender la vida con criterio de elevación y de plenitud humana

«Nosotros muchas veces nos juzgamos, nos convalidamos unos a otros por el esfuerzo y la capacidad de hacer que tienen los otros.»

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Durante la misa del domingo pasado en la Basílica de Luján, el Arzobispo Jorge Eduardo Scheinig dijo que “el Evangelio muchas veces nos pone en una situación de confrontación con los propios pensamientos y los propios criterios. Si Jesús dice que muchos de los primeros serán últimos y muchos de los últimos serán primeros no es para nivelar para abajo. Nos está invitando a entender la vida con criterio de elevación, de plenitud humana.”

También dijo que “todos tenemos parámetros en nuestras cabezas, en nuestros corazones, para juzgar la vida, la propia y la de los otros. Todos tenemos criterios de juicio para ver quién merece más, quién merece menos.” Pero “en la lógica de Dios no es solo el esfuerzo humano lo que merece recompensa, sino que Dios da la recompensa. No es sólo el esfuerzo de las personas. No alcanza para ser una persona plena el esfuerzo personal. Para ser una persona plena se necesita de la misericordia y la bondad de Dios. Dios es capaz de hacer meritorias nuestras pequeñas acciones.”

En el mismo sentido agregó que “nosotros muchas veces nos juzgamos, nos convalidamos unos a otros por el esfuerzo y la capacidad de hacer que tienen los otros. Tanto es así que muchas veces a nuestros ancianos les cuesta mucho asumir la incapacidad de hacer cosas, porque todo lo juzgamos desde el hacer. Y cuando uno no puede, se siente en el último lugar.”

Estimulando a seguir el criterio de Jesús expresó que “seria lindísimo copiar esta lógica del reino entre nosotros, que es lo que hace una maestra por ejemplo cuando estimula, cuando motiva al que se queda un poquito rezagado porque tal vez no tiene el coeficiente intelectual más importante, pero lo estimula, lo valida, no lo excluye. Es lo que hace la iglesia cuando perdona con la misericordia de Dios, cuando invita a compartir la misma fe a los últimos. Es lo que tiene que hacer el estado con los que viven mayor pobreza, mayor dificultad, tiene que acompañar el pequeño esfuerzo o la pequeña posibilidad.”

Finalmente cerró su reflexión con estas palabras: “Estamos en momento delicado de la historia, delicado del país. El Señor nos invita a otra lógica del trato de unos para con otros. El de considerarnos todos muy limitados y todos necesitados del abrazo, de la bondad y de la misericordia.”

A continuación compartimos el texto completo de la homilía:
No nos sorprende que Jesús tenga esta expresión, porque el Evangelio muchas veces nos pone en una situación de confrontación con los propios pensamientos y los propios criterios, muchas veces el Evangelio nos descoloca, no está en la misma lógica que la nuestra, que nuestros pensamientos. No es sorpresivo entonces que Jesús diga que muchos de los primeros serán últimos y muchos de los últimos serán los primeros, porque para Jesús la lógica, es la lógica del reino, del reino de Dios, del sueño de Dios, de la voluntad de Dios.

Para Jesús la lógica del Reino no es la mediocridad humana, déjenme que insista en esto. El Reino no tira para abajo a las personas, sino que eleva. Jesús en su cabeza, en su corazón, nos manifiesta la voluntad de Dios y ¿cuál es la voluntad de Dios? Elevar, salvar, llevar a plenitud la vida, lo humano. Ese es el criterio. Y si Jesús dice que muchos de los primeros serán últimos y muchos de los últimos serán primeros no es para nivelar para abajo. Nos está invitando a entender la vida con criterio de elevación de plenitud humana. El profeta Isaías en la primera lectura decía con mucha claridad de parte de Dios, “Mis caminos no son los caminos de ustedes”. Muchas veces, el camino que Dios nos propone no es el mismo que uno buscaría desde las lógicas personales.

El camino de Dios nos sorprende, porque lo que está buscando para nosotros siempre es lo mejor y por eso muchas veces el camino de Dios nos descoloca. Uno tiene sus propios planes a partir de criterios personales y Dios nos invita a otro camino. Y al principio uno no termina de entender esta nueva colocación diríamos, nos coloca en otra situación, en otra perspectiva.
Los que peinamos canas y ya tenemos experiencia de vida sabemos, después de haber vivido alguna situación, que el camino de Dios era mucho mejor que el camino de uno. Pero al principio uno está descolocado, no termina de entender. Por eso la vida cristiana es una invitación a ir asumiendo los criterios del Evangelio en la propia vida.

El Papa Francisco insiste tanto en el discernimiento. Discernir, tratar de hacer el ejercicio de pensar qué es lo que Dios quiere, no solo lo que yo quiero, sino lo que Dios quiere. Entonces, ¿por qué Jesús dice que muchos de los primeros van a ser últimos y muchos de los últimos serán primeros? ¿Porque Jesús tiene esta lógica?

En aquel tiempo, en los tiempos de Jesús, había un grupo, -hemos escuchado muchas veces hablar de los fariseos-, un grupo religioso, -los fariseos eran un grupo muy religioso-, que invitaban a vivir la religiosidad haciendo la voluntad de Dios. Y esa voluntad de Dios se expresaba en la ley. El ideal de vida era cumplir la ley. El que cumplía la ley ese estaba en el primer lugar, el que no cumplía la ley, ese estaba en el último lugar. Entonces ese era el parámetro de juicio, así juzgaban. Un fariseo que cumplía la ley estaba en el primer lugar, una persona pagana no creyente estaba en el ultimísimo lugar.

Jesús les dice a ellos y nos dice a nosotros que puede haber otro parámetro, otro criterio y nos cuenta esta parábola, esta comparación, de este propietario de la viña que necesita trabajadores. Y a la mañana tempranito sale a buscarlos y los contrata para pagarles lo que se pagaba el jornal en aquel momento, que era un día de trabajo- un denario. Y así entonces salen a trabajar, pero esto lo vuelve a hacer otras cuatro veces más: a media mañana, a mediodía, a media tarde y ya casi al anochecer y todos van respondiendo que sí al propietario, y van a trabajar a lo que los mandan y en el momento en que el propietario los manda a trabajar. Jesús sigue relatando la parábola y dice que el propietario empieza a pagar, empezando por los de la última hora y les paga un denario, que era lo que se pagaba el jornal. Los primeros, los que hicieron más esfuerzo, los que se fatigaron más piensan que van a cobrar más pero cobran lo mismo, lo que habían pautado y entonces le protestan y le dicen que es injusto. “Nosotros hicimos mucho más esfuerzo, merecemos más, nosotros hicimos esfuerzos, merecemos más”.

Pero el propietario les dice “yo les pago lo que pautamos, es justo lo que te estoy pagando y además si yo quiero ser bueno, ¿por qué no puedo ser bueno con los últimos?

Todos tenemos parámetros en nuestras cabezas, en nuestros corazones, para juzgar la vida, la propia y la de los otros. Muchas veces nosotros juzgamos, nos juzgamos, a partir de la inteligencia. Entonces el más inteligente brilla, de alguna manera está en el primer lugar, y el menos inteligente queda desplazado. Por ahí son las capacidades que las personas tienen, los de más capacidad, los de menos capacidad, los de más voluntad, los de menos voluntad, los más ingeniosos, los menos ingeniosos, los que tienen más plata, los que tienen menos plata, los que tienen más éxito, los que tienen menos éxito. Todos tenemos criterios de juicio para ver quién merece más, quién merece menos.

Pero pareciera ser que la lógica de Jesús, la lógica del Reino es otra. Parece, – ojalá pueda explicarlo bien, decirlo bien, que en la lógica de Dios no es solo el esfuerzo humano lo que merece recompensa, sino que Dios da la recompensa. No es sólo el esfuerzo de las personas. No alcanza para ser una persona plena el esfuerzo personal. Parece que en el Reino, en la lógica de Dios, eso no alcanza.

Para ser una persona plena se necesita de la misericordia y la bondad de Dios. Dios es capaz de hacer meritorias nuestras pequeñas acciones, nuestros pequeños esfuerzos. En la lógica del Reino, en la lógica de Dios, la misericordia y la bondad hacen que las personas seamos más personas. No alcanza con la justicia, no alcanza con el esfuerzo personal y esto es otra lógica.

Nosotros muchas veces nos juzgamos, nos convalidamos unos a otros por el esfuerzo y la capacidad de hacer que tienen los otros. Tanto es así que muchas veces a nuestros ancianos les cuesta mucho asumir la incapacidad de hacer cosas, porque todo lo juzgamos desde el hacer. Y cuando uno no puede, se siente en el último lugar. Jesús nos dice que Dios es capaz de darles validez a todos los hombres, no a algunos, no a los más capaces, no a los mejores, sino a todos los hombres, a todas las personas. Absolutamente todas las personas tienen una oportunidad en Dios y con Dios, por lo propio no, por él, por su gracia.

Entonces seria lindísimo copiar esta lógica del Reino entre nosotros, sería fundamental en los tiempos que vivimos, tan complejos, tan difíciles, de tanto juicio, de tanta crítica de unos hacia otros, de tanta sobre exigencia a veces inhumana a los que no pueden, a los que no son capaces. Seria lindísimo copiar esta lógica del reino entre nosotros, que es lo que hace una maestra por ejemplo cuando estimula, cuando motiva al que se queda un poquito rezagado porque tal vez no tiene el coeficiente intelectual más importante, pero lo estimula, lo valida, no lo excluye.

Es lo que hace una mamá o un papá al hijito que tal vez le cuesta más y frente a los hermanos lo premian más, y los hermanos se enojan, pero es la sabiduría del papá y la mamá que sabe que esas limitaciones no son lo que lo define como persona. Es lo que hace un buen empresario cuando da trabajo, corriendo riesgos y estimula el trabajo aún de aquellos que tienen capacidades diferentes, ¡qué linda idea de inclusión cuando vemos en algún lugar personas con capacidades diferentes!, de inclusión y de integración. Es lo que hace la iglesia cuando perdona con la misericordia de Dios, cuando invita a compartir la misma fe a los últimos. Es lo que tiene que hacer el estado con los que viven mayor pobreza, mayor dificultad, tiene que acompañar el pequeño esfuerzo o la pequeña posibilidad.

Estamos en momento delicado de la historia, delicado del país. El Señor nos invita a otra lógica del trato de unos para con otros. Otro trato, otra manera, otro estilo. No es sólo el de juzgarnos por nuestras capacidades, nuestras posibilidades de esfuerzo, sino también es el de considerarnos todos muy limitados y todos necesitados del abrazo, de la bondad y de la misericordia.

Pidámosle al Señor entonces que podamos los cristianos, los que seguimos a Jesús vivir de esta manera, pero desde el corazón, no sólo desde la cabeza. Bueno uno entiende esta lógica, la entiende y hasta la comparte, pero no alcanza sólo con entenderla. Para vivirla necesitamos experimentarla en el corazón. La misericordia que el Señor tiene para cada uno de nosotros y la que nos invita a tener los unos por los otros, la sentimos en las entrañas, en el pecho.
Pidámosle al señor que nos de esta sensibilidad.

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