Por Redacción Grupo La Verdad
Crece la preocupación por la expansión de la encefalomielitis equina. La diseminación de la enfermedad que surgió en el litoral se fue desparramando y la única solución al problema es que haya vacunas, que no siempre se consiguen.
La encefalomielitis equina es una enfermedad ocasionada por una infección viral que afecta a los equinos ―como caballos, yeguas, burros, cebras y sus híbridos― y que, en algunos casos, puede transmitirse a los humanos.
El último brote de la encefalomielitis equina del Oeste ocurrió en la Argentina en 1988. Al detectarse nuevamente el virus en caballos en 2023, se puede decir que hay una reemergencia del patógeno.
El virus que causa la enfermedad ha estado presente en la región de las Américas desde hace mucho tiempo. Se sabe que el alfavirus puede ser transmitido por algunas especies de mosquitos en ambientes rurales.
Faltan vacunas
En Junín, sobre el tema, Grupo La Verdad consultó al médico veterinario Ariel Garaventa, quien dio mayores detalles acerca de la encefalomielitis equina.
“Se trata de una enfermedad que ingresa a una población que no tiene la suficiente cobertura, la vacuna de la encefalomielitis se dejó de aplicar obligatoriamente hace como cinco años y entonces el virus que está en las aves encontró una población desprotegida y rápidamente se disemina”, dijo en principio el profesional.
“La enfermedad se va a replicar muchísimo, si bien ahora empezarían a aparecer algunas vacunas. Pero no van a ser suficientes, la población equina a vacunar es muy grande. La herramienta está, existe, hay que vacunar. Los laboratorios hoy no tienen el stock de vacunas para dar respuesta a una demanda que es abrupta”, agregó asimismo.
“Hay que vacunar alrededor de tres millones de caballos y hay 300 mil vacunas disponibles. Cuando descienda la población de mosquitos los casos van a ir descendiendo. Lo que SENASA hace a través de veterinarios locales es identificar casos, las vacunas no van a alcanzar entonces hay que vacunar en lugares prioritarios”, aseveró el facultativo.
“Mientras no haya vacunas lo primordial es fumigar. Cuanto menor sea la cantidad de mosquitos menos expuestos estarán los caballos. A campo abierto es difícil fumigar, pero lo que se hace es colocar repelentes sobre el lomo de los animales. Nosotros también deberíamos protegernos con repelentes”, amplió Garaventa.
Casos
“En Junín, en Arenales, en Giles, en Chacabuco, ya hubo casos. SENASA los informa a través de su página web. No es por alarmar, pero va a haber muchos casos más. En humanos, por ahora no hay notificaciones de casos en toda la Argentina. La enfermedad es de denuncia obligatoria”, pormenorizó el entrevistado.
SENASA indica limitar al máximo el movimiento de los caballos. Y si hay un establecimiento con algún caso positivo no se pueden mover a ningún lado.
“Es un problema que tenemos en este país con las enfermedades, que es tan extenso, y esto se da por el traslado de los animales”, remarcó el médico veterinario.
Los síntomas de la enfermedad son los característicos de una afección neurológica, es decir una inflamación del sistema nervioso. Los animales no pueden coordinar movimientos, algunos caen o se ven híper excitados.
Control, prevención y recomendaciones
El control de mosquitos. Es fundamental para evitar la diseminación de la enfermedad y el contagio a los equinos y las personas. Tener en cuenta la aplicación a los animales y en el ambiente, de productos autorizados por el SENASA.
La vacunación de los equinos contra esta enfermedad. Para ello el Senasa está coordinando con las cámaras de Productos Veterinarios de forma tal de tener disponibilidad y distribución de la mayor cantidad de vacunas en el menor tiempo posible.
Notificar inmediatamente al Senasa ante la presencia de signos nerviosos en equinos.
Disminuir al mínimo posible los movimientos de equinos.
Evitar las concentraciones o eventos que impliquen concentración de equinos.
Completar el calendario de vacunación de los equinos.
Asimismo, se insta a los distintos actores relacionados a la producción y la sanidad equina a fortalecer y profundizar la revisión clínica periódica de los equinos, extremar las medidas de bioseguridad, evitando el movimiento de animales y personas entre caballerizas y establecimientos y aplicar medidas de higiene y desinfección con especial atención al manejo de artrópodos como posibles vectores de la enfermedad.
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