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En defensa del adoquín y del arbolado urbano

Escribe: Adolfo de Gracia

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La Verdad me publicó el 5 de julio de 2011, el 13 de mayo de 2013, el 2 de junio de 2019 y el 8 de diciembre de 2019 unas cartas de lectores en las que hacía una acalorada defensa del pavimento de adoquín, con la vana ilusión de que las sucesivas autoridades que manejaron y manejan las finanzas municipales, que son alimentadas por los aportes que la ciudadanía hace a través de tasas e impuestos, tomaran cartas en el asunto y se terminara con la tradicional costumbre de no aplicar las reglas del arte para mantener una adecuada conservación del pavimento de adoquín que, por sus cualidades, resulta casi eterno, tal como es práctica común en muchas importantes ciudades del mundo.

En ciertas calles de Junín el pavimento de adoquín tiene algo más de 100 años y su estado es impecable, tal los casos de la calle 20 de Septiembre y de la calle Coronel Suárez, entre Saavedra y Narbondo.

En algunas de las notas citadas al principio, hacía referencia al caso del barrio de Palermo, en la Capital Federal, en el que la Justicia y a pedido de los vecinos, prohibió cubrir con pavimento asfáltico a las calles de adoquín, y esa misma Justicia lo declaró Patrimonio Histórico y Cultural. Los millones de adoquines que pueblan nuestras calles fueron puestos uno por uno por técnicos expertos en esa tarea.

Posiblemente sea por eso su gran valor Histórico y Patrimonial. Hoy me veo en la necesidad volver sobre la defensa que hice del adoquín hace ya casi diez años, porque el deterioro que se observa en muchos tramos de nuestras calles adoquinadas, que resulta incomprensible el descuido puesto de manifiesto por las sucesivas autoridades municipales.

El adoquín reúne condiciones excepcionales: No se cuartea por efectos del sol, tal como sucede con el pavimento asfáltico, no dilata, no se gasta, no se bachea, no se deforma por el tránsito, no se fisura longitudinalmente a causa de cargas excesivas, como ocurre con el pavimento de hormigón, razones por las cuales no se incurre en gastos inútiles del dinero que el pueblo abona periódicamente.

Esas fisuras longitudinales en el pavimento de hormigón son las que logran que el agua de las primeras lluvias se filtre hacia las bases del pavimento, deteriorando las subbases, y no llegue hasta las cunetas que corren paralelas junto a los cordones. Correspondería sellarlas. Otro tema es el escaso trabajo de bacheo del pavimento asfáltico sobre el que han aparecido pozos que hacen temblar hasta al automóvil con la más excelente suspensión.

En cuanto al magnífico arbolado de nuestras calles, quizás podría existir la rara posibilidad de que algún raro ventarrón de alta velocidad, pudiera provocar la caída de algunas de las enormes ramas que han brotado de los troncos que las sostienen. Si bien es difícil que ello suceda, quizás hubiese sido conveniente limitar su crecimiento, porque pues es permanente la publicación de noticias referidas a trastornos, algunos muy graves, producidos por las caídas de ramas o árboles de gran tamaño, cuando soplan vientos con velocidades fuera de lo común. Acuérdense de aquel día en que un viento de esos, arrancó y levantó a un galpón o tinglado de un Club y lo depositó en una calle de las inmediaciones.

Con respecto a las cosas que están bien hechas, no tiene sentido hacer comentarios sobre ellas, porque corresponde que estén bien hechas y al menor costo posible porque, repito, se deben administrar adecuadamente los dineros que el pueblo abona en concepto de tasas e impuestos, sobre todo en estos difíciles momentos.

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