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El último payaso: ‘Patagonia’ cuenta su historia

Mario Holmer rememora la rica historia de varias generaciones circenses y anticipa una gira final, tras un paréntesis de veinte años.

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Mario Holmer es un gran personaje que se hizo conocido en toda la zona por calzarse la nariz de payaso y brillar en el Circo Patagonia, con el mismo seudónimo que su padre: se trató del último espectáculo criollo que recorrió toda la región.

Para el año próximo, está programando la gira despedida, aunque hace casi 20 años que dejó de alegrar las tardes y noches de niños y grandes.

En diálogo por LT 20 Radio Junín, Holmer repasó su carrera y rememoró su vida circense, de la mano de su familia paterna que está catalogada como la más vieja del rubro. “Yo soy la cuarta generación, pero hay data precisa de que ya en 1858 mis antepasados andaban en gira en el interior del país”, dijo.

“Fuimos el último circo en gira, hasta que tuvimos que colgar los guantes. Hace 20 años que lo cerré, porque nos quedamos sin carpa, con lo cual cortamos una trayectoria de 150 años”, apuntó.

Mario recordó que con su papá, estuvo por los años ’58 recorriendo los barrios de Junín. Después, alrededor del ’78, estuvimos en forma permanente casi un año entero. Se instalaron en distintos terrenos, como Arias y Posadas, después en Primera Junta al 500, en avenida Libertad y General Paz, en Suiza entre Paso y Pringles, en barrio Carosio donde nació uno de sus hijos.

En este momento se encuentra radicado en Rojas, trabaja en una remiseria, con su actual pareja y sus dos hijos Víctor (18) y Leonardo (16). De su primer matrimonio tiene otros tres hijos.

“En su momento, con mi camión recorríamos el país, vendí papas, sandías, porque cualquier trabajo dignifica y yo no podía estar de brazos cruzados”, agregó.

La historia
Mario Holmer rememoró su rica historia de circo. “De mi padre heredé su circo, que fue también teatro, por eso se denomina circo criollo, con la presencia de equilibristas, acróbatas, magos, payasos, contorsionistas, y luego venía la segunda parte con la obra de teatro. Continué con el nombre Patagonia, que popularizó mi padre”.

“Mi abuelo tenía un circo grande con animales, pero en esas épocas si no había un buen payaso, no había éxito asegurado. En un momento, discutió con el payaso y se fue, pero justo mi padre había comprado todo el atuendo aunque sin pensar en cumplir con la función. Con las piernas temblando, mi padre no se animaba a entrar y su papá le pegó un empujón que lo hizo ingresar trastabillando, lo cual originó las risas del público. Con el tiempo, fue catalogado como uno de los mejores payasos y actores del país, tanto en lo cómico como en lo dramático porque arrancaba carcajadas y llantos”, agregó.

Otra oferta
En las épocas de esplendor del circo, después de las acrobacias, los magos y los payasos, venía una segunda parte: las obras de teatro, “que se cambiaban cada noche: una comedia, de peleas, una obra dramática… los precios eran sumamente accesibles, así que había matrimonios que no se perdían ninguna”.

“Esto sería imposible hoy, porque el costo de vida es muy alto y sólo podrían asistir alguna vez. Teníamos ciclos largos en cada ciudad, por más de un mes, cuando uno podía recoger amistades de todos los que estaban alrededor. Era otra época y se convivía mucho con la gente”, recordó Mario.

Las presentaciones tenían títulos con versos, “los originales de los años ’40 se cambiaban, se modificaban. Por ejemplo ‘Viejo zorro calavera busca mujer de primera’, que en principio era “Las mujeres de San Roque’, que no decía nada. Teníamos más de 50 títulos, que reiterábamos según el pedido del público”.

Los padres
Mario vivió en el circo de la mano de sus padres, a quienes recuerda con su orgullo. “Mi madre, a quien perdí hace cinco años, no era de la rama del circo. Era oriunda de Rosario, se enamoró de mi viejo cuando llegó allí y se enamoraron para siempre. Fue equilibrista, encantadora de serpientes y una muy buena actriz, acoplándose a esta vida sin dificultades”.

“Mi padre nos pedía siempre ser velado en la pista del circo. Y que cada hora y media, le pusieran a sonar tres temas: Mi viejo, el tema de Juan Moreyra y Nazareno Cruz y el Lobo”.

“Con el circo hubo épocas de esplendor y otras de vacas flacas, como en los últimos momentos, cuando no tuvimos otra opción más que cerrar el circo. No fue agradable cortar una trayectoria de 150 años, porque además de amar al circo, adoraba la trayectoria de mis padres y abuelos, pero felizmente tengo uno de mis hijos que sigue en la actividad, como empleado de un circo”, señaló Holmer.

La primera nariz
En su caso, “la primera vez que me pinté de payaso en Junín fue una oportunidad cuando se enfermó mi padre, repitiendo casi su historia para salvar la oportunidad. Empecé como ‘Patagonita’, y mi padre siguió trabajando cuando se compuso, pasó en dos o tres oportunidades hasta que me delegó la función para siempre.

Comencé en el año 1977, hasta que seguí como Patagonia, y mi padre me dejó el circo a cargo en Alberdi, donde arranqué como jefe de la tribu”.

“Mi padre murió en agosto de 1980. Pude cerrar el circo una semana pero después había que dejar el dolor de lado y tratar de hacer divertir a la gente como si fuera todo color rosa. Dos años después falleció mi hermano, cuando andábamos muy mal de plata por eso lo sepultamos un miércoles y el jueves ya estaba otra vez pintándome la cara”, rememoró.

Esta vida nómade siempre significó una complicación extra “para los chicos, cambiando de escuela, maestra, compañeros… en todas las ciudades no era igual la educación, había más adelantadas y atrasadas. Pero mis hijos todos terminaron la primaria, algunos la secundaria, y hasta uno está estudiando Agronomía en la UNNOBA”, contó con orgullo.

La última gira
Los amantes del circo y las obras de teatro tendrán la posibilidad de despedirse de este gigante “Patagonia”.

“La idea es volver con una gira final, el año próximo. Tenemos programada una gira de pocos días en cada pueblo. Quiero que sea una despedida, entregar lo último que me queda en el carretel y devolver el cariño a tanta gente que me manda mensajes, pidiendo que sus hijos y nietos nos conozcan.

No es fácil después de 20 años, tiempo en que me desvinculé totalmente. Pero en mi interior está todo, los chistes, los discursos de las obras, así que quiero disfrutar de este último año en gira y después retirarme definitivamente”, adelantó Holmer.

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