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Locales

El rol de los intendentes y las idas y vueltas del gobierno 

Los aumentos de tasas municipales para 2018 fue la primera de las pruebas de lealtad que exigió la ciudadanía

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Los municipios son el primer nivel de gobierno, la cara visible del estado, la puerta donde los ciudadanos recurren ante los reclamos de la vida cotidiana y, en ese sentido, por supuesto, los intendentes son los funcionarios más apuntados, para lo bueno y para lo malo.  

En este contexto económico y social desfavorable en muchos aspectos habrá que ver qué papel juegan de cara a sus vecinos, sobre todo los jefes de gobierno local que responden a Cambiemos, porque para los de la oposición siempre es más fácil echar culpas hacia arriba, a provincia y nación y de ese modo salir del paso.  

El fuerte aumento en el costo de vida producto del incremento de los impuestos provinciales, las tarifas de los servicios públicos que no paran de ajustarse, el valor movible de los combustibles, generando más de un dolor de cabeza en las economías familiares, la inflación, la falta de empleo, por enumerar los reclamos sociales más salientes, todo, exige una postura fronteras adentro de sus distritos, para los oficialistas.   

El año pasado y en 2016 se vieron verdaderas manifestaciones como reacciones contrarias a los montos de las boletas de luz y gas, casi de manera excluyente. En ese marco, diferentes fueron las posturas que tomaron los intendentes. Algunos salieron de sus despachos y “pusieron la cara” ante la queja vecina, mientras otros “no aparecieron” y esperaron que la espuma bajara.  

Los aumentos de tasas municipales para 2018 fue la primera de las pruebas de lealtad que exigió la ciudadanía. El aumento en el inmobiliario rural y urbano (superior al 50%) prendió una mecha que era difícil de adivinar, teniendo en cuenta que el interior bonaerense se volcó masivamente en las urnas por Cambiemos, les dio su voto de confianza y se sintieron “descolocados” con la devolución que llegó de parte del gobierno de María Eugenia Vidal un mes después con la sanción del presupuesto provincial.  

De los intendentes del oficialismo que tienen más ruedo en el mundo de la política salió una reacción lógica. La tasa de red vial tuvo un aumento simbólico (caso Bragado), inferior al 15%, mientras que en otros distritos como el de Junín y 9 de Julio, superaron largamente el 20%. 

Ahora estamos con temperaturas que derriten el termómetro, en pleno verano, con facturas de luz que ya están llegando con montos actualizados y muy por encima de lo esperado. Luego, vendrá el invierno y la consecuente demanda de gas natural para calefaccionar los hogares y allí un nuevo foco de conflicto. 

El gobierno nacional viene gozando hasta ahora de un viento de cola que le permitió contrastarse con la década kirchnerista, muy fresca en la memoria colectiva por los hechos estridentes de corrupción de los ex funcionarios, e imponerse en las legislativas del año pasado, pero el viento se termina y las respuestas tienen que empezar a llegar, de otra manera no va a ser un camino sencillo llegar a 2019.  

La pelea mayor pasa por la provincia de Buenos Aires por el peso que representa su cantidad de electores, eso no es nuevo. En el plano político, una vez más los intendentes serán los que reciban las órdenes de “ir a buscar los votos”, como el año pasado cuando se les exigió un “máximo esfuerzo” luego de las primarias para revertir la derrota, porque el oficialismo no tiene pensado entregar el poder luego de haber destronado al peronismo “K”.  

Saben los jefes territoriales que para ellos lo que se viene es la gran evaluación de sus primeros cuatro años de gestión y que mucho dependerá de la mano que le puedan dar desde los estados nacionales y provinciales en modificar el “humor social”, que no es el mejor.  

Habrá que ver entonces cuál será la estrategia a utilizar si es que el poder local corre riesgos en alguna proporción y si la lealtad que detentan varios de ellos es concreta. Lo más importante es mantener el territorio y hacia arriba después vemos suele ser la lógica imperante.  

Cambiemos tiene la chance de romper con esa lógica, cosa que no pudo hacer siquiera el kirchnerismo cuando muchos que morían por Cristina Fernández entendieron que un “corte” a tiempo les daría algo más de oxígeno.  

Eso sí, tendrá que venir una “manito de arriba”, si no será como el famoso juego de la infancia “Al Don Pirulero” y cada cual atenderá su juego.  

 

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