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El otro idioma de los argentinos

Por Roberto Cánepa Leiva para LA VERDAD-
Si hay un pueblo que se jacta de haber reinventado el idioma hasta tornarlo distinto, es el argentino.

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Si hay un pueblo que se jacta de haber reinventado el idioma hasta tornarlo distinto, es el argentino. Cuando estudiábamos se nos enseñaba castellano. Pregunto: ¿hablamos castellano? En los usos y nomencladores internacionales no hay ninguna especificación que así se indique, sólo se menciona “español”. Ejemplo las Naciones Unidas. Pero suponiendo que castellano sea la denominación correcta de nuestro idioma, insisto, ¿hablamos castellano? Creo –mejor opinión- que decididamente no.
Suele afirmarse que los idiomas son proteicos. Esto es, modifican permanentemente a través del tiempo. Con el “presunto” castellano ha sucedido lo mismo que con otros idiomas, aunque en nuestro caso, mucho más.
Una modificación fue aquella surgida como consecuencia del trato de afectuosa amistad y confianza: el uso del vos. Nació el voseo. Hoy cualquiera trata de vos al otro, lo conozca o no. Es decir que cuando invitamos a nuestro interlocutor a “tutearnos” no es así por la sencilla razón que no usamos el “tú”, segunda persona del modo indicativo. Otros países hispano parlantes sí lo usan (ejemplo Perú, Colombia, Venezuela, etc.)
Pero de pronto, por una fuerte influencia inmigratoria de corrientes europeas nuestro vapuleado idioma sufre la introducción de vocablos, algunos de los cuales ingresan en lo que podríamos llamar “estado puro” y otros que bien pronto sacaron “carta de ciudadanía” al transformarse en derivados al uso argentino. Una posterior influencia –muy fuerte por cierto- lo constituyo una jerigonza amasada por quienes vivían al margen de la ley, a tal punto que hay destacados escritores que lo bautizaron “el idioma de los delincuentes”. Había nacido el lunfardo.

El lunfardo
¿Qué es el lunfardo? Sencillamente un lenguaje destinado a ser decodificado por quienes estaban en conocimiento de su uso y no de policías, jueces, etc. Pero como suele ocurrir con todo aquello que se difunde, el lunfardo fue perdiendo prestigio entre los muchachos de lo ajeno y empezó a ganarlo en los letristas del tango. Veamos algunos ejemplos.
En el tango de Pacual Contursi y Juan Carlos Cobian, ya en el título hallamos uno: “Pobre paica” y en los dos primeros versos, encontramos otros: “Mina que fue de otro tiempo/ la más papa milonguera”. Tenemos “paica”, “mina” y “papa”. En el tango “Viejo rincón” aparece “taitas”. En el tango “Yira, yira” de Enrique Santos Discépolo nos enteramos que “yirar” era el oficio de la prostituta que habiendo perdido belleza y juventud no le quedaba más remedio que buscar sustento en la calle. Y así podríamos estar dando muchísimos ejemplos de esta invasión de términos acuñados por el habla popular.
A mi estimado lector le dejo para su descontado conocimiento, este ejemplo de lunfardo que, en el hipotético caso de no poder descifrar, hallará solución al término de esta nota. Dice así: “La sofaifa juna la melange y me bate: sé que te aficionaste y es necesario que te ablande. El metejón es entrañudo pero guarda que el cuore fayuto puede empomar al más pintao. Bigoteá y pensá. Vos decís que yo soy bomba y no puedo decir que me ne frega. Sos pintón y estás para darte. Disparale a la cufa, al gaterío y a todo lo falso macuco. Sé que te gusta la mujer estraquín y sé que yo lo soy. Suerte”.
No se aflija, este ejemplo goza del patrocinio de mi amigo José Gobello, por aquello del llamado “principio de autoridad”.

Lenguaje abreviado
Pero las influencias sobre nuestro idioma no terminan ahí. Aparece lo que podría denominarse el lenguaje rápido y cómodo, lo abreviado. Doctor es simplemente doc. Profesor es profe. Subterráneo es subte. Colectivo cole. Fin de semana es finde. Automóvil es auto. Teléfono es fono. Televisión es tele. Celular es celu, etc. Pero hay más: las frases que reemplazan significativamente a otras: hacela corta (por no te extiendas demasiado). Cortala (por no agregues más). No te registro (por no te conozco). Sacudile (por seguí dándole lo que sea), etc.
Motoquero (el conduce moto). Blanquear (limpiar aquello cuyo origen no es claro). Conserva (partidario del Partido Conservador), etc.
Los oficios y las modas también dieron lo suyo. La diaria (ganarse el sustento). Derrapar (caer en lo que no se debía caer). Cebollita (niño que se inicia en la práctica del fútbol). Jeringa (tratar de meterse en todo). Cable pelado (tener momentos de ira).
Y también están idiomas, como por ejemplo el inglés, de enorme influencia en el nuestro idioma. Veamos algunos pocos casos. Bluper (blooper) error. Bluyín (blue jeans). Corderoy (tipo de pana inglesa). Col gerl (call girl) joven prostituta contratada por teléfono. Copirai (copy right) derecho sobre una obra, etc.
A esta altura de nuestras disquisiciones valdría preguntarnos acerca de nuestro castellano. Usted me dirá que no ha dejado de existir. No, por supuesto que no. Se ha refugiado. En los escritores que aún creemos en lo clásico, en los profesores de antaño, en los estudiosos del idioma y no creo que mucho más allá. Algo es algo. Pero ya que hablo de los estudiosos ¿qué hacemos con el diccionario? La Real Academia de la Lengua (única entidad autorizada para señalar qué es lo que hay que agregar o quitar) incorpora sin prisa ni pausa, términos provenientes de pueblos con lenguajes autóctonos de los que nosotros (los argentinos) no tenemos la menor noticia. Pregunto, ¿esto es enriquecer el idioma? Si usted, lector, conoce a una persona que ha viajado por el mundo, inquiera si no tuvo que preguntar más de una vez qué significaba tal o cual cosa, referido a países de habla hispana.
La Academia de Letras de la Argentina cumple también con su rol, es decir, reúne aquellos vocablos que han terminado por incorporarse al habla de los argentinos. Si los acepta, remite la información correspondiente a la Academia Española y ésta terminará dándole el visto bueno. O no. Me contaba Federico Peltzer, a quien le cupo el honor de presidir la Academia nuestra, que la española era muy reticente para algunos vocablos nuestros, especialmente los lunfardismos a quienes consideraba “lenguaje de las bajas clases sociales argentinas”.
En nuestros tiempos actuales, donde las técnicas, las artesanías y todas las ciencias aplicadas han creado y crean nuevas palabras, palabras que bien pronto pasan al dominio de todos, es muy difícil hablar de la pureza del idioma. Después de todo, un lenguaje en definitiva sirve para la comunicación social. Claro que esta comunicación social no debe perder de vista que mucho más allá hay una maravillosa disciplina artística llamada literatura.

La notita del lunfardo: la mujer mira todo lo mezclado y dice: ya que te has enamorado de mí, es necesario que te aclare. Si bien el enamoramiento es profundo, tené cuidado que los sentimientos pueden engañar al que más sabe. Observá y pensá. Vos decís que soy hermosa y no puedo decir que no me importe. Sos buen mozo y estás para aceptarte. Pero alejate de lo carcelario, de las mujeres fáciles y de la falsa belleza. Sé que te gusta la mujer hermosa y yo lo soy. Buena suerte.

Nota: todos los derechos reservados ley 11723.

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