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El nuevo Pacto Roca – Runciman

Por José Bruzzone, concejal Unidad Ciudadana y docente Cátedra Libre Tierra Techo y Trabajo.

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Diario La Verdad de Junín publicó con fecha 1 de Julio de 2019 la nota de opinión del Lic. Santiago Bolaños celebrando el acuerdo Mercosur – Unión Europea. El propósito de la presente es contestar las mismas preguntas que él se hace pero desde un enfoque diferente.

En primer lugar, pedir disculpas porque al igual que él, opinaré a partir de los trascendidos que la prensa ha publicado sobre el acuerdo, puesto que su contenido preciso aún no se conoce. En segundo lugar, acordar que acceder a un mercado como el de la Unión Europea, con 800 millones de consumidores de altos ingresos y un cuarto del PIB mundial es sumamente auspicioso para el bloque del Mercosur que Argentina integra. Hasta ahí, los puntos en común.

El autor de la nota se hace las siguientes preguntas: ¿El acuerdo Mercosur-UE va a traer inversiones al país?; ¿Vamos a tener más fuentes de trabajo en nuestro país con este acuerdo?; ¿Nuestras empresas van a poder exportar más y mejor?; ¿Es cierto que nos van invadir el país y la región con productos Europeos? A las cuales responde con tono tranquilizador y esperanzado, en sintonía con la actuación de Faurie y Sica en el video en que despiertan al presidente para darle la buena nueva.

Según Bolaños, las empresas europeas están ansiosas por traer inversiones a la Argentina, lo que creará muchas y nuevas fuentes de trabajo bien remuneradas. Paralelamente, nuestras empresas van a poder exportar más y se les dará tiempo a nuestras pymes para que logren niveles de competitividad para no ser barridas por la importación.

Mientras lo leía, no pude dejar de pensar en imágenes del mundo Disney y unos irrefrenables deseos de que sea verdad. Pero lo cierto es que no hay muchos datos de este acuerdo para ser celebrados (a menos que uno sea un industrial europeo).

En sintonía con el discurso neoliberal, Bolaños pone como condición para la llegada de inversiones que el país garantice seguridad jurídica y una reforma laboral. Traducido: que puedan remesar divisas a sus países de orígen, que no se los inquiete con nuestra legislación sobre seguridad ambiental y que se precaricen las condiciones de nuestros trabajadores. La pregunta que subsiste es: ¿por qué no llegaron aún esas inversiones durante los cuatro años de macrismo, en que se les robó a los trabajadores y los jubilados un cuarto de sus ingresos y se le permitió a cualquiera fugar todos los dólares que obtuviera por la razón o por la fuerza (porque no me vengan a decir que las ganancias de las energéticas obedece a su éxito en obtener productividad)?

Nos tranquiliza Bolaños porque no nos van a invadir con productos europeos. Nos dice que se les dará a nuestras pymes tiempo para adaptatse. ¡Irónico, el autor! Puesto que ya asistimos varias veces en la historia a este discurso en que se las acaba culpando por no lograr competitividad en este «marco propicio» (que consta de tarifas ridículas, de carga impositiva alta, de cancillería ineficiente, de infraestructura y logística obsoletas, etc)

Y nos dice por último, que nuestras empresas van a poder exportar más. Y esto es cierto, con algunas precisiones. Las exportaciones de carne, por ejemplo, podrán aumentar hasta en un veinte por ciento; algunos productos agrícolas también encontrarán nuevos mercados (si logran calmar al presidente de Francia que ya se ortivó ante la mera posibilidad); es posible que nuestros recursos naturales también encuentren interesados. Pero aquellas actividades que agregan valor a la producción primaria y generan trabajos (aunque sea de mejorable productividad e ingresos) no tienen otro horizonte que el declive.

Nuestra historia ya ha pasado por estas aventuras en el pasado, ninguna con final feliz. Si alguien busca antecedentes para apoyar a Faurie, a Sica y a Bolaños, no creo que los encuentre. Se topará, sí, con la humillación del pacto Roca – Runciman, donde nuestra clase dominante regaló el mercado interno a cambio de poder colocar sus vacas en inglaterra. Pacto Peña Broun – Runciman.

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