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El molino emplazado en el Museo provincial nació en Junín

Se trata de una pieza declarada como “Bien de Interés Histórico Nacional”, que alrededor de 1887 estaba instalada en nuestra ciudad y luego se vendió a Chacabuco.

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Hacia fines de 1930, un perseverante Udaondo, atento a enriquecer su ya impresionante «Museo Colonial e Histórico de la Provincia de Buenos Aires», no esquivaba limitaciones a la hora de aceptar donaciones.

Como un Quijote contra desafíos imposibles, aceptó quizás, una de las donaciones más grandes y, por qué no, una de las más complicadas para su traslado e instalación, un molino harinero que se encuentra emplazado en el patio del Museo de Transportes. Quizás también, el único exponente de su tipo que se encuentra aún emplazado en toda la provincia de Buenos Aires.

Este molino harinero data de mediados del siglo XIX. Se sabe que hacia 1887 estaba instalado en el partido de Junín y pertenecía al comerciante Don Julio Labrué. A su muerte, su viuda se lo vendió a Don Domingo Narbondo quien lo trasladó a Chacabuco. Su último propietario fue Don Ángel Aragón y fueron sus hijos quienes luego de su fallecimiento, en 1939, lo donaron al Museo de Luján.

El traslado desde Chacabuco al Museo fue difícil y costoso ya que significó desarmarlo y rearmarlo en su totalidad, tanto la estructura edilicia como la maquinaria. Dichos trabajos fueron realizados por el mecánico Don Antonio Pascarelli, especialista en molinos, y los albañiles Giacoia Hermanos que construyeron la torre. Los gastos fueron solventados con las donaciones Rocatagliata Costa y Labrué.

El molino (hoy declarado Bien de Interés Histórico Nacional) está compuesto por 4 aspas de madera de lapacho de 7.30 m de largo por 0.40 m de ancho con 16 traviesas, 1 tirante y 4 listones cada una, techo giratorio y una torre de forma semicircular de catorce metros construida con gruesos ladrillos. Las aspas originalmente se recubrían con lienzos aceitados, a manera de velas, las que al girar con el impulso del viento hacían que la fuerza motriz generada fuera comunicada a la maquinaria entroncada al árbol vertical y se pusiera en movimiento el mecanismo de molienda, ubicado en la parte inferior, compuesto por dos piedras moleras de igual diámetro colocadas en forma horizontal sin tocarse, sujetas por zunchos de hierro y asentadas en soportes de algarrobo. Para los días de poco viento cuenta con un manubrio que lo impulsa.

Junto al molino, Udaondo levantó una tahona para molienda de grano, lo que constituye un valioso conjunto testimonial de la historia de la industria harinera del país.

Fuente: Complejo Museográfico Provincial «Enrique Udaondo».

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