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El drama de una mujer amenazada que no tuvo paz ni con su acosador preso.

Durante prácticamente tres años, la mujer vive un infierno. El responsable es un hombre que a pesar de haber sido condenado la siguió acosando desde la cárcel. Ahora crece su miedo porque el 2 de febrero, su victimario sale en libertad.

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“Fui a ver cómo estaba la causa y me enteré que lo habían condenado en juicio abreviado a ocho meses de prisión, sale el 2 de febrero y durante este tiempo siguió acosándome desde la cárcel. Tengo miedo”.

Jacqueline Ferraris vuelve a vivir una pesadilla que empezó hace tres años cuando un hombre empezó a acosarla en su lugar de trabajo y “nunca entendí porque. Jamás tuve vínculo. Sólo era una persona que iba a mi trabajo por cuestiones ajenas. Durante dos años estuvo mandándome cartas, regalos. Llegó a llamarme treinta veces en un día,  a decirme que se iba a matar, que se drogaba por mi culpa.  Se acercaba a la puerta de  mi trabajo y mis amigas me alertaban. Llegó a seguirme en la calle y ahí fue cuando dije basta. Era el 24 de mayo del año pasado”.

Y aquella jornada Jacqueline también supo quién era el hombre que no la dejaba vivir en paz. Y “no era un loco. Me contaron cuál era su pasado”.

Cristian González Burgueño había violado y asesinado a una sobrina de 12 años en 1997. Una vez que recuperó la libertad no dejó de tener conductas inapropiadas. Cumplió otra condena por amenazas calificadas que también se resolvió en juicio abreviado y la víctima se enteró cuando tiempo después, en la calle, alguien le comentó que estaba libre.  No fueron más de cinco meses. Llegó a juicio oral – lo absolvieron – por el homicidio de Armando Solís.

Con ese cuadro de situación, Jacqueline Ferraris, después de golpear muchas puertas buscando ayuda, consiguió que la escuche el Comisario Mayor Walter Feletto, titular de la Departamental Seguridad Junín.

Como cuadros de película, en apenas ocho días la atendieron en Comisaría Primera, luego en Fiscalía 6 la Dra. Fernanda Sánchez. Le pusieron un botón antipánico e impusieron al acosador una restricción. Prohibición de acercamiento y cualquier tipo de contacto, incluido el telefónico. Para con la víctima y su familia.

No cumplió. Siguió llamando y ya profiriendo amenazas irreproducibles.

El 2 de junio lo detuvieron a las 17 horas en inmediaciones del Club Rivadavia.

Jacqueline recuerda que a González Burgeño le hicieron pericias que demostraban que en su personalidad, 20 años después de la violación y muerte de su sobrina, nada había cambiado, “los parámetros eran los mismos”.

Durante los últimos ocho meses, desde la Unidad Penitenciaria 13 y a pesar de no estar permitido el uso de teléfonos celulares, no dejó de acosarla.

“Sigue llamando. No como antes pero en forma reiterada. Por lo general me escucha y corta. Llegó a hablarme, decirme que era Cristian y cortar”.

Y “la fui avisando. La justicia sabe que no paró de llamar”.

“Cómo no voy a tener miedo ahora. En la fiscalía me dijeron que me iban a apoyar. Que van a tomar todos los recaudos. Pero en la calle, la que está soy yo”.

“Pregunté si podía pedir una restricción y me dijeron que no y eso que ellos –los funcionarios- saben que es peligroso”.

Ahora, “me siento mal. Con miedo a que me mate, o agarre a mi familia. Vemos cómo está la sociedad y las cosas que pasan. Y él es una persona que psíquicamente no está bien”

Hace unos días, Jacqueline Ferraris volvió a acercarse a la Fiscalía que tiene su causa. Se reunió con la  Dra. Fernanda Sánchez, “me atendió muy bien –añade-, me explicó. Pero mis miedos están. Más ahora que recupera la libertad el 2 de febrero y aún detenido me siguió acosando”.

 

 

 

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