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Provinciales

El desdoblamiento acelera los tiempos del peronismo

Justo antes de que la Cámara Federal confirmara su procesamiento en la causa de los “cuadernos”, CFK ratificó con dos reuniones con intendentes que es el centro indiscutido en torno al cual se mueve el peronismo que pesa electoralmente en la Provincia.

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Escribe Andrés Lavaselli
Agencia DIB

La Plata – La posibilidad de que las elecciones bonaerenses finalmente se desdoblen ya provoca efectos políticos concretos, aunque no está ni de lejos confirmada. Y no solo en el oficialismo, sino sobre todo en la oposición. Lo demuestran los movimientos de la última de Cristina Fernández, quien no sólo ocupó el centro de esa escena peronista provincial como no lo hacía desde las elecciones de 2017, sino que a la vez pareció acelerar los tiempos de una discusión clave: ¿quién será el adversario de María Eugenia Vidal en 2019?
Justo antes de que la Cámara Federal confirmara su procesamiento en la causa de los “cuadernos”, CFK ratificó con dos reuniones con intendentes que es el centro indiscutido en torno al cual se mueve el peronismo que pesa electoralmente en la provincia. Porque quienes peregrinaron al Instituto Patria ratificaron que la expresidenta es quien los conducirá si decide competir. No es un dato menor: juntos, transforman al Conurbano en un bastión casi infranqueable para el peronismo alternativo –tal vez solo Sergio Massa podría tallar algo-, lo que a su vez complica en extremo su armado nacional. De esos encuentros surgió el primer rechazo explícito de los alcaldes al desdoblamiento.

Es un posicionamiento que, cuentan, hizo sonreír a Vidal porque le ratificó que el esquema que impulsa incomoda a CFK, quien habría sugerido la declaración de los intendentes, que enfatizaron más los del conurbano que los del interior. La razón detrás de esa asimetría encierra una clave: desde el punto de vista local, desdoblar la elección privaría a los alcaldes peronistas de la tracción “positiva” de una boleta encabezada por CFK, lo que sería significativo sobre todo para los de la tercera sección electoral.
Al mismo tiempo, la intervención de Cristina volvió a dar impulso a su exministro de Economía, Axel Kicillof, para pelear por la gobernación. No es la primera vez que se conversa esa posibilidad: Máximo Kirchner lo había discutido hace unos meses con los intendentes. En esa oportunidad, el líder de La Cámpora se había llevado el OK para su propia postulación a diputado nacional por la provincia, pero la advertencia de que intentarían que un intendente –es decir, un representante del territorio bonaerense- sea el que compita por la Gobernación.
¿Qué cambió desde esa negativa? Que ahora está sobre mesa la posibilidad de desdoblar. Si CFK les dijo ella misma a los alcaldes que impulsa a su exministro es porque sabe que el adelantamiento enciende luces amarillas entre los intendentes que se están probando el traje de candidato: Verónica Magario, de La Matanza y Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora. Otra vez, el motivo es cristalino: enfrentar a Vidal sin la “ayuda” de CFK al tope de la lista no parece un negocio político tan claro. Comenzaron a pensar que puede ser mejor replegarse en la seguridad del distrito.
La decisión, de todos modos, no está tomada. Por eso, ya se analiza la posibilidad de una interna (no está claro que formato tendría si se adelantan los comicios, ya que el desdoblamiento supone la suspensión de la PASO en PBA) en el PJ. Mientras, los voceros del kirchnerismo insisten en las fortalezas de Kicillof como nunca antes: hablan de su altísimo nivel de conocimiento –solo lo comparte Insaurralde- y de su rol de economista, ideal para plantear en ese campo, el que menos le conviene a Cambiemos, el discurso de una campaña que podría transcurrir antes de cualquier atisbo de recuperación. También enfatizan el perfil más “local” de los alcaldes, sobre todo el de Magario, poco apto para la pelea provincial.

En contrapartida, los intendentes deslizan que el propio Máximo les dijo que él los apoya contra el ministro, al punto que habría tenido algún cruce con su madre al respecto. La respuesta de Cristina, habría sido obvia pero tajante: los votos los tengo yo, habría dicho. Cínicos tal vez, llaman la atención sobre lo cómodo que parece estar el oficialismo en medio de una agenda que, en lo más profundo de la recesión, sigue dominada por cuestiones de género y por una reaparición de la cuestión de la preocupación por la inseguridad.
Por lo pronto Vidal, que como se contó aquí hace una semana, ya analiza el dispositivo legal que debería desplegar si es que Mauricio Macri da el OK para su plan, no descarta una postulación de Emilio Monzó para que sea la contrafigura de Máximo. Es como poner toda la carne en el asador para una elección que, hay que recordar, se resuelve por un voto, ya que en provincia no existe balotaje. El cartón se completaría con una candidatura de Sergio Massa a Gobernador, posibilidad que él mismo pareció dejar entrever hace unos días, pero que tampoco está definida, ni mucho menos.

Un episodio espinoso
En medio de los aprestos por la posibilidad de un adelantamiento electoral que obligue a acelerar la campaña, estalló en La Cámpora es escándalo por el caso de abuso que, según el mismo admitió, cometió el senador bonaerense Jorge “El Loco” Romero contra una militante de la organización. Entre sus compañeros de bloque primaba la idea de que debía pedir una licencia a su banca, que además era compartida en el oficialismo, donde no querían hacer la “vista gorda” pero tampoco avanzar con castigos definitivos antes de que intervenga la justicia, para no alentar operaciones o cazas de bruja.
La negativa a dar ese paso, que provino de la cumbre de la organización, no solo habla de su interna: Romero juega con el jacobino Andrés Larroque contra el dialoguista Eduardo De Pedro. También pesó el temor a que la reemplazante de Romero, la exvicegobernadora Graciela Giannetassio, dé el salto al bloque de los intendentes luego de su asumir. Gianntassio está alineada con el titular de la bancada, Julio Pereyra, el exintendente de Florencio Varela, rival local de Romero. La unidad, se ve, enfrenta desafíos que van bastante más allá que el nombre del candidato.

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