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El boom de las barberías

Las barber shops son la reivindicación del lugar exclusivo para varones que quieren presumir de un buen peinado, una barba bien cortada, y disfrutar de una grata experiencia de servicio.

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Llegaron para quedarse y lucen la impronta de los años ’20. Sonaban lejanas y te llevaban a pensar en tus abuelos. Sin embargo, las barber shops son la reivindicación del lugar exclusivo para varones que quieren presumir de un buen peinado, una barba bien cortada, y disfrutar de una grata experiencia de servicio.

Surgen en Londres, Rotterdam, Madrid, Nueva York y por supuesto en Buenos Aires, inspiradas en los tiempos de la prohibición del alcohol en Estados Unidos (de 1920 a 1933), donde los amigos se juntaban en barberías para tomar sin ser descubiertos.

Dejémoslo claro desde un principio: las barberías son atendidas por profesionales especializados. El primer paso es asesorar al cliente sobre qué tipo de barba le va a sentar mejor según la densidad de la misma y sus facciones. Al hombre lo favorecen los formatos de rostro rectangular y la idea es lograrlo a través de la barba. Luego vendrá el diseño, toda una ceremonia. Durante mucho tiempo estuvo de moda la barba descuidada de una semana, lo que obligaba a dar la forma con el afeitado de ciertas zonas, pero ahora, al tener más longitud, se trabaja con peine y tijera para obtener los volúmenes necesarios.

Marcan tendencia en las pasarelas las melenas con laterales más cortos, o los tupés largos y abundantes con laterales rapados y muy degradados, en combinación con barbas que recuerdan a la moda hippie. Lo primero a tener en cuenta si optamos por esta moda hipster es que esta técnica requiere bastante longitud en la barba, en zona del mentón y de la mandíbula. Para lograr este estilo se realiza un degradado desde la zona de las patillas hasta llegar al mentón, intentando alargar el rostro en este último punto: cuanta más longitud dejemos, mayor efecto conseguimos. Del mismo modo que se degrada la barba en la zona de patillas, se degrada el cabello desde este mismo sector, cortando el pelo con rasuradora, partiendo del punto 0 hasta llegar a la longitud deseada en la zona superior del cráneo, alcanzando así el efecto buscado. Desde la coronilla hasta la zona frontal del rostro el cabello va de menos a más, dejando la parte delantera más o menos larga según la longitud del tupé que se quiere obtener.

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