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El arte de sanar riendo y haciendo reir a quienes más lo necesitan

Son muchas las historias de personas que dedican parte de su tiempo en acompañar, sostener y tratar de alivianar el dolor de otras. Algunos lo hacen desde su propio dolor, encontrando así, las fuerzas necesarias para seguir hacia adelante.

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En Junín, un grupo de personas dedica tiempo los fines de semana para acercarse al hospital y brindar no solo sonrisas, sino también, abrazos y contención a personas que atraviesan un momento muy doloroso. La Verdad dialogó con Roberto Cirbián, fundador del grupo voluntario La Risa Sana, para conocer qué es lo que hacen, por qué y cómo es que, desde el dolor, se puede resurgir como el ave fénix. “en junio de 2002 comencé con esta actividad, hacía un año que había perdido a mi hija y me habían quedado muchos libros. Entonces me acerqué hasta el hospital para preguntar si me dejaban leerles cuentos a los niños que estaban internados, me dijeron si, presenté un proyecto, me autorizaron y desde ahí todos los fines de semana iba a leerles cuentos a los chicos”.

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“Después surgieron algunas cosas que hicieron que yo varíe mi personaje, empecé a ir con vestimenta de payaso, se sumo una chica, Florencia, ya éramos dos, la gente nos empezó a conocer, nos hicieron algunas notas en los medios y a raíz de eso se sumó más gente y fue ahí cuando se formó el grupo La Risa Sana, un voluntariado que hoy tiene 12 integrantes y que los viernes y sábado vamos al hospital a visitar no solamente a los chicos, ya que también visitamos a los adultos”, agregó.

Desde lo personal, Roberto Cirbián aseguró que “hoy, ser parte de La Risa Sana es la estrella que me guía, es el objetivo que me he puesto en mi vida y siento una satisfacción muy grande y esto no es solo para mí, sino para todo el grupo y todos los que están internados, ver la risa y también dar abrazos y una palabra de aliento, hace que cuando salimos del hospital nos lata el corazón muy fuerte de alegría y satisfacción. Como siempre, gracias a la estrella que me guía que es mi hija”.

“Hoy somos payasos de hospital que nos capacitamos anualmente, casualmente el 5 de mayo tenemos una. Sabemos que la risa sana, no solo porque lo decimos nosotros, sino que también está comprobado científicamente, porque la risa moviliza las endorfinas y refuerza el sistema inmunológico. Pero nosotros, además de hacer reír, como dije, muchas veces escuchamos, muchas veces abrazamos y nos vamos motivados y tocados muy profundamente por las situaciones que vivimos, porque nos relacionamos con personas que están sufriendo y con sus familiares. Esa es nuestra tarea, la de sanar riendo”, explicó.

Roberto asegura que “ser voluntario es muy difícil, todos los años nos capacitamos porque sin dudas estar en contacto con alguien que está sufriendo no es fácil, nos preparamos para eso, nos capacitamos. Me gustaría que fuéramos más para poder hacer más tareas, no solo en el hospital, sino también en otros lugares y también visitar a personas que no pueden salir de sus casas”.

Respecto de como llevar adelante esta acción generoso y llena de amor, Cirbián hace hincapié en la preparación, y cuenta que “con nuestra tarea lo que hacemos es enfrentar el dolor. Yo pase por un momento muy doloroso como es la pérdida de un hijo, sufrí y sufro por eso, soy consciente de que mi hija no está físicamente, pero sé que haciendo esta tarea esto ella está conmigo y con mi señora, todos los días, acompañándonos, y dándonos fuerzas para seguir adelante”.

También explicó que “frente a un dolor tan grande como la pérdida de un hijo, uno tiene dos caminos, o ponerse a llorar y sufrir y decirse, mirá lo que me pasó, o como el ave fénix, resurgir de la cenizas, sabiendo que esa situación está pero pensando cómo salir adelante. Eso es la resilencia, con mi señora sabemos que el dolor está, pero le ponemos todas las fuerzas para salir adelante”.

El fundador de La Risa Sana, señaló que “para nuestra tarea nos acompaña una psicóloga, ella no hace de payaso, nos hace la contención que necesitamos, porque muchas veces salimos dolidos, entonces después de cada intervención nos reunimos entre nosotros y charlamos con ella para contenernos, porque es difícil saber que a muchas personas la última sonrisa se la hemos sacado nosotros, esas cosas te tocan, y entonces ese dolor lo guardamos y lo dejamos en una cajita”.

Para finalizar, Roberto Cirbián, aclaró que “en realidad, quienes vamos al hospital no somos nosotros, sino que, cuando nos cambiamos ya dejamos de ser nosotros para convertirnos en payasos” y aseguró que llevar adelante esta tarea, “es un excelente negocio, porque nos traemos el doble de lo que entregamos en satisfacción y alegría”.

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