Editorial: Siempre el dólar
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Editorial: Siempre el dólar

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El salto acelerado que experimentó el dólar blue en la semana volvió a poner en evidencia las carencias de la estructura económica argentina, como así también el debilitamiento de la economía nacional. La incertidumbre derivada del mercado cambiario representa el más nefasto impuesto que un país puede tener.

La cultura económica de los argentinos, atada directa o indirectamente a la cotización de la divisa estadounidense, hace que quienes tengan la posibilidad de ahorrar lo hagan en dólares, accediendo a ellos pese a las restricciones vigentes o a los exacerbados valores que ofrecen las casas de cambio.

Sin embargo, el problema real se da en la economía cotidiana, aquella con la que convivimos y donde poco importa el acceso al «blue». No obstante, el derrame de sus efectos golpea fuerte a un sector de la población que apenas se sostiene sobre la línea de pobreza.

La suba del dólar (oficial, blue, ahorro, contado con liqui) enciende alarmas, ya que no solo se dispara el proceso inflacionario, si no que se ven afectados también aspectos clave como la demanda de créditos, la caía del consumo, las inversiones, el deterioro del poder adquisitivo de los asalariados y la contracción generalizada de la actividad, efectos negativos y harto conocidos por los argentinos.

En su mayoría, los analistas sostienen que es difícil imaginar que el dólar blue pueda bajar en el corto plazo, no descartan que en los próximos días el precio por unidad siga creciendo, advierten sobre la posibilidad de una crisis cambiaria y aseguran que «el mercado» ya no cree que las medidas que el Gobierno toma vayan a funcionar.

Ante este escenario no son pocos los empresarios que deciden retener mercadería por temor a no poder reponerla, mientras que otros tantos siguen incrementando la demanda al considerar que los precios de hoy mañana serán otros. En esa fricción se empieza a notar faltantes de productos que preocupan.

Con muy poco de credibilidad estos mismos dieron comienzo al coloquio de IDEA con una frase inteligente: «en la Argentina estamos destruyendo riqueza hace muchos años», presentó en un documento el economista Santiago Bulat. Ante esto, solo nos preguntamos ¿quiénes? El empresariado argentino y el Gobierno (anterior y actual) deben ser autocríticos ante la realidad social y económica que atravesamos. No pueden simplemente comentarla con una sinceridad que parece excluirlos de responsabilidad.

El índice de inflación en alza, el aumento reciente del precio del combustible y el anuncio de descongelamiento de las tarifas a partir del mes de diciembre se suman a este panorama complejo, con una crisis derivada de la pandemia que poco contribuye a la posibilidad de proyectar un modelo económico sostenible y que genere confianza política en el oficialismo teniendo en cuenta que el próximo es un año electoral.

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