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Editorial – ¿Qué consumimos?

Independientemente de las especulaciones que dan cuenta de una disputa implícita en la que priman aspectos económicos y factores de poder, la sociedad requiere de una normativa clara

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El no tratamiento parlamentario de la iniciativa vinculada al etiquetado frontal que busca advertir sobre los excesos de grasas, sodio y azúcar en los productos alimenticios – y que se vio frustrado esta semana por falta de quorum- reabre una serie de interrogantes que se relaciona de manera directa con la falta de información de lo que se consume en Argentina y los efectos negativos que esto puede provocar en la salud de la población.

El tema, si bien está instalado en la agenda desde hace tiempo, cobró relevancia en los últimos días. Y en ese marco, precisamente, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) emitió un comunicado en el que dejó de manifiesto que como país estamos «en las peores cifras de Latinoamérica que ya eran tremendas en el 2019 con la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud».

Dando continuidad a ese lineamiento puesto de manifiesto por la SAP, médicos y especialistas en Nutrición subrayaron «la importancia» de contar con datos específicos en las etiquetas, más aún en un contexto de pandemia en el que el sobrepeso y la obesidad se han incrementado de manera exponencial principalmente en el caso de los menores de edad.

En medio de las elucubraciones políticas que tuvieron luego de la frustrada sesión en el Congreso, la COPAL (Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios) se encargó de aclarar que «contrariamente a lo que se pretende hacer creer», la industria siempre apoyó la implementación de un sistema de etiquetado frontal en los alimentos y bebidas que se comercializan en el país.

Independientemente de las especulaciones que dan cuenta de una disputa implícita en la que priman aspectos económicos y factores de poder, la sociedad requiere de una normativa clara y de una metodología de control confiable y veraz que contribuya a mejorar la salud y la calidad de vida de cada uno de los habitantes. Y que, al menos, posibilite decidir individualmente qué consumir y qué no siendo conscientes de lo que hacemos.

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