Editorial: Orgullo e identidad
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Editorial: Orgullo e identidad

El desmembramiento de los servicios y el cierre de ramales ocasionaron daños irreparables.

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El viernes 11 de junio, cuando la COOTTAJ finalice su asamblea general extraordinaria y eleve el acta correspondiente, los talleres ferroviarios locales volverán a manos del Estado nacional. El trámite será una mera formalidad, un paso burocrático necesario, que culminará con un largo periplo de gestiones, y no solo garantizará la continuidad laboral de unos 50 trabajadores sino que además tendrá desde lo simbólico un valor agregado inmenso.

El ferrocarril supo ser para esta ciudad motivo de orgullo durante largo tiempo. Generaciones de juninenses crecieron a la luz que irradiaban los talleres y supieron forjar una identidad que marcó a fuego la idiosincrasia local.

Los años dorados del siglo pasado, contextualizados por la aplicación de una serie de políticas propias de los estados de bienestar de la época, dieron continuidad y brillo a un modelo de desarrollo que había llegado desde Inglaterra para modernizar y para consolidar una cultura de trabajo y de pertenencia que aún persiste, que sobrevivió al abandono y que permanece con vida.

Pueblo Nuevo, Villa Belgrano, Villa Talleres se levantaron al calor de la actividad ferroviaria. Sus vecinos, sus comercios, sus calles, sus referentes se vieron surcados por el ánimo y por el vigor de miles de obreros que lograron posicionar a Junín en el centro de la escena geográfica argentina, hasta que sobre el inicio de la década del 90 el ex presidente Menen tomó la decisión de poner fin a una etapa que había vinculado a toda la región con el progreso y con la inclusión.

Trágico e inexplicable fue lo que de ahí en adelante debieron padecer tantísimos ferroviarios. El desmembramiento de los servicios y el cierre de ramales ocasionaron daños irreparables, dejaron poblaciones aisladas y significaron la pérdida de fuentes de trabajo genuinas. Pero en Junín, ni el olvido ni la adversidad lograron quebrar el espíritu de un puñado de laburantes que desde la COOTTAJ luchó y resistió, pese a todo. Contra viento y marea.
Hoy, después de casi 30 años, ese esfuerzo tiene su premio y es, otra vez, motivo de orgullo para la ciudad.

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