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Opinión

Editorial: Las graves consecuencias del juego

La ludopatía es una enfermedad emocional de naturaleza progresiva. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como «un trastorno caracterizado por la presencia de frecuentes y reiterados episodios de participación en juegos de apuestas, los cuales dominan la vida del enfermo en perjuicio de sus valores y obligaciones sociales, laborales, materiales y familiares».

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La ludopatía es una enfermedad emocional de naturaleza progresiva. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como «un trastorno caracterizado por la presencia de frecuentes y reiterados episodios de participación en juegos de apuestas, los cuales dominan la vida del enfermo en perjuicio de sus valores y obligaciones sociales, laborales, materiales y familiares».
La falta de esperanza, de un proyecto de vida y la baja estima de sí mismo van generando dependencias que limitan la libertad de las personas.
Esta patología, en la Argentina se ha ido acentuando, inclusive en la actualidad afecta al dos por ciento del total de la población, es decir a poco menos de un millón de personas, generando serios problemas sociales y consecuencias de desvinculación, según los especialistas.
En los últimos años se crearon en el país más de 40 casinos. A eso se suman las salas de bingo que en el interior del país han llegado para quedarse y transformar hábitos. La incentivación al juego se manifiesta también desde la publicidad y desde algunos medios de comunicación que buscan atraer a lectores y televidentes a través del azar.
El rol del Estado es central ante esta problemática. Por un lado, debe dedicar recursos económicos para atender los efectos de esta adicción. Por otro, tiene que regular con transparencia la actividad del juego de azar con límites de horarios y lugares de funcionamiento, cuidando especialmente a los pobres.
Es muy importante fortalecer la moral de la ciudadanía y evitar toda corrupción. La justificación de que la legalización de las ofertas de juegos online reduce el juego clandestino o el supuesto destino para fines sociales de lo recaudado no debe ser óbice para la protección por parte del Estado hacia los grupos más vulnerables.
Ya en el Documento «Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad 2010-2016», los obispos de Comisión Episcopal de Pastoral Social habían señalado con preocupación que «en todo el país se ha multiplicado la oferta del juego de azar», en referencia a una actividad de carácter lucrativa, privada o estatal, lo cual puede favorecer actitudes adictivas.
Resulta fundamental, también, el papel de la educación y de la prevención, sustentados en la fortaleza de las instituciones que forman cada comunidad.

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