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Editorial: Glifosato, ¿medioambiente en riesgo?

Su aplicación en tierras de cultivo penetra en el suelo, se filtra en el agua y sus residuos permanecen en los cultivos

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El glifosato es un herbicida que ha sido clasificado por la Organización Mundial de la Salud como «probablemente cancerígeno para los seres humanos».

Su aplicación en tierras de cultivo penetra en el suelo, se filtra en el agua y sus residuos permanecen en los cultivos: «está en lo que comemos, en el agua que bebemos y en nuestros cuerpos», aseguran especialistas vinculados a Greenpeace, quienes más de una vez han denunciado los potenciales efectos dañinos del glifosato para la salud humana.

En zonas de producción agropecuaria los ambientalistas han solicitado en más de una oportunidad que no se permita que pesticidas como el glifosato, de probabilidad cancerígena, sean aplicados a cero metros de las casas, efectores de salud, clubes, que están en la periferia de las localidades, poniendo en serio riesgo de exposición involuntaria a dicho tóxico.

Esta semana, la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (FeArCA) recomendó a la comunidad aeroagrícola minimizar el uso habitual del PA glifosato, limitándolo a los casos que sean específicamente indispensables y prescriptos por profesionales. La entidad solicitó a su vez «no aplicar en forma aérea el herbicida en cercanías de zonas sensibles, zonas de amortiguamiento, escuelas rurales y centros urbanos, para resguardar el medio ambiente y la salud pública».

El herbicida más usado del mundo acumula denuncias y condenas millonarias en Estados Unidos. En Argentina, según datos oficiales del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), en 1995 se utilizaron 42 millones de litros de herbicidas. En 1996 se aprobó la primera soja transgénica (de Monsanto) y el crecimiento del uso de herbicidas fue geométrico: 252 millones de litros en 2011 (último año publicado por el INTA). El glifosato es el principal herbicida utilizado. En 2016, datos de la Casafe (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes) llegó a 290 millones de litros anuales.

En este contexto, la agricultura ecológica surge como alternativa para proteger la salud y el medio ambiente, contribuyendo con la salud del planeta si se toman medidas adecuadas priorizando la ecología, la biodiversidad y la producción de alimentos sanos.

El cuidado del medio ambiente, de “la casa común” en palabras de Francisco, plantea la necesidad de discutir las normativas vigentes en la materia, considerando los intereses que estas discusiones puedan afectar, mas cuando la salud está en juego. Proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral.

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