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Dulbecco, un apellido juninense asociado íntimamente a la medicina

Los memoriosos, aquellos que peinan canas, los nietos que gustosos escuchan historias de su ciudad en boca de padres o abuelos, seguramente a lo largo de décadas habrán escuchado el apellido Dulbecco, en más de una oportunidad.

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Es que se trata de una de las familias que más médicos ha dado a Junín a lo largo de los años. Alberto, Carlos –padre e hijo-, Fernando –Pérez Izquierdo-, Enrique, Eduardo, Euler, Fabián.
Los cuatro últimos pertenecen a una misma generación. Todos hijos – junto a Grisel, Instrumentadora Quirúrgica-, del ya fallecido Eduardo Enrique “Chinchin” Dulbecco, ingeniero civil y profesor del Nacional y Ana María “Bacha” Sharry.

EN EL RECUERDO

“Chinchin me dejó una impronta muy particular. Lo consideré un distinto, como muchos amigos me dicen. Consejero, compañero, amigo de los chicos. Su misión –como profesor- era que todos tenían que intentar por lo menos, desarrollar y estudiar una carrera universitaria”.
Con estas palabras comenzó la entrevista con Fabián Dulbecco, médico gastroenterólogo que a los 60 años y con poco menos de 40 años de profesión, decidió “colgar el título” y alejarse de las consultas y prácticas médicas.
“Era un hombre rígido que tenía marcada la diferencia entre padre e hijo y con mis hermanos compartimos mucho ese modelo”
“Chinchin” había viajado a La Plata junto al amigo que con el tiempo se convertiría en familia, Fernando Pérez Izquierdo, “a estudiar medicina a La Plata con su moto, una Norton 500 aquella famosa que usó el que el Che en su viaje por Latinoamérica” rememora Fabián
Ellos eran amigos e iban juntos a la Facultad de Medicina pero en el camino papá cambió el rumbo y se volcó por la ingeniería civil. Más allá de eso, “toda la vida fue un amante de la medicina”.
Pasarían los años y llegarían los hijos. “El mayor es Enrique, traumatólogo en Junín, formado en el Hospital Italiano. Un hombre serio, exigente”, luego Eduardo, que de la cirugía general entraría en el Hospital Güemes con “René. Terminó la residencia y cuando se inaugura la Fundación, fue a uno de los primeros médicos que se llevó. Trabajaron juntos hasta el desenlace fatídico” que terminó con la vida del Dr. Favaloro. Están además Grisel, que si bien “está alejada, es instrumentadora quirúrgica” y Euler, médico psiquiatra radicado en la actualidad en el sur del país.
“Yo soy el tercero –sostiene Fabián Dulbecco-, “ y hasta la semana pasada ejercí la profesión de médico gastroenterólogo, endoscopista. Y decidí retirarme.
Formado académicamente en el Hospital Udaondo luego de finalizar sus estudios de medicina. Allí hice mis primeras endoscopías. Me formé”.

EL REGRESO A JUNIN

De su regreso a la ciudad natal, recuerda que si bien su idea era quedarse en Capital “donde tenía propuestas laborales, me tiró la ciudad. Volver a estar con mis viejos. Ya era papá (de Matías, nacido en 1986) y se me hizo muy duro Buenos Aires con un hijo pequeño. Pero además, ya había empezado a cambiar” la Capital.
A pesar de radicarse en Junín, “seguí conectado con La Plata, el Hospital San Martín, mis antiguos jefes”.
Con el correr de los años, Fabián Dulbecco llegó a ser Jefe del servicio de Gastroenterología del Hospital, hasta su retiro

UNA ENFERMEDAD INESPERADA

La agresión física que sufrió por parte de familiares de una paciente, una hemorragia interna y una endoscopía, cuando tenía apenas 40 años, le cambiaron la vida. Y lo recuerda durante la entrevista, sin rencor, sin siquiera un dejo de bronca. Es cierto que transcurrieron ya 18 años.
“Fue en el 2000 – cuando vuelvo de un viaje de Alemania y tenía en el hospital a una paciente muy grave. Fue cuando tuve un disgusto muy feo cuando un sábado, los familiares de la paciente me golpearon. Llegué a mi casa muy mal, con una hemorragia interna. Un amigo –el Dr. José Luis Catuzzo-, me hizo la endoscopía. Esa tardecita de sábado estábamos solos en el Sanatorio y sin anestesia, durante el estudio “encontramos la enfermedad. Me fui a casa, le dije a Laura –su ex mujer- que tenía un tumor y había que resolverlo. Salimos con Enrique –su hermano- para Buenos Aires y ese lunes a la mañana, me operan”.
Durante la cirugía “tengo una complicación severa y entré en paro. Estaba lúcido. No lo soñé. Fue cuando vi mi cuerpo en la camilla de recuperación y a los médicos esforzándose por salvarme hasta que perdí el conocimiento. Y luego me despierto en terapia y con respirador. Cuando tuve acceso a mi historia clínica vi el paro. Y como viví la muerte sé que nacemos para morir. Y como no elegimos nacer tampoco el momento en el que nos vamos a morir. Por eso, hay que hacerse amigo de la muerte. Tomarla como algo natural”.
Luego llegarían diez meses completos de quimioterapia, y con el tratamiento seguiría descubriendo nuevas enseñanzas de vida. “Estaba muy mal anímicamente. Tenía cuarenta años y mi único ingreso era la medicina. Pasé a cobrar un subsidio de la Caja y otro del Círculo Medico. Recibís el apoyo económico del subsidio, pero estás solo”.
Y en el camino del aprendizaje, “conviviendo con un cáncer me hice amigo de la enfermedad. Nunca volvés a respirar y hoy sé que soy un paciente que está en remisión. La acepté. He pasado momentos críticos pero tengo la capacidad para encontrar un lugar para salir”.

EL RETIRO

Elegí retirarme de la profesión. Consideré que había trabajado mucho tiempo –casi 40 años-, hice en mi especialidad casi todo. Tuve la dedicación absoluta como endoscopista sabiendo cuáles eran los límites porque hay que ser muy prudente. En un movimiento con una pinza podemos producir un dolor o complicación que después es muy difícil de resolver”.

LO MEJOR Y LO PEOR

“Lo mejor que me dejó la medicina es la enseñanza y lo peor la muerte porque no lo podes resolver”


DULBECCO, UN PREMIO NOBEL

Renato Dulbecco fue un médico italo-norteamericano que dedicó su vida a la investigación en Bacteriología.
Sus estudios en tumores y en especial a los efectos de los virus sobre las células, le permitió alcanzar en 1975 el Premio Nobel de Medicina o Fisiología junto a David Baltimore y Howard Temin

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