Disautonomía: vivir con distintas temperaturas en el propio cuerpo - La Verdad Online de Junín, Buenos Aires, Argentina
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Disautonomía: vivir con distintas temperaturas en el propio cuerpo

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Gabriela Bosetti tiene 31 años y en los últimos meses su vida dio un giro inesperado. Hace un año viajó a Francia a hacer un posdoctorado y en mayo, cuando llegó el calor, comenzó a sentir una excesiva transpiración en los pies. Hizo la consulta médica y le diagnosticaron hiperhidrosis.

La situación empezó a ser cada vez más compleja: «Mis pies se ponían blancos y empezaba a lastimarse mi piel, incluso padecí situaciones sociales muy feas, como discriminación por el olor y el aspecto de las lesiones», relató Bosetti en diálogo con DIB.

«Desesperada», sostuvo, comenzó un raid por decenas de especialistas. «Fui a todo tipo de médicos, endocrinólogos, dermatólogos, generalistas, me hicieron estudios de todo y salía como que estaba normal, hice tratamientos de iontoforesis, de cloruro de aluminio y seguía estando exactamente en el mismo punto», subrayó la joven.

Ante el malestar, comenzó a investigar y encontró un informe sobre la existencia de una operación que, explicada en términos sencillos, constaba en «colocar clips en algunas terminaciones nerviosas para evitar que llegue al cerebro tanta señal de transpirar a los pies», puntualizó.

Gabriela estaba en Francia, en el «primer mundo». ¿Qué podía salir mal? «Confié. El médico me dijo que todo iba a correr por la seguridad social, por lo que no tuve que pagar extra y claramente pensaba que estaba aumentando mi calidad de vida», remarcó la joven Licenciada en Sistemas y Doctora en Informática.

La operación se realizó en una clínica. El médico le había dicho que no iba a tener secuelas y que en dos semanas ya iba a poder salir a correr. Pero las cosas fallaron. «Cuando me empecé a levantar para recuperar mis actividades cotidianas me di cuenta de que no podía pasar mucho tiempo parada porque se me ponían los pies hirviendo, se me hinchaban, se me ponían rojísimos y el dolor era insoportable», confió Bosetti, quien desde octubre está en esa situación de incomodidad y dolor. «Me paso la mayor parte del día con los pies arriba o con los pies en agua, porque alcanzan temperaturas de fiebre, 38 grados, y los pies normalmente no llegan a más de 32 o 33 grados», puntualizó.

La situación de Gabriela es tan grave porque en la intervención, según explicó, le cortaron los nervios, a la altura de la zona lumbar. «Me cortaron más bajo de un lado y más alto del otro, esto me genera un desequilibrio que me hace convivir con cuatro temperaturas distintas en el cuerpo», precisó. «No duermo más de tres horas seguidas y me despierto, se me seca la garganta, se me secan los ojos, se me abre un ojo cuando duermo», describió, y añadió: «Estoy cansada de sentir todo el día dolor, no hay medicamento que lo alivie».

Una vez que llegó a Argentina, en diciembre, consultó a especialistas locales, quienes sorprendidos por la operación que le realizaron, le diagnosticaron disautonomía. «Mi sistemas simpático y parasimpático no regulan bien, por lo que me genera el problema de los pies y otros problemas como que se me congelan las manos», ejemplificó.

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