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Desde Bartolomé hasta Alberto, un siglo y medio de retenciones

Las retenciones al sector agropecuario argentino tienen 158 años de antigüedad. A lo largo de este siglo y medio siempre el justificativo fue el mismo: el control de cambio, evitar devaluaciones y la lucha contra la pobreza. Hoy, las sucesivas devaluaciones han destruido el signo monetario y la pobreza afecta a 4 de cada 10 argentinos. A continuación, la historia de las retenciones al agro.

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Por: JOSE LUIS AMADO
-Periodista Agropecuario-

Según el historiador, investigador y docente, Mario Rapoport, el origen de las retenciones a las exportaciones se remonta a 1862, bajo la presidencia de Bartolomé Mitre. Desde entonces se registraron numerosos idas y vueltas con diferentes alícuotas y formas de aplicación. Durante varios años no se aplicaron, como en la década del 20 y 30, pero lo más destacado comienza a partir de 1946 cuando el gobierno de juan Domingo Perón reforzó el control sobre el comercio exterior con la creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio. El IAPI realizaba la comercialización externa de las cosechas argentinas, en sustitución de empresas como Bunge & Born o Dreyfus. Operaba como el único comprador de cereales y oleaginosas en el mercado interno y los precios eran fijados por el Estado. Este organismo funcionó hasta septiembre de 1955. Un par de meses después la denominada Revolución Libertadora, que lo había disuelto, impuso derechos de exportación por el 25%, incluyendo a los cereales, carnes y otros productos del agro.

En 1958 fue Arturo Frondizi quien volvió a retocar las retenciones, pero no las eliminó. A lo largo de la década de los años sesenta el régimen de derechos de exportación se ajustó en diversas ocasiones, aunque como regla general las alícuotas se mantuvieron bajas. Decían que la finalidad del esquema era contrarrestar los efectos del tipo de cambio (durante la presidencia del Dr. Illia la moneda local se devaluó nueve veces). Por ejemplo, desde abril de 1965 las alícuotas vigentes fueron del 13% para el trigo, 9,5% a las carnes y 6,5% al maíz.

En marzo de 1967, cuando el ministro Krieger Vasena introdujo una serie de medidas que incluyeron la devaluación del peso que pasó de 280 a 350 unidades por dólar, se aplicaron derechos aduaneros al agro de entre 20 y 25%.

Durante la década del 70, varios ministros de economía fueron recurriendo a los derechos de exportación en la medida que iban necesitando dólares frescos. Incluso cerrando exportaciones como ocurrió en 1974. En 1976 el gobierno militar eliminó algunas barreras a las exportaciones, no todas, y las volvió a poner en 1982 con Roberto Alemann como ministro.

El gobierno democrático de Raúl Alfonsín también recurrió a los derechos de exportación para fortalecer las alicaídas arcas fiscales, aunque las alícuotas aplicadas fueron decreciendo a lo largo de su gestión. Finalmente, en 1987 fueron eliminadas todas las barreras a trigo y el maíz.

El arrepentimiento
El 16 de noviembre de 1989, Raúl Alfonsín otorga una entrevista al diario El Litoral de Santa Fe, en esta nota dijo: “… sin perjuicio de otros muchos errores…, por ejemplo el Ministro de Economía (se refiere a Juan Vital Sourruille), cuando lanzamos el Plan Primavera me propuso volver a poner las retenciones al sector agropecuario, y yo sin consultar a ningún colaborador le dije que no porque me parecía que no estaban dadas las condiciones políticas para ello. Y eso hizo más vulnerable el Plan (Primavera)”.

Menemismo y década del 2000
A partir de 1991, Carlos Menem, en el marco de los esfuerzos de estabilización y con miras en dotar a la economía de una mayor apertura, eliminó los derechos de exportación sobre todo a los cereales, mientras que para soja y girasol continuaron con una alícuota del 3,5% a lo largo de toda la década menemista e incluso con de la Rúa.

Las retenciones reaparecieron con el decreto 310/02 de febrero de 2002 que firmó Fernando de la Rúa. Justificó su aplicación la «grave situación por la que atraviesan las finanzas públicas» y en la necesidad de «atenuar el efecto de las modificaciones cambiarias sobre los precios internos». Inicialmente, las alícuotas fueron del 10% para trigo y maíz y del 13,5% para soja y girasol. A partir de abril de 2002 los porcentajes subieron a 20% en cereales y 23,5% en oleaginosas, mientras que harinas y aceites de soja y girasol comenzaron a tributar un 20%.

En enero de 2007 la resolución 10/07 del Ministerio de Economía y Producción del gobierno de Néstor Kirchner, incrementó las alícuotas en un 4% para el complejo soja, quedando en 27,5% para el grano. Esta vez la medida se apoyó en el hecho de que la «demanda crece de manera sostenida» y tras su aplicación «la rentabilidad del sector productivo seguirá siendo adecuada».

Tras las elecciones de 2007 el gobierno saliente de Néstor Kichnner, a pocos días de entregar el mando a su esposa Cristina Fernández, modificó todo el esquema. Esta vez en la búsqueda de «reducir los precios internos y consolidar la mejora de la distribución del ingreso». El maíz comenzó a pagar retenciones del 25% y el trigo del 28%, mientras que las alícuotas de soja y girasol se incrementaron hasta un 35%.

Hace 12 años, el 10 de marzo de 2008, Martín Lousteau, ministro de Economía de Cristina Fernández, presentó la Resolución 125. Era un mecanismo que llevaba el 35% de ese momento hasta casi el 50% del valor de la soja más todos los demás impuestos normales que paga cualquier empresario. Se desencadenó una protesta que terminó en una crisis política y social inusitada. Duró 4 meses y terminó con el desempate dentro del senado de la Nación y el famoso voto “no positivo” del expresidente Julio Cobos. Lo demás es historia reciente.

Como en un loop eterno, los mismos problemas, las mismas discusiones, las mismas ideas, las mismas crisis, las mismas quejas… y así siempre. Hay una frase que dice: «Si te vas dos semanas de Argentina, volvés y cambió todo. Pero si te vas 10 años y volvés, no cambió nada». Desde hace décadas este país vive procesos y políticas similares. Lo único que cambia es el porcentaje de personas pobres que, lamentablemente, es cada vez mayor.

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