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Demasiado tiempo perdido en la búsqueda del camino para el desarrollo del país

Escribe Ing. Abel P. Miguel (*)

Cuando el 10 de diciembre de 1983, luego de tantos años de desencuentros, violencia política, censura y represión, asumía el gobierno elegido por la voluntad mayoritaria del pueblo, encabezado por Raúl Alfonsín, la gente sin distinción de banderías expresó una sensación de alegría y esperanzas generalizada

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Escribe Ing. Abel P. Miguel (*)

Cuando el 10 de diciembre de 1983, luego de tantos años de desencuentros, violencia política, censura y represión, asumía el gobierno elegido por la voluntad mayoritaria del pueblo, encabezado por Raúl Alfonsín, la gente sin distinción de banderías expresó una sensación de alegría y esperanzas generalizadas, como hacía muchos años no se
vivía. Los que asumimos en aquella oportunidad (en mi caso en el municipio de Junín), fuimos actores privilegiados de aquella gesta.
Los argentinos anhelábamos fervientemente superar el trágico periodo vivido recientemente y comenzar a transitar la normalidad política e institucional, a través de la convivencia civilizada en paz y armonía.
Aquel gobierno ejemplar que encabezó Raúl Alfonsín, más allá de algunas falencias, en particular en lo económico, inició la etapa trascendente de consolidación definitiva de las instituciones de la república que nos ha permitido vivir estos 35 años de plena democracia y libertad.
Como hito histórico solo baste mencionar que se logró el juzgamiento y condena a los militares responsables del terrorismo de Estado que sufrió nuestra sociedad, una decisión valiente como no ha habido otra en el mundo.
Sin embargo, aspectos de la grieta, tan de moda en nuestros días, comenzaron en aquel gobierno de la democracia recuperada. Superada la euforia democrática, la oposición inició una sistemática campaña de desgaste al plan de gobierno del presidente Alfonsìn. Esta campaña tuvo como columna vertebral los 13 paros generales que decretò la Confederaciòn General del Trabajo (CGT) durante aquella administración. El tardío arrepentimiento de Saúl Ubaldini no enmendaba el daño causado a un gobierno de transición como aquél.
Lamentablemente, por la miopía de la dirigencia, la visión hegemónica de la política, por anteponer los intereses particulares al interés general del país y su gente, desde aquel 10 de diciembre de l983 hasta nuestros días, no ha sido posible a través de los sucesivos gobiernos acordar políticas de estado sobre temas fundamentales que hacen al desarrollo del país y el bienestar de su pueblo.
La resolución de estas cuestiones en los últimos 35 años deja mucho que desear. La república en su conjunto, sufrió el mayor deterioro que se tenga memoria, en los 12 años de gobierno Kirchnerista. Nuevamente, hemos desaprovechado una extraordinaria oportunidad de crecimiento, a juzgar por la importante producción, en particular agropecuaria, y los elevados precios internacionales de la misma.
Todos nuestros países vecinos han avanzado y aprovechado esta circunstancia económica favorable. Pese a ese extraordinario crecimiento, la Argentina ha retrocedido en sus indicadores económicos y sociales.
A partir del año 2015 los argentinos iniciamos un camino distinto tendiente a integrarnos al mundo y recuperar el aislamiento sufrido durante el anterior gobierno
Populista. Sobre este nuevo camino se están construyendo las bases del desarrollo, en
particular obras de infraestructura tales como: rutas, ferrocarriles, hidráulicas y de energía entre otras, como hacía muchos años no veíamos.
A pesar de la enorme dificultad económica heredada y de errores propios del actual gobierno, se advierte también un importante esfuerzo en ayuda a los sectores más desprotegidos de nuestra sociedad.
Este camino, que aspira al crecimiento y desarrollo sostenido tendría que haberse iniciado en nuestro país hace varias décadas atrás, si hubiéramos tenido la grandeza y la inteligencia de acordar políticas comunes, como antes se ha expresado, en los temas
fundamentales de educación , tecnología, infraestructura, valor agregado, producción
y empleo. Si así hubiera sido hoy tendríamos un nivel de vida acorde al potencial productivo y humano que posee nuestro país.
Desde luego que no se trata de quedarse en el lamento del tiempo perdido, todo lo
contrario, es momento de tomar conciencia del esfuerzo que deberemos realizar los argentinos para alcanzar ese futuro de grandeza que nuestros antepasados avisoraron
y pusieron en marcha , como ocurrió cuando cumplimos el primer centenario de la independencia, momento en que la Argentina ocupaba uno de los primeros lugares en el mundo por su extraordinario crecimiento económico.
El momento que estamos viviendo, está plagado de dificultades y está exigiendo sacrificios extraordinarios al pueblo en su conjunto: trabajadores, pequeños y medianos empresarios de la producción y el comercio, entre otros.
Muchos tenemos la esperanza de que esta vez el esfuerzo valdrá la pena. Se ha iniciado un camino distinto acorde con los países emergentes y en vías de desarrollo.
Demasiado tiempo nos está costando a los argentinos encontrar el camino común que nos lleve a un futuro mejor. Treinta y cinco años de democracia es demasiado.
Quiera el destino que esta vez encontremos el camino.

(*) Intendente Municipal de Junín
1983-2003

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