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Cumplió con la Justicia pero la sociedad no perdona

El rostro del abusador y acosador se multiplicó en las últimas horas por centenares en las redes sociales.

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Vive en situación de calle. Viste generalmente un jeans y una camisa. Cubre su cabeza con una gorra negra con vicera y lleva en sus manos un libro que simula leer mientras no pierde detalle de lo que sucede a su alrededor.

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Apenas se detiene en un banco de la plaza 25 de Mayo o se sienta en cualquier espacio medianamente cómodo, alguien lo descubre y genera distinto tipo de reacciones.

Hay quienes le sacan fotografías y las suben a las redes pero la mayoría llama al 911 y denuncia la presencia de C.G.B, “el violador”.

Mucho no pueden hacer los efectivos policiales. Se le acercan, le piden que se identifique, consultan el sistema informático y al no presentar ningún requerimiento judicial le permiten que siga su camino con algunas advertencias o sugerencias. Que siga camino. Que se vaya a dormir al hospital. Que la gente cuando lo ve se pone nerviosa.

¿Un callejón sin salida?
Por un lado la comunidad que ha decidido imponerle una condena social ante lo que consideran la falta de respuesta de las autoridades.
Por el otro, las fuerzas de seguridad que sólo pueden calmar las aguas concurriendo al llamado de los vecinos.
E indudablemente, una familia que le dio la espalda y hoy lo tiene en situación de calle.

El pasado lo condena
C.G.G.B. no tiene más de 40 años y un pasado delictivo que lo asocia al más aberrante de los crímenes.
Con 18 años, la madrugada del 1 de enero de 1997 abusó y asesinó a su sobrina de 12 años, María Soledad González, en un descampado ubicado en inmediaciones de Avenida La Plata y Tucumán.
Aquella jornada se celebraba la llegada de un nuevo año que para la familia terminaría de la peor manera.
Acompañó a su hermana a radicar la denuncia por la desaparición de la niña, ayudó en la búsqueda y ese mismo día a las 16:30 terminaría imputado.

Llegarían el juicio oral y la condena
La cumplió alojado en la Unidad Penitenciaria 13 y no por demasiado tiempo, beneficiado por el “2 por 1” y por penas impuestas propias de aquellos años.

Lo que hoy podría convertirse en una condena a prisión perpetua, a fines de la década del 90 podía rondar los 12 o 15 años.
Pasado cierto tiempo reingresaría a la cárcel en el marco de una causa por amenazas calificadas resuelta en juicio abreviado y con la imposición de algunos meses tras las rejas.

También llegaría a juicio oral imputado por el homicidio de Armando Solís, un vecino de Laprida y Dulbecco cuyo cuerpo fue encontrado la tarde del domingo 10 de enero de 2011.

Entonces, por falta de pruebas, el Tribunal Criminal Oral 1 lo absolvió y volvió a recuperar la libertad.

No terminó todo allí
En el 2015 y por espacio de dos años acosó y amenazó a una mujer transformando su vida en un verdadero calvario.
Con el correr de los meses la insistencia de C.G.B. le fue dando paso a la obsesión.

Llegaba a llamarla treinta veces por día, la seguía a distancia, la amenazaba de forma brutal.

La policía y la Fiscalía 6 a cargo de la Dra. Fernanda Sánchez actuaron rápido. Entre el momento de la denuncia y la detención, apenas transcurrieron 15 días. Volvería a la calle el 3 de febrero próximo pasado. Y ya nada volvería a ser lo mismo.

Muchos juninenses reaccionaron a partir de difundirse en redes sociales sus fotografías, antecedentes y acusaciones.
Mientras tanto, la sociedad, conmocionada, se enteraba que una situación similar a la vivida por María Soledad González en 1997, se repetía el 25 de febrero en una casa quinta del barrio Ricardo Rojas.
Aquella tarde de domingo, Camila Borda, con apenas 11 años era abusada y asesinada. El imputado, José Carlos Varela era detenido horas después y desde entonces permanece tras las rejas en una unidad penitenciaria de la provincia.

¿Psicosis?
El nivel de psicosis llegó a extremos impensados. Una mujer fue sorprendida mientras descansaba en el dormitorio de su departamento, por un hombre con los pantalones bajos. Los gritos pidiendo ayuda obligaron al individuo a escapar saltando un tapial. Cuando llegaron agentes de seguridad, señaló a C.G.B.

Intervino la fiscalía que aborda temas relacionados con violencia de género y fue aprehendido. Pero cuando llegó el momento de identificarlo en rueda de reconocimiento, el resultado no fue el esperado. Estuvo aprehendido poco más de 48 horas.
Más allá de las denuncias públicas contra el individuo, nadie volvió a radicar una denuncia y por ende tampoco dan lugar a que actúe la justicia.

Con el correr de las semanas, el rostro del abusador y acosador se multiplicó por centenares en las redes sociales.
Hoy, en situación de calle, se desplaza por Junín con un libro en las manos. Apenas lo reconocen, llegan las denuncias. No se sabe dónde descansa ni por qué calles se traslada sin destino. Pero el temor crece en una sociedad que decidió condenarlo.

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