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Conocer Europa vale la pena

Siguiendo el consejo de algunos amigos, elegí cuatro destinos.

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Soy consciente de que me gusta más conocer grandes capitales o ciudades que paisajes y naturaleza. Londres es una bella ciudad donde es tan imponente su vieja arquitectura como lo moderno.

Sinceramente, me deslumbró su parte financiera, sus nuevos edificios como The Shard, El Pepinillo y muchísimos otros que, sin ser conocidos, forman parte de un paisaje futurista muy bello. Y obvio, los clásicos de una ciudad con tanta historia como la Torre de Londres, el Palacio de Buckingham, la famosa vuelta al mundo, desde donde se pueden obtener muy buenas postales de la ciudad, y tantas otras. Un dato importante, es que el Big Ben está en refacción y posiblemente esté abierto al público recién en 2021.

Por lo pronto, sólo se ve una prolija estructura de andamios, acorde al orden inglés.

PARÍS
París es bellísima. Tiene mucho de Buenos Aires, sólo que más limpia, ordenada y prolija. La Torre Eiffel es, sin dudas, la vedette y principal atracción. Tiene tres niveles. Los dos primeros pueden subirse en escalera o ascensor. Opté por hacerlo en escalera los dos primeros, para vivir la experiencia de observar la ciudad desde las alturas. Es increíble.

Luego, en ascensor, se llega a la punta y allí sí, la vista es deslumbrante. Un capítulo aparte es su vista nocturna: a las horas pico y por un lapso de 5 minutos, se encienden miles de lucecitas brindando un espectáculo muy lindo de apreciar. Cuando viajo, me gusta “perderme”.

Caminar las ciudades sin rumbo. Creo que es una forma de conocer sus lugares, cómo viven sus habitantes, comidas típicas y demás. Caminar por los Champs Elysees es un paseo increíble donde, a través de una larga avenida, encontrás las marcas más reconocidas de la moda. Súper recomendable es La Défense: el Puerto Madero de París, el barrio más moderno donde se aglutinan los nuevos edificios que debieron alejarse de la ciudad, para preservar la parte histórica.

Ambas ciudades, como grandes capitales mundiales, son prácticas, bien señalizadas, hay estaciones de subte que funcionan a la perfección, los ciudadanos son extremadamente atentos y cuando se necesita ayuda, la obtenés.

¿Es caro? Teniendo en cuenta el valor del euro, sí, pero siempre digo que los costos de los viajes pueden adaptarse a las necesidades de cada viajero.

ÁMSTERDAM Y BRUJAS
Un párrafo aparte merecen las otras dos ciudades que visité: Ámsterdam –capital de Holanday Brujas, en Bélgica. Las dos son distintas y con características propias.

La primera, por ser la Venecia del norte de Europa. Pero además de sus canales, la arquitectura es bella, con casas de dos o tres pisos, y lo más llamativo: en una ciudad de 800.000 habitantes, hay un millón de bicicletas. Todo el mundo anda en bici. Las hay en las plazas, a la orilla de los canales, atadas en los puentes, tiradas en las veredas, y hasta en estacionamientos de cuatro o cinco pisos.

Nos contaron lugareños que en los canales, hay grandes cantidades de bicicletas, que la gente desecha tirándolas al agua. Es una postal bellísima ver tantas, en todos lados. Otros datos curiosos de ésta particular ciudad son los tulipanes (que no vi muchos debido a que allí es invierno en marzo), el consumo libre de marihuana y el famoso barrio rojo dónde, como mercadería, se ofrecen servicios sexuales a cualquier hora del día, con mujeres que se exhiben en vidrieras que dan a la calle misma.

Y Brujas. Es medieval, protegida por la Unesco, por lo tanto nadie puede modificar tan sólo un edificio. Es encantadora. Todas sus calles son empedradas. Abundan las chocolaterías, ventas de quesos, cervezas artesanales. Lo mejor es dormir allí, porque muchos turistas tienen ese destino como excursión de un día. Por lo tanto, desde las 10 de la mañana, la gente comienza a llegar y a las 18, la ciudad vuelve a su estado natural.

Una campana de la iglesia, en la plaza principal suena cada treinta minutos, y corta el silencio de una ciudad detenida en el tiempo. Y hay mucho encanto, es como vivir en un cuento. Súper recomendable, para ambas, es pasear por los canales.

Viajar es un placer. No es necesario alojarse en hoteles 5 estrellas, ni comer platos caros. Lo importante es conocer distintas culturas, distintos lugares, acomodarse económicamente a las necesidades de cada uno y animarse a la aventura. Vale la pena.

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