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Comenzó la tercera y última jornada de la Semana Social 2018

Martha Pelloni, Pérez Esquivel y Luis Cáceres hablaron sobre erradicación trabajo infantil y trabajo. Cerró el panel monseñor Rubén Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús y miembro de la CEPAS.

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Ayer, comenzó la tercera y última jornada de la Semana Social 2018, que se realiza en Mar del Plata bajo el lema “Democracia, un camino de servicio a los pobres”, organizado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEPAS).

Universidad Siglo 21

Se desarrolló el cuarto panel central “Erradicación sostenida del trabajo infantil y trabajo forzoso”, en el que expusieron la hermana Martha Pelloni de la Red Infancia Robada; Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz; y Luis Cáceres de la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina. Moderó Viviana Wille Bille de la Pastoral Social y cerró el panel monseñor Rubén Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús y miembro de la CEPAS.

Martha Pelloni
La hermana Martha Pelloni, dio comienzo al panel, y expresó “tengo la experiencia de estar con tantos niños que sufren de tantas maneras, y donde puedo comprobar que muchos de ellos no tienen conciencia de su identidad, pero si tienen conciencia de que es un excluido social. En esos niños la pobreza es estructural, pero la peor pobreza que tienen es la de la falta de promoción humana. Pero tenemos el contraste de la pobreza del corazón de los que hemos tenido promoción humana, de los que dirigimos el país, de los dirigentes. Es la insensibilidad”.

“La globalización es el reto social que hacemos hoy en la pastoral social. No es la solución la globalización, sino la planetarización, como dice el Papa”, remarcó Pelloni. “Se han hecho muchos trabajos de análisis sobre la esclavitud infantil, porque los niños al ser explotados son esclavos. También diferenciamos del trabajo cultural, donde la familia educa a los hijos acompañando en el trabajo de los padres, la aceptamos, la aplaudimos; pero el primer trabajo del niño debe ser jugar y después estudiar”.

“Paralelamente tenemos el trabajo comercial, ¿pero qué es lo que pasa?”, se preguntó reflexionando sobre la ley 26.390 que apunta a erradicar el trabajo infantil. “Soy una luchadora por la justicia, porque los niños son prioridad”.

Adolfo Pérez Esquivel
El panel continuó con la exposición de Adolfo Pérez Esquivel y dijo “al lado tienen un hombre una mujer, con pensamiento distinto, filosofía distinta, condiciones sociales distintas, esa es la riqueza de los pueblos, la diversidad no la uniformidad. En esta diversidad de los pueblos es que todos y todas tenemos los mismos derechos. Somos diversos pensamos distintos, mi amigo Eduardo Galeano, cuando hablaba de la democracia, decía ‘esto se asemeja a democraduras’. La democracia no se regale, se construye”.

“¿Por qué no se respetan los derechos? Nosotros trabajamos con los chicos, no decimos los de calle. Si ellos están en la calle es porque son víctimas sociales, son expulsados de una sociedad injusta, nos hemos acostumbrado a verlos así. Los niños en esta sociedad que son expulsados, maltratados y están en peligro por una sociedad injusta, ¡ellos no son un peligro!”, enfatizó Pérez Esquivel.

Monseñor Rubén Frassia
Cerró el panel “Los niños y los pobres nos reclaman una verdadera atención. Una de las cosas fundamentales y principales es la familia, y debemos bregar para que el desarrollo sea con amor. ´El verdadero nombre de la paz es el desarrollo’ decía Pablo VI”.

“Hay que apostar a la educación en valores, y somos los adultos los que tenemos que llevarlo adelante: los niños son sujetos, no objetos. Tenemos que buscar la casa grande. La diversidad tiene que ser crecimiento, y si queremos hacerlo bien, tenemos que trabajar con claridad por el bien común: porque siempre un bien común supera un bien particular”, añadió Frassia.

“La pastoral social no puede dejar de lado la formación del espíritu, porque lo social no se separa de lo espiritual. Si nosotros no respetamos el nombre de Dios, no vamos a respetar a los demás. No tenemos que considerar al otro como enemigo, podrá a veces ser adversario, pero nunca un enemigo”. Y concluyó el obispo de Avellaneda-Lanús, “cuando uno pierde el equilibrio en Dios se desestabiliza y pierde el equilibrio con los demás”.

Haciendo Obras 2

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