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Colectivo Juana Azurduy: El consumo en tiempos de crisis y la urgencia de pensar estrategias

“La Economía Social tuvo una fuerte expansión en los últimos años, es un sector que involucra hasta 1,5 millón de trabajadores”, manifestó a La Verdad, Virginia González.

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El escenario desfavorable que atraviesan varios sectores de la economía a nivel nacional impacta directamente en el bolsillo de los consumidores. Las alternativas a la hora de comprar se diversifican y en más de un caso se debe agudizar el ingenio para lograr que la devaluación impacte de la manera menos violenta posible.
Las ferias de venta de usados y de intercambio de productos o trueque son cada vez más frecuentes en la provincia de Buenos Aires, mientras el comercio sufre los embates de la caída del consumo, el aumento de los alquileres y las tarifas.
Pero existen alternativas que permiten pensar en atenuar los impactos. Esta semana, La Verdad se puso en contacto con Virginia González, del Colectivo Juana Azurduy, quien mensualmente propone desde el Mercado Cooperativo estrategias accesibles de comercialización.
“Desde el Proyecto del Mercado Cooperativo buscamos generar canales de comercialización solidarios accesibles para los productores y productoras de la Economía Social y Solidaria bajo los principios del comercio justo. Y procuramos hacer de estas estrategias de comercialización alternativa un proceso transparente, en donde tanto productores como consumidores conozcan los distintos valores de la cadena. Es tanto el productor como el consumidor solidario quienes con su reflexión acerca de las consecuencias sociales de sus prácticas y entendiendo al acto de la compra como una acción política logran incidir en el sistema de producción, distribución y consumo”, explicó González en diálogo con este medio.
“Trabajamos por la construcción de un mercado social, en donde primen lógicas de solidaridad, reciprocidad, democracia y participación, mejorando los modelos de gestión basados en una economía más justa, donde también asumimos el compromiso de tender redes con organizaciones sociales y sindicales. En el camino por promover el desarrollo territorial, construimos nuestra propia práctica de Economía Social y Solidaria, que recoge los aportes históricos de nuestra región latinoamericana y propone intervenir de acuerdo con principios presentes en nuestro recorrido en el territorio, donde el aspecto económico es definido en conjunto con la vida social, cultural, política, como componentes de un mismo proyecto”, apuntó seguidamente.
La entrevistada marcó además que “el apoyo a las pequeñas unidades de producción urbana y periurbana, es tanto una responsabilidad como un desafío. El crecimiento y el fortalecimiento de los productores, y el acompañamiento para la generación de valor agregado y trabajo genuino, con garantía del derecho de los consumidores al acceso a precios justos y alimentos de calidad, demandan estrategias coordinadas y complementarias, desde los múltiples saberes de la vida comunitaria y desde la articulación con programas del Estado. Por este motivo, y frente a la realidad económica de nuestros días entendemos como prioritario definir lazos entre productores y consumidores, que garanticen los principios de justicia y de equidad. Y allí es fundamental la promoción de redes de comercialización, como así también la asistencia técnica a los emprendedores, y la organización y capacitación de los consumidores”.
Y ahondó: “Las ferias de comercialización de proximidad en condiciones de solidaridad y cooperación, son una experiencia que se viene desarrollando y ampliando desde hace años a través de las ferias francas, ferias de productores, mercados populares de la economía social, ferias verde, mercados solidarios; organizadas por múltiples y diversos actores, desde asociaciones de productores, universidades, organizaciones de consumidores, organizaciones de comercialización solidaria, agrupaciones sociales o políticas, clubes de barrio, que otorgan a cada experiencia una impronta particular, estructurando su funcionamiento e imponiéndole una ‘marca’ distintiva”.

Desafíos

En cuanto a los desafíos, González expresó que “el Mercado de Juana es un espacio que con el trabajo sostenido durante años se ha consolidado. Hemos podido dar forma a una propuesta donde están presentes productores de alimentos frescos de elaboración artesanal de la economía social y la agricultura familiar, y productos regionales y cooperativos, que los vecinos reconocen y acompañan. Los trabajadores y los sectores populares siempre organizan su satisfacción de necesidades en tanto reproducción de su vida, en forma de trabajo en relación de dependencia cuando las condiciones estructurales lo permitan o de manera popular cuando esas condiciones no se dan como en el contexto actual”.

Expansión

“En nuestro país la Economía Social tuvo una fuerte expansión en los últimos años, es un sector que involucra hasta 1,5 millón de trabajadores. Emprendimientos familiares, cooperativas, empresas recuperadas, programas de ingreso social con trabajo, formas de producción agrícola alternativas como el movimiento campesino, la agricultura familiar, disputan el sentido hegemónico en los modelos económicos”, afirmó la referente de Juana Azurduy.

Cómo impacta la crisis

“Frente a una economía que plantea un panorama de crisis como resultado del modelo económico vigente, la economía popular es una realidad de nuestros territorios como una forma de organizar las condiciones de vida y el trabajo de los sectores populares en el sector urbano y rural. Los consumidores que participan del Mercado Cooperativo son actores que hemos logrado fidelizar a través de un trabajo sostenido en el tiempo colectivamente, donde quien accede a alimentos sanos producidos en nuestra ciudad valora un precio mejorado por la ausencia de intermediarios y resignificado por la importancia de comprar producción local, con una historia de trabajo digno detrás. Sin embargo si bien la economía popular de subsistencia ha demostrado ser solidaria en contexto de crisis, frente a la recesión de la actividad económica, el desempleo, el aumento de tarifas, la suba del índice de precios, la reducción del gasto público orientado a los sectores productivos, para una familia -aún consciente y responsable de sus compras- resulta inevitable reducir su nivel de consumo. Frente a esta realidad, desde el Mercado Cooperativo, nos hemos propuesto junto a los pequeños productores de alimentos, la urgencia de pensar conjuntamente estrategias que nos permitan seguir sosteniendo los puestos de trabajo de cada emprendedor que participa del espacio. Y nuestra apuesta nos permite aún hoy mantener la propuesta fruto de un vínculo consolidado con los consumidores solidarios mediante ofertas, combos de producción asociativa, compras conjuntas, entre otros”, indicó.
Y consideró finalmente: “Tenemos, no obstante, absoluta claridad respecto a que las estrategias de la economía popular librada a su suerte quedan subordinadas a la lógica del mercado tradicional, y su aspiración de garantizar la reproducción y la ampliación de las condiciones de vida dependerá de nuestra capacidad de organización frente al modelo vigente”.

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