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Cazar leones en el Jardín Zoológico

Por Damián Itoiz

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En estos momentos de agitación social y política los dirigentes deben dar ejemplo de sensatez.

Cuando la coyuntura se vuelve peligrosa y pone en jaque a las instituciones, la obligación de los representantes del pueblo en la política es la de poner cordura y madurez en el conflicto, serenar los discursos, moderar la dialéctica y abrazarse con toda la inteligencia a la cordura.

Debe un dirigente político que se precie de serlo, poner en esos momentos racionalidad en sus palabras, transmitir grandeza y tolerancia y alejarse de cualquier efervescencia efímera y pasajera del espíritu.

Pero para ello necesita integridad intelectual, sabiduría aprendida en el sacrificio propio por los demás y tener la envergadura moral y ética de personas trascendentes como Raúl Alfonsín.

Dicen que dijo Winston Churchill alguna vez: “La falla de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes”, parece que bajo el embrujo ególatra de aquella máxima la Dra. Elisa Carrio se vio embargada en su mensaje cuando ayer en un congreso de Came y en el medio de la ebullición política que atraviesa la realidad argentina, se dio el lujo de agraviar al Dr. Raúl Alfonsín y con él a los últimos treinta y cinco años de la historia argentina, a sus mártires y a todos los hombres comunes que reconocemos en Raúl la máxima expresión de la Democracia, el respeto a las libertades individuales, la justicia sobre los que violaron los derechos humanos y la honestidad publica que profeso hasta su último suspiro.

Yo por más insignificante que sea frente a la figura de la Dra. Carrio, quien no es insignificante, no se lo voy a permitir.
A diferencia de la Dra. Carrió, el Dr. Raúl Alfonsín, decidió para su vida y par la historia de nuestro país ser útil antes que importante y puso en juego por ese objetivo su imagen pública y su cuerpo en cada decisión que tomo como Presidente de la Nación y luego en el llano como dirigente político.

Creo yo que el balance final de su vida pública dio el resultado positivo que su estatura moral e intelectual merecía. Así fue que a su muerte millares de argentinos lo acompañaron a su morada final, reconociendo en el todas las virtudes que en la coyuntura que le toco conducir este país tal vez no le fueron reconocidas. Pero ahí estuvo la historia, con su cincel, que es el tiempo, moldeando el busto del honor y el reconocimiento para el último patriota que hábito este país.

Pero quien fue este hombre que hoy agravia esta señora, este hombre, apasionado, con una verborragia que contagiaba al entusiasmo y generaba la emoción en quien lo escuchaba, este hombre que recitaba al final de cada discurso el preámbulo de la Constitución argentina como un rezo laico destinado a unir orígenes, edades, sexos y cualquier tipo de diferencia que entre los argentinos pudieran existir.

Este hombre que a los pocos días que un militar le ponía la banda presidencial en 1983, con las armas de la dictadura calientes, firmaba el decreto de creación de la CONADEP, quizá el acto más importante en la historia del mundo para el esclarecimiento de los crímenes más atroces que un hombre puede cometer contra otro hombre y la piedra fundamental para el juzgamiento de quienes desde el estado habían violado los derechos humanos de la manera más feroz.

Este hombre que allí en los albores de la democracia, en la lejana década de los ochenta planteo la lucha por la independencia sindical, la ley de divorcio vincular, la patria potestad compartida, la defensa de los países no alineados contra los poderes globales y que dio la pelea incansable por no pagar la deuda externa con el hambre de los pueblos.

Ese hombre que obligó a Ronald Reagan a tener que escuchar en los propios jardines de la Casa Blanca su inclaudicable oratoria antiimperialista. Este hombre que ante el egoísmo de los que nuca entienden la palabra patria y sacrificio convirtió en un discurso histórico los silbidos de la sociedad rural en aplausos.

Este hombre que sufrió trece paros nacionales, la mayor cantidad en la historia contra un presidente democrático, que enfrento la hiperinflación, semana santa, campo de mayo, obediencia de vida, punto final, el neoliberalismo, el fin de siglo, Menem y que por ser más útil que importante sacrifico su imagen y reconocimiento haciendo la entrega anticipada del gobierno seis meses antes para garantizar así la democracia.

Siempre asumiendo su responsabilidad, siempre haciendo el sacrificio, pensando en la historia grande y saliéndose notablemente de la coyuntura. Por eso no podemos permitir que se lo agravie y menos en estos momentos de crisis. Debemos rescatar esas figuras, como faros, como ejemplos elementales del ser nacional que necesita nacer en cada argentino para refundar esta patria desbastada.

Señora eso fue este hombre que agravia usted en esta hora, porque uno es lo que ha hecho y no solamente lo que ha dicho y el Dr. Raúl Alfonsín siempre hizo más que lo que dijo.

Señora, el Dr. Raúl Alfonsín juzgó a la junta militar y condenó a sus cabecillas en un juicio histórico y a menos de un año de que habían entregado el poder, no salió como otros oportunistas a cazar los leones en el jardín zoológico, lo hizo cuando los leones estaban sueltos y fuertes y consolido para los tiempos la democracia de la argentina, democracia que usted y todos los dirigentes políticos de hoy deben resguardar y defender.

Yo sé muy bien que usted es una persona de la democracia y sé muy bien también que debe estar arrepentida de sus dichos, pero hágale un favor a la Nación, trate de ser más útil que importante.

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