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Casa de Abrigo: un lugar para sentir que no todo es tan malo

El escaso personal del ex Instituto Legarra trabaja a destajo para los chicos tengan otra oportunidad en la vida. Cristina Rizzi esbozó a LA VERDAD las vivencias de proporcionar calidez a quienes necesitan gestos de apoyo para superar trances difíciles en una edad de plena formación humana

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Alojamiento de menores

Casa de Abrigo: un lugar para
sentir que no todo es tan malo

El escaso personal del ex Instituto Legarra trabaja a destajo para los chicos tengan otra oportunidad en la vida. Cristina Rizzi esbozó a LA VERDAD las vivencias de proporcionar calidez a quienes necesitan gestos de apoyo para superar trances difíciles en una edad de plena formación humana (BAJADA))))

Llegan porque sus familias no pueden retenerlos en casa, por distintos motivos. Otros, porque fueron víctimas de violencia. Mientras las profesionales del Servicio Local trabajan sobre estas cuestiones de base, los chicos permanecen en la denominada “Casa de Abrigo”, ex Instituto Legarra.
Tienen entre 0 y 18 años, y allí son recibidos por un personal muy limitado en cantidad, pero que redobla sus esfuerzos y trabajos para formar una familia de corazón que los haga sentir protegidos y anidados.
Cristina Rizzi es la directora de la Casa de Abrigo “Francisco Legarra” y cuenta cómo es la actualidad de esta institución, ubicada en Alberdi y Liliedal, hoy de régimen mixto. Entre ella, dos asistentes sociales, una psicóloga, una administrativa y algunas docentes, se van turnando para hacer la comida, lavar la ropa, asear las instalaciones, acompañar a los chicos… en un servicio que debe prestarse sin distracciones las 24 horas de los 365 días del año.

Los que llegan

En diálogo con LA VERDAD, Cristina Rizzi contó que “los chicos ingresan por una medida de abrigo que adopta el Servicio Local, que está dentro del Sistema de Protección y Promoción de los menores. Es el último eslabón antes de retirar al chico de su entorno familiar”.
“A veces es una medida que debe tomarse en el momento y otras se produce luego de un proceso. No son chicos judicializados, llegan por problemas asistenciales o por vulneración de derechos, que cada vez hay más. Si no hay alguien que pueda contener al niño, llegan a la Casa de Abrigo”, explicó.
La franja etaria que aloja va de 0 a 18 años, con régimen mixto. Esto se modificó desde que es Casa de Abrigo, porque antes sólo había mujeres.
“La ley dice que tienen un máximo de permanencia de 180 días, un tiempo que se fue ampliando, pero la realidad marca que muchas veces debe extenderse la medida de abrigo”, remarcó Rizzi.
Durante ese tiempo, “el Sistema Local debe trabajar para reinsertar al chico sea en su núcleo familiar o con algún adulto que se haga cargo, alguien que lo conozca”.
“Hay otros chicos que son más grandes de edad, así que se los empieza a trabajar con un autovalimiento, en conjunto con varias áreas. Porque hemos tenido casos que están acá hasta los 17 ó 18 años, así que deben hacerse cargo de sí mismos”, apuntó.
En este marco, destacó que “en Junín hay una amplia gama de propuestas importantes, tanto bajadas de programas, instituciones, escuelas, escuelas especiales, la de Formación Laboral… son lugares donde se trabaja mucho por los chicos”.

En adopción

La directora remarcó que “acá vemos distintos casos, hay algunos en que pueden volver al hogar y en otros no se encuentra cómo hacer para reinsertarlos, como sucede por ejemplo en situaciones de violencia familiar”.
“Cuando se toma la medida de abrigo, el Servicio Zonal respalda. Pero si el chico entra en adoptabilidad, ahí sí interviene la Justicia. Han salido unos cuanto que fueron adoptados”, señaló.
En este marco, destacó que “los más chiquitos son los más buscados, los más difíciles de ubicar son los más grandes, porque lleva tiempo entender que es el chico el que necesita una familia y no una familia la que requiere de un chico”.
“Se trabaja mucho en el acompañamiento, ante la primera duda o dificultad, porque conocemos a los chicos que ya pasaron por acá”, agregó.

Falta personal

En este momento se encuentran alojados 12 chicos, de entre 7 y 15 años. El gran tema es la escasez de personal, porque acá el servicio debe prestarse las 24 horas, los 365 días del año.
“Esto nos condiciona en muchas cosas, porque acá se llega a veces a trabajar con un operador por turno. Esto significa que una sola persona la que cocina, entrega la medicación, limpia, lava la ropa, acompaña al médico, levanta a los chicos..”, aclaró Rizzi.
En este marco, detalló que “tenemos tres chicas del equipo técnico (dos asistentes sociales y una psicóloga), la administrativa y yo, además cinco docentes que brindan apoyo escolar a contraturno”.
“Acá todos hacemos todo. Es la gran dificultad que tenemos, aunque el personal vale oro. Si bien esto funciona como una verdadera casa, donde todos colaboramos, los chicos están integrados a distintas actividades como deportes, Escuela de Estética, van a la colonia o pileta en verano”, añadió.

La comida

A la vez, Rizzi dijo que “se cocinan los almuerzos y cenas, además de los desayunos y meriendas. Estos productos y los elementos de higiene personal y de las instalaciones es provisto por la Provincia. Es muy buena cantidad y calidad, la dieta de los chicos cambió muchísimo con la incorporación de frutas, galletitas, cereales”.
Por otra parte, remarcó que “la verdura y las frutas llegan una vez por semana, a través de un proveedor de Junín; el pan, facturas y prepizzas vienen fresco a diario; los víveres secos una vez por mes y los otros productos como carne, huevos, queso, llegan cada quince días y se almacenan en freezer”.

Dificultades

Para las autoridades de la Casa de Abrigo, “la mayor dificultad es cuando nos envían chicos con patologías psiquiátricas, una gran deficiencia del sistema porque no hay lugar de alojamiento para ellos”.
“Hasta hace un tiempo teníamos solamente chicos de Junín y la zona, pero al verse desbordado el sistema ahora llegan del Gran Buenos Aires. Pero esto se contradice con la ley, porque no se puede reinsertar a un chico a 200 kilómetros, así que sólo llegan en la urgencia”, explicó Rizzi.

Ayuda

Además de las provisiones que envía la Provincia, responsable del funcionamiento de la Casa de Abrigo, Cristina Rizzi apuntó que “hay gente de afuera, que nos conoce en el día a día, que colabora juntando ropa o cualquier tipo de elementos que puedan servir para los chicos”.
“Los vecinos también nos hacen llegar restos de pinturas, porque sirve mucho para que ellos trabajen en el aula”, remarcó finalmente. Esto significa que cualquier tipo de colaboración es bien recibida por los niños y jovencitos alojados en la institución y pueden significar que pasen mejor sus días.

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