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Camilo Aguilar, de Junín a la gloria eterna

El ex futbolista juninense que se consagró campeón de la Copa Libertadores con Estudiantes de La Plata, en tres ocasiones, dialogó con LA DEPORTIVA y recordó su inicio en el fútbol, repasó su trayectoria profesional la cual compartió con Zubeldía y Bilardo, y además describió el cariño que tiene por nuestra ciudad.

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Por: Mario Nicolás Uhalt.

Camilo Aguilar es sin dudas uno de los grandes futbolistas que entregó el fútbol de Junín. El oriundo de nuestra ciudad fue campeón en tres ocasiones consecutivas de la Copa Libertadores con Estudiantes de La Plata, club en el cual también pudo consagrarse ni más ni menos que Campeón del Mundo.

El mismo, dejó su legado para siempre en la ciudad de las diagonales y en aquella etapa gloriosa del “Pincha” fue dirigido por Osvaldo Zubeldía, otro ex jugador juninense que también fue entrenador y justamente cuando se calzó el buzo de DT, revolucionó la manera de jugar al deporte más popular. Asimismo, tuvo como compañero y técnico a Bilardo, discípulo directo del “Zorro”.

Una carrera llena de hazañas y anécdotas posee Camilo Aguilar, quien tiene una historia relacionada con el diario LA VERDAD y muy joven se fue de esta tierra para triunfar y alcanzar la gloria eterna, ya que a pesar de los años transcurridos, el reconocimiento y la admiración deportiva hacia su persona siguen estando latentes.

Con la misma claridad con la que jugaba, Camilo Aguilar radicado actualmente en Derqui, tras cumplirse recientemente un nuevo aniversario de del último título internacional, mantuvo una interesante charla futbolera con LA DEPORTIVA y revivió gratos momentos.

A continuación la entrevista con Camilo Aguilar.


Camilo vistiendo la camiseta de Estudiantes.

-Se cumplió un nuevo aniversario del tri-campeonato ¿sigue el agradecimiento?

-Sí, la verdad que es algo hermoso, pasaron cincuenta años de esa bendita Copa Libertadores, la tercera que ganamos de manera consecutiva.

-¿Qué recordás de esa serie final?

-Fue contra Peñarol. En la ida ganamos uno a cero con gol de Togneri y luego empatamos cero a cero en Montevideo. El partido de vuelta fue muy duro, peleado y después del final nos agarramos a las piñas.

-Ingresaste faltando cinco minutos en Uruguay

-Tuve la suerte de entrar y también cobré porque me dieron una piña terrible (risas). Fue una sensación muy linda, entrar en un partido tan importante como ese y sacar un buen resultado. Intervine en unas cuantas jugadas y pude lograr mi sueño.

En ése momento no pensaba en el logro que estábamos obteniendo, quería jugar nada más. Después a través del tiempo a uno le dio la pauta de lo importante que ha sido en su momento y lo que significó para Estudiantes y Argentina.

Junto ex compañeros y la Copa Intercontinental en el estadio Único de La Plata.

-El camino no fue de rosas para llegar a semejante logro

-Estudiantes era un equipo chico que ganó muchas cosas seguidas. Nos trataron de animales, picapiedras, anti-fútbol, teníamos todo en contra, hasta el periodismo porque ganábamos y en la tapa de las revistas de ese momento salían las fotos de los equipos como River y Boca, y en la contratapa nos sacaban a nosotros.

Fue una lucha muy intensa que tuvimos contra mucha gente que nos odiaba. Yo siempre digo una cosa, vos podés ganar algunos partidos con algunas mañas, pero ganar un campeonato local, tres veces la Copa Libertadores, la Copa Centro Americana y la Copa del Mundo, pienso que eso no es ser anti fútbol.

-Era un equipo completo

-Cada uno tenía sus características y cumplía una función dentro del campo de juego, siempre respetando las ideas que tenía Osvaldo Zubeldía. Estaba tan adelantado que, salvando las distancias, nosotros nos plantábamos como el Barcelona que juega 4-3-3 y el distinto se llama Messi. Nosotros hacíamos un 4-3-3 y el distinto nuestro era Juan Ramón Verón.

Teníamos un lateral como Eduardo Luján Manera que era una cosa de locos como pasaba al ataque, iba y venía. Por el otro lado teníamos a “Cacho” Malvernat que no era tanto lo que pasaba al ataque pero por ahí no entraba nadie.

En defensa estaba Aguirre Suárez que era fuerte de arriba y abajo como un exquisito como Madero, y Pachamé era el motor que luchaba todo. Al lado estaba Bilardo que era el que manejaba la estrategia, Etchecopar iba y venía, también jugaba el “Bocha” Flores. Adelante estaban Gribaudo, Hilario y Verón.


Camilo Aguilar brindando una nota a la prensa oficial del club platense.

-¿Cómo fue tu niñez en Junín?

-Fui a la escuela número 12 y el club BAP fue donde me inicié futbolísticamente, con grandes compañeros y amigos. El técnico era Ramos y estaba Juancito Torelli que nos ayudaba muchísimo. Me gustaba trabajar, ganarme mis pesitos, repartía pan con los carritos de la Equidad.

Después trabajé en una confitería, de caramelero en el cine San Carlos y en el diario LA VERDAD. Repartía los diarios y luego estuve de cadete, de nueve a doce y de tres a seis. Escribía a máquina algunos avisos y como yo estudiaba de noche me servía. Tengo recuerdos muy lindos del diario.

-En BAP dejaste herencia

-Sí, mis hijos pasaron también por BAP y dejaron un poquito la sangre mía tirada por esos campos. Tuvieron la suerte de salir campeón en inferiores y en Primera. Ojalá hubiera estado radicado en Junín para poder darles mi experiencia, especialmente a BAP.

Junín es mi vida, todo lo que soy es gracias a Junín. Los vecinos me ayudaron cuando era chico, a medida que fui creciendo los más grandes me apoyaron siempre, me guiaron. Junín es lo más grande que yo tengo.

-¿Cuándo supiste que te ibas a dedicar al fútbol?

-A los quince años tuve la posibilidad de ir a entrenarme a Vélez Sarsfield, después de una semana no quedé pero me gustó todo eso y volví a trabajar con más ganas en BAP, corriendo solo o a veces acompañado por “Cucú” Piedrabuena.


El juninense Camilo Aguilar en una formación titular, agachado segundo de derecha a izquierda.

¿Y tú llegada a Estudiantes cómo se dio?

-A fines del 66’ cuando jugamos un Nocturno que le ganamos la final a Mariano Moreno. Había salido en el diario LA VERDAD que venían de Estudiantes a ver a dos jugadores del club BAP, Rubén Piedrabuena y yo.

Tuvimos la suerte de ganar, dar la vuelta y esa misma noche cuando festejaban vecinos y familiares, nos dieron la bendita noticia a mí y a “Cucú” que nos íbamos a ir a La Plata.

-Un momento muy emotivo

-Lo primero que hice fue abrazar a mi madre. Ella estaba con los ojos llenos de lágrimas porque siempre me dijo “no dejes de estudiar” y yo le dije “quédate tranquila que voy a triunfar en el fútbol, me voy a cuidar y portar bien”.

Llegué a la pensión de Estudiantes y el dinero que iba ganando se lo daba a mi madre y a los años le dije que me iba a comprar una casa e iba a sacar un préstamo. Me dijo “¿para qué vas a sacar un préstamo?”, es que la plata que le mandaba para que ella estuviera bien me la ahorró toda, con eso me compré mi primera casa y traje a mis padres y hermanos a La Plata.

Le pude decir a mi padre que no trabajara más y de ahí en adelante iba a estar en una plaza dándole de comer a los pajaritos o viendo jugar a los chicos.

-El salto al profesionalismo llegó rápido

-En el 67’ nos fuimos para allá y mirá lo que son las cosas, a los cinco meses de estar en Estudiantes, con 17 años, cuando el equipo sale campeón del Torneo Metropolitano, entré a festejar con los muchachos y en el medio de la cancha me dan la noticia que iba a hacer un viaje a España, tenían que ir mis padres a firmar la autorización para que pueda viajar porque era menor de edad.

Debuté en ese gran equipo en España, tuve la suerte de convertir un gol de penal y ganamos una copa de ese momento. Después comencé a entrar de suplente en la Copa Libertadores.

-Fuiste parte de los tres planteles ganadores

-Sí estuve siempre. Cuando tenía 18 años alternaba. Desde la primera copa estuve en el plantel y desgraciadamente me lesioné el peroné y no me pude recuperar a tiempo para disputar la Copa del Mundo contra el Manchester United. Después estuve en todo el proceso, compartí toda la alegría que representó tantos títulos.

Era un plantel muy rico en jugadores e impresionante el trabajo de Osvaldo Zubeldía, respaldaba a los titulares y a todos los chicos que veníamos de abajo él nos iba dando la posibilidad.


Camilo Aguilar integrando el plantel «Pincha» ubicado segundo de izquierda a derecha en lo alto. Debajo a la izquierda otro juninense: Osvaldo Zubeldía.

-¿Cómo era Zubeldía?

-Un fenómeno, un adelantado. Era un hombre que trabaja mucho, tenía mucha responsabilidad y disciplina. Repetía constantemente las jugadas que nosotros en el campo desarrollábamos y nos daba frutos. Por ejemplo hacía la ley del offside y sabía cómo contrarrestarla.

Era un libro muy grande y no solamente sabía cómo se movían los otros equipos, sino que a nosotros nos daba las instrucciones para contrarrestarlos y cómo sacar ventaja.

Teníamos un jugador muy importante, el distinto, que era Juan Ramón Verón. Por intermedio de él nosotros sabíamos que en cualquier momento teníamos una posibilidad de gol. Y si no era por una jugada, sabíamos cómo entrar de otra manera, por eso trabajamos mucho tiros libres y córners.

-Técnico y jugador oriundos de Junín

-Sí como Hugo Spadaro, el “Negrito” aparte de ser un gran jugador fue una persona extraordinaria, un fenómeno, desgraciadamente falleció cuando estaba haciendo las primeras armas como director técnico en las inferiores Argentinos Juniors.

-En la mitad de la cancha jugaba un tal Bilardo

-Con el “Flaco” tuve la suerte de estar en el campo de juego y tenerlo como técnico. Nosotros teníamos dos técnicos, uno que era Zubeldía que estaba afuera y el otro que estaba adentro de la cancha. El “Flaco” Bilardo era un hombre que nos ordenaba, gritaba, mandaba, era impresionante, después lo demostró siendo técnico.

Teníamos un plantel extraordinario, fuimos el primer equipo que empezó a trabajar en doble turno, concentrábamos, teníamos un 4-3-3 bien marcado, lo que pasa que nosotros corríamos y metíamos por toda la cancha.


Camilo Aguilar abrazado con Juan Ramón Verón y el «Bocha» Flores, en el último agasajo del club platense.

-¿Qué características tenías como jugador?

-Era muy rápido pero aparte tenía habilidad y utilizaba mucho eso. Me gustaba arrancar de atrás, llegar con toques o gambeteando. La deficiencia mía cuando comencé era lo físico porque era muy liviano, pero en base a trabajo para fortalecer mi físico ya tenía una ventaja muy grande.

-¿Cuál es el partido que más recordás?

-Cada vez que jugaba siendo titular o haciendo un reemplazo, tuve la suerte de que las calificaciones mías fueron siempre buenas, pero hubo un partido que quedó marcado, no solamente en mí. Fue contra Newell’s Old Boys y andaba por toda la cancha, me alabaron todos, me faltaba el “golsito” y hasta mis compañeros me decían “parate” y yo no paraba, quería seguir porque me estaba saliendo todo bien.

Cuando Verón agarró una pelota por la punta izquierda, yo estaba por el extremo derecho, faltando uno o dos minutos, íbamos ganando. Sabía que desbordaba seguro entonces me mandé un pique impresionante y cuando tira la pelota para atrás y voy a empujarla para hacer el gol me desgarré, tengo una operación sobre ese desgarro.

Salí porque no podía seguir más, ya terminaba el partido, y cuando voy retirándome por el costado de la cancha para ir a la mitad, de los cuatro costados me aplaudieron. Fue ése el mejor momento, me sentí muy identificado dentro del campo para con la gente.


El ex jugador de Junín fue figura en un clásico que quedó en la historia.

-¿Recordás algún gol en especial?

-Tuve la suerte de hacer muchos goles, especialmente en los clásicos. En un partido contra Gimnasia, en un Nocturno, metí tres (en 21 minutos). Los recuerdo porque en uno agarré la pelota en el medio de la cancha, empecé a gambetear y gambetear, gambeteé hasta el arquero y ya dentro del área había dos jugadores de Gimnasia pero pude convertir. Fue uno de los goles más lindos que hice.

-Tuviste un exitoso paso por Colombia y luego te retiraste

-En el Junior de Barranquilla, junto con Juan Ramón Verón, lo sacamos campeón y yo fui el goleador del equipo en el hexagonal final. Luego fuimos juntos a Guatemala, él como técnico y yo como ayudante y también salimos campeones.

-Fuiste técnico en Sarmiento de Roque Pérez

-Estuve casi veinte años en Guatemala y después de tantos años como extrañaba mucho a mis hijos y mi familia pegué la vuelta. Apenás llegué me fui a Roque Pérez para estar con una gente que tenía intenciones de conformar un equipo y trabajar en base a un futuro. Hicimos buenas relaciones pero después dejé de dirigir, aunque siempre estoy en contacto con Verón y al tanto de lo que pasa en el fútbol.


Camilo Aguilar Junto a Santiago Ascacíbar, joven surgido de Estudiantes que se encuentra en el fútbol alemán.

-¿Cómo ves al fútbol actual?

-Evolucionó muchísimo, están más preparados, se trabaja más, las canchas ahora son un billar, son hermosas para jugar, antes tenías problemas con el césped porque había pozos y la pelota picaba mal. Me encantaría jugar en estos momentos por mis características de ser rápido y hábil, en una cancha como las actuales sería muchísimo más fácil.

-¿Con qué Estudiantes te encontraste cuando te homenajearon?

-Tiene un country que es una ciudad deportiva, es impresionante, tiene muchas canchas, escuela, un nivel muy grande. Ojalá yo hubiera estado en ésta época para poder tener la posibilidad de estudiar y jugar a la vez. Tiene un estadio hermoso, con un costo impresionante que todavía tiene que estar pagando, aunque todo no se puede hacer. Hay que conformar un equipo que le pueda dar los trofeos que el estadio se merece.

Sebastián (Verón) es un chico muy inteligente y va a conformar un equipo competitivo y vamos a estar nuevamente peleando los primeros lugares, ahora hay muchos campeonatos para jugar.

-No estuviste el día de la inauguración del estadio ¿Por qué?

-Lo conozco al estadio pero no estuve en la inauguración porque me fui a Junín a estar con mis hijos y Diego (su hijo) jugó para en el Senior de Origone que inauguró las luces de la cancha, es un club chico y humilde. Preferí estar con mi hijo y me perdí la fiesta grande de Estudiantes.

Estuve muchos años afuera del país y ahora lo que me queda de vida la quiero compartir con mis hijos. Valió la pena la inauguración de Origone porque al club lo viví jugando.


Camilo Aguilar junto a sus nietas que juegan al hockey en el Club Atlético Sarmiento de Junín.

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