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Cada uno de nosotros puede hacer algo para reducir el aislamiento social

Escribe: Cecilia Herón (*)

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El 1° de octubre se conmemoró el Día Internacional de las Personas Mayores, en esta oportunidad me gustaría servirme de algo que una persona mayor me referencio, y que a su vez él escuchó del Dr. Julio Cesar Labake, quien dijo algo así como que “quienes avanzan hacia la tercera edad, lo hacen por un camino poblado de ausencias”.

Debo confesarles que a mi extraño esta afirmación, porque muchos adultos mayores poseen una familia o vínculos de afectividad, ya sea producto de su inserción en el barrio, de su paso por alguna institución o por su historia laboral, como sea, uno piensa que esos mayores cuentan con personas significativas en su vida.

Luego pensé que Labake podría estar refiriéndose a la personas que están institucionalizadas , ya que ciertamente varias de ellas no son visitas ni frecuentadas por sus hijos o nietos, debo decir que en cambio otros residentes cuentan con una familia amorosa y presente, he llegado a ver recientemente en un hogar un hijo que no sólo estaba visitando a su madre en un hogar de residencia para personas mayores, sino que además él mismo estaba esmaltándole las uñas, la coquetería no sólo se reserva a las mujeres jóvenes, incluso una acompañante terapéutica también me refirió que suele salir a pasear con la señora con la que trabaja, y siempre esas salidas son ansiadas por esta señora, quien despliega todos sus encantos, tendrías que ver lo pituca que se pone, me dijo.

Sé que a muchas familias les cuesta reconocer que ese ser querido debe ser institucionalizado, porque ya no es posible la vida para él en el hogar, y en consecuencia tomar la decisión de la institucionalización, importa decir que esta determinación debe contar con el consentimiento del adulto mayor. Quiero señalar que es una decisión sumamente difícil, porque muchos sienten que se están desprendiendo, que puede parecer producto del desamor, en lo personal creo que todos deseamos envejecer en nuestro “hogar” en ese lugar que hemos adquirido con tanto sacrificio, que hemos sostenido con el paso de tiempo, en que hemos vivenciado tantos momentos añorados, pero debemos saber también que a veces las circunstancias hacen que ya no podamos desempeñar actividades de la vida diaria con normalidad, que nuestro estado de salud puede demandar de asistencia integral, y que por ello precisemos de este tipo de dispositivo, cuando ya nuestra familia ha agotado otro tipos de recursos, ver cuidador domiciliario, acompañante terapéutico, etc., que coadyuvan a prolongar la estadía de las personas en su propio hogar.

Al respecto, me parece oportuno hacer una salvedad, y es que a diferencia de los que algunos creen, es muy poco el porcentaje de personas mayores que residen en hogares geriátricos, lo cierto es que la gran mayoría viven en sus casas en condiciones de auto validez. La institucionalización solo debe recomendarse en aquellos casos en los que la persona mayor presenta dependencia y fragilidad y que por ello requiere de una asistencia diaria y continúa. Ahora bien ya sea que la persona mayor se encuentre alojado en una institución de estas características o en su hogar, es imprescindible que haya un compromiso por parte de sus familiares, en caso de tenerlos, en colaborar con su bienestar, en seguir brindándoles contención, apoyo, y las ayudas necesarias para vivir dignamente.

En varias oportunidades me he referido a la sociedades amigables con las personas mayores, pero para llegar a eso el Estado, la Sociedad y las familias debemos implementar acciones concretas que hagan que las personas mayores no se sientan solas, que las generaciones más jóvenes seamos quienes ahora nos pongamos al servicio de ese otro, que años atrás nos brindó cuidado, amor, sostén, acaso no es tiempo de retribuir en algo todo eso que recibimos, de destinar unos minutos, para saber cómo esta, para darle un beso, para ver si precisa algo o si en algo podemos serle útil, no son cosas que oportunamente ellos hicieron por nosotros y en ese caso, no corresponde que ahora nosotros se los retribuyamos. Indudablemente a todos nos atraviesan múltiples exigencias, responsabilidades, preocupaciones, presiones, pero estoy segura de que cada uno de nosotros puede hacer algo para reducir el aislamiento social como familiar por el que atraviesan algunas personas mayores.

(*) Lic en Ciencia Política (UBA)
Especialista en Adultos Mayores

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