Buenos Aires: el aspirado reducto para el "aguante K" - La Verdad Online de Junín, Buenos Aires, Argentina
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Opinión

Buenos Aires: el aspirado reducto para el «aguante K»

El armado del Frente de Todos no tenía demasiado de magistral: sobre la base del enorme deterioro de la imagen de Mauricio Macri producto del fracaso económico

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ESCRIBE CLAUDIA RUCCI (*)

Lo que a mediados de 2019 fue considerada por algunos como «una magistral jugada de ajedrez político» fue mostrando, a poco de andar, un nuevo fracaso de las coaliciones electorales ideadas como «negocio compartido de poder».

El armado del Frente de Todos no tenía demasiado de magistral: sobre la base del enorme deterioro de la imagen de Mauricio Macri producto del fracaso económico (que hacía inevitable el triunfo de cualquier opción opositora medianamente sólida), se limitaba a sumar a la base electoral de Cristina Kirchner la imagen «distinta, seria y moderada» de Alberto Fernández y el caudal que pudiera aportar un Sergio Massa flojo de sus convicciones del mes anterior.

«A vos, Alberto, te hago llegar a un lugar que jamás imaginaste. A vos Sergio te hago acceder al manejo de cajas que tampoco imaginaste. Lo que me tienen que garantizar es el cierre de todas las causas. Cómo gobernar la Argentina y resolver los problemas de los argentinos… después lo vemos», parecería haber sido el razonamiento de la ex presidente. ¡Más cercano a lo perverso e irresponsable que a lo magistral!

Dos años y medio de experiencia han sido suficientes para ver los resultados. Profundizaron la crisis existente, deterioraron el salario, hicieron crecer la inflación, llevaron el valor del dólar a valores no imaginados en 2019, destruyeron pymes y fuentes de trabajo con una cuarentena eterna, se apropiaron de vacunas para sí mismos en desmedro del personal de salud, se negaron a la compra de más vacunas para los argentinos por simple berretismo ideológico, cerraron indefinidamente las escuelas haciendo que miles de jóvenes pierdan la escolaridad para siempre, permitieron el crecimiento del narcotráfico y la inseguridad… Es en ese marco que deben enfrentar el próximo desafío electoral.

Pero como fuera del discurso de barricada para consumo interno son absolutamente racionales, saben que van a ser derrotados nacionalmente y van a perder varias gobernaciones e intendencias.

Por eso piensan en el territorio desde el cual puedan volver a implementar -como desde 2015- el «resistiendo con aguante» a la espera de fracasos ajenos y reorganización propia. La provincia de Buenos Aires es la imaginada tierra desde la cual encararlo.

Sin embargo, la idea del «bastión inexpugnable» ya fue duramente golpeada en las últimas elecciones, como había ocurrido en 2009 y 2017. En las elecciones de 2019, aún con una contundente victoria del Frente de Todos en todo el país, habían sufrido derrotas en cinco de las ocho secciones electorales en las que se divide la Provincia y asentaron su victoria solamente en los abultados triunfos obtenidos en el Gran Buenos Aires.

En la última elección fueron derrotados en siete de las ocho secciones y tuvieron una merma de entre 12 y 15 puntos en cada una de las secciones electorales. Sólo en la poderosa tercera sección perdieron -en dos años- cerca de 750.000 votos.

¿Y en qué se basan -atendiendo a esta realidad y a cómo está gobernando el Frente de Todos- para aspirar a ganar y hacer de la provincia de Buenos Aires el reducto del «aguante» en 2023? Sus esperanzas están puestas, fundamentalmente, en la tercera sección electoral.

En distritos como La Matanza, Lomas de Zamora, Avellaneda, Quilmes, Florencio Varela, Almirante Brown, Esteban Echeverría y muchos otros donde se concentra un enorme porcentaje de pobreza e indigencia, donde se distribuye la mayor cantidad de subsidios y donde se reparte mes a mes la mayor cantidad de alimentos para reemplazar el legítimo derecho a «comer todos los días producto del trabajo digno» por la «generosa ayuda» de la enorme estructura del clientelismo que pretende intercambiar asistencia («ustedes comen porque nosotros permitimos que lo hagan») por apoyo político y electoral.

Y en esta oportunidad, ¿piensan volver a enamorar a quienes dejaron de acompañarlos con una sincera autocrítica y una gestión que les devuelva la esperanza en un futuro mejor? ¿Creen posible mantener la fidelidad de quienes aún los acompañan demostrándoles que se esfuerzan por revertir la caída del salario, la inflación y la inseguridad? De ninguna manera.

Piensan hacerlo de la única manera que saben: pasar del «plan platita al «megaplan platita». Volcar una enorme masa de recursos emitidos brindando «felicidad pasajera»; apostando a lo que creen: una falta de lucidez de los más humildes que los hará resignar futuro y esperanza a cambio de más alimentos, heladeras, cocinas, lavarropas, etcétera. Creen que pobre y tonto son sinónimos. Se equivocan…

Estoy convencida de que, como ya empezó a demostrarse en la última elección, los marginados, los desposeídos, los pobres e indigentes de nuestro Conurbano bonaerense ya le «picaron el boleto» al clientelismo. Empiezan a ver con cada vez mayor claridad que -más allá de los discursos en los que declama amor por los pobres- el cristinismo es la garantía de perpetuarlos en la pobreza y la sumisión.

Lo escucho cada vez que visito los barrios humildes del Conurbano. «Harta/o», «cansada/o», «agotada/o», son palabras que se repiten permanentemente. En silencio, aceptando cada dádiva que les ofrezcan porque las necesitan, preparan para 2023 una verdadera «rebelión electoral de los pobres».

Cuando se celebren las próximas elecciones se habrán cumplido 20 años desde aquel lejano 2003, donde las diferencias internas en el seno del peronismo jugaron a favor de aquel ignoto gobernador del sur, convirtiéndolo en inesperado presidente de los argentinos. En 2023 habrán gobernado 16 de esos 20 años. Suficiente tiempo para «verlos andar», para conocerlos a fondo. Sobre todo, para los que creemos que la única verdad es la realidad. Y que mejor que decir es hacer.

A diferencia del tango, donde «veinte años no es nada», para los argentinos habrán sido suficiente tiempo para decidir que el cristinismo deje definitivamente de incidir en el rumbo de la Argentina y el futuro de su pueblo.

Estamos convencidos de que será el inicio de un tiempo de paz, de unión nacional, de desarrollo y progreso para los argentinos.

(*) – Claudia Rucci es senadora bonaerense de Juntos por el Cambio y referentes de Peronismo Republicano en la provincia de Buenos Aires.

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