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Anto Salomone y la superación deportiva y personal sobre patines

La profesora de patinaje artístico del club Rivadavia de Junín dialogó con LA DEPORTIVA y contó su inicio en el deporte, las etapas de superación que le tocó vivir y analizó aspectos de los jóvenes y adultos que andan sobre ruedas, como así también el rol de los padres y la mujer.

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Llegó con lo justo porque minutos atrás había salido de dar su última clase en el club Rivadavia (J) y como no podía ser de otra manera, llevaba la indumentaria de profesora que daba cuenta de ello. Se sentó y apenas comenzó a dialogar se podía palpar su pasión, con tan solo oír su tono, analizar sus gestos en cada respuesta y ver sus ojos cuando recordaba algo del pasado o simplemente se refería a sus alumnos. Aspectos propios de una chica que se hizo mujer de golpe y lejos de los suyos, pero que justamente la pasión por lo que la llenaba, le daba disfrute y plenitud, y más tarde le permitiría crecer profesionalmente y tener un ingreso económico para no claudicar desde su inicio en la vecina localidad de Chacabuco, su tierra natal, como tampoco en su llegada y estadía en Junín.

Con la energía de una patinadora como lo fue prácticamente toda su vida, pero con un tono claro y explicativo que, seguramente algo contiene en su personalidad y otro tanto lo fue adquiriendo en su experiencia adelante de grupos de jóvenes y adultos, Antonela Salomone de 29 años, en la redacción del diario mantuvo una extensa e interesante charla con LA DEPORTIVA, donde contó su comienzo en el deporte sobre ruedas, las etapas de superación que le tocó vivir en su adolescencia y analizó aspectos de jóvenes y adultos, como así también el rol de la mujer y de los padres. Habló de absolutamente todo y no es para menos, su historia acarrea cambios y esfuerzos de todo tipo, a tal punto que tuvo que guiar y apoyar a uno de sus hermanos que también arribó a nuestra ciudad.

Sin dudas sus allegados, pero específicamente su mamá Miriam Cieri, sus hermanos Facundo y Pitias y su papá Darío Salomone desde el cielo, están orgullosos del recorrido que ha tenido, pero más aún de la esencia que trasmite para que los demás mejoren como deportistas, pero también como personas para que implementen valores con sus respectivas familias, amigos, compañeros de equipo y competidores, que en definitiva es lo más importante que deja la práctica de un deporte. Es que la “buena madera” a nivel personal no se compra a la vuelta de la esquina y Antonela lo sabe, porque en cada clase lo pregona sin importar el sexo o la edad. En los tiempos que corren la solidaridad y el compañerismo escasea cada vez más debido al gran individualismo y egoísmo que existe en la sociedad, por eso profesora y alumnos se retroalimentan constantemente.

Por otro lado, vale destacar que Anto en la entidad Albiceleste juninense anteriormente mencionada, los lunes y miércoles de 17:30 a 19 le da clases a los equipos iniciales que van desde los 3 a los 12 años, mientras que los adultos acuden a sus clases los lunes y miércoles de 20:30 a 21:30, dejando en claro que “nos extendemos hasta las 22 porque los adultos son más relajados y la actividad se nos va de tiempo y nos excedemos del horario”.

A continuación el mano a mano con Antonela que trajo sus sueños de Chacabuco hacia Junín, pero aún va por más, con el empoderamiento como bandera, tanto en la vida como en el patín.

– ¿Cómo te acercaste al Patinaje?

– Arranqué a los tres años en Chacabuco porque soy de allá, simplemente por un mero capricho de que quería hacer algo. Era hija única, me daban los gustos y al principio creyeron que era para un rato y nada más y de repente terminó siendo parte de mi vida. En mi casa siempre decían que me iba a pegar un par de golpes y se me iba a pasar la locura del patín (risas) y después de 27 años estoy en el mismo ambiente.

Al principio hice exhibiciones y muestras como todas las nenas que recién arrancan y a partir de los 7 años empecé con mis primeras competencias, en el inicio en los alrededores de Chacabuco y después nos empezamos a meter en las ligas del deporte. En ese momento pertenecíamos al Gran Buenos Aires y competíamos para ellos. De a poco me fui ambientando en el tema y cada vez me gustaba mucho más y lo disfrutaba. Cada vez que una se involucra con un deporte, trata de hacerlo lo mejor que puede.

-¿Y tú inicio en Junín?

– Cuando terminé mi carrera como deportista en Chacabuco me vine a estudiar a Junín el profesorado de educación física en el Instituto 20 y no quería dejar patín, quería seguir patinando y si podía seguir haciendo aunque sea alguna competencia interna. Uno de los profes del profesorado me comentó que daban clases en el club Rivadavia, en ese momento estaba Jesús Albelo dando clases.

Tenía una compañera que arrancó patín conmigo en Chacabuco y también se vino a estudiar el profesorado para acá. Fuimos las dos a preguntar si podíamos arrancar patín y el profe estuvo súper predispuesto a que pudiéramos acceder a sus clases. Al principio era incómodo porque cuando tenés un técnico de base y trabajás con una misma línea es muy difícil cambiar de entrenador, pero con esa alegría y entusiasmo por querer arrancar igual lo hicimos. En primera instancia tenía grupos de adultos y de chiquititos y entramos en el de adultos. Hablamos con el presidente del club Carlos Figgini y arrancamos a entrenar solas.

-¿Y cómo profesora?

– Mi compañera se lesionó, dejó patín y la profe me preguntó si la quería ayudar con las nenas más chiquitas de la escuela y obviamente yo no tuve ningún problema. Si bien lo había hecho en Chacabuco porque he acompañado nenas a un torneo porque a la profe se le superponía el torneo con las más grandes, pero siempre acompañada con alguien, nunca sola y con un grupo a cargo. Cuando me dijo así estaba haciendo mi carrera de profesorado, patinaba por placer y que me diera esa posibilidad de ayudarla era muy emocionante, estaba súper contenta.

– ¿Cómo quedaste como profe principal?

– Terminé el año haciéndole una coreografía grupal como cierre de su festival con el grupito de nenas. Al año siguiente me llamó el presidente del club para decirme que la profe había dejado de dar clases porque había conseguido otro trabajo y me preguntó ‘¿Anto no querés tomar la escuela?’, ¿y le iba a decir que no?, era mi sueño. Le dije que sí y arranqué con la escuela de cero en el 2010 y terminé el año con cincuenta nenas y hoy por hoy son doscientas. Creció un montón la escuela.

– ¿Estás conforme con el crecimiento?

– Hemos hecho torneos nacionales, sudamericanos, regionales, provinciales, de liga, metropolitanos federados y no federados. Y la verdad estoy muy pero muy conforme con los resultados que venimos logrando hasta ahora. Si bien hace muy poco tiempo que la escuela se está estabilizando, el número de nenas crece y con eso crece el nivel. Las más chiquitas están en los grupos iniciales que van de tres a doce años y después tengo un grupo de adolescentes y adultos aparte. También los equipos de competencia que no están formados por edad sino por nivel. Entre los siete y los nueve años es el mayor porcentaje que se acercan a la escuela. Yo creo que es por el programa de ‘Soy Luna’ que pasan en la tele por Disney, hoy por hoy hay mucha gente patinando en la calle con la propuesta “Calle Saludable” que está buenísima e incentiva a acercarse a este deporte.

– ¿Arrancar patinaje con una edad avanzada es más arduo?

– Es más difícil arrancar de grande porque las condiciones no son las mismas. Una nena de diez o doce años arrancando a esa edad sí puede empezar a competir, pero es muy difícil que llegue a competir en una instancia sudamericana, panamericana o mundial. Un deportista no tarda menos de diez años en formarse para llegar a un campeonato sudamericano o Mundial. En cambio para llegar a nivel nacional con cuatro o cinco años de trabajo puede lograrlo.

– ¿Cómo manejás el rol de los padres con los chicos?

– La familia es muy importante que acompañe. Yo trato de que los padres se mantengan al margen de todo, pero cuando vamos a los torneos y empiezan a conocer el manejo del sistema empiezan a opinar y trato de que se mantengan al margen porque los chicos se frustran y terminan dejando el deporte. De repente tenés nenas excelentes que no quieren seguir patinando porque en un torneo le fue mal y es una pena porque te puede ir mal por nervios, porque ese día no estaba con todas las luces, por una mala pasada o había nenas que eran superior y también se lo merecen porque trabajaron para lograrlo. Trato de inculcarles siempre que el trabajo es lo que vale, el resultado de la competencia es eso y nada más. Siempre trato de que los objetivos y los proyectos que tengan los pongan durante la clase y los proyecten ahí y no que los trasladen a una competencia que a veces es muy relativo el resultado final.

– Intentás marcar distancia

– Les digo que este es mi espacio y hasta acá llegamos. Me costó muchísimo que los padres quedaran afuera del club mientras daba la clase, porque generalmente los padres llegan, dejan a las chicas y se quedan esperando que termine la clase. Es incómodo dar la clase y para las nenas también porque no prestan atención.

Por otro lado tenemos una lista de información, con la documentación de todas las alumnas, no lo tomábamos si no tenían cierta reglamentación para hacer la actividad con certificado médico. La documentación familiar, para permitir el acompañamiento también. De a poquito se van adaptando al sistema y van entendiendo la situación de la escuela.

– Sos una contención para ellas…

– Es muy difícil poder llegar a todas las nenas y acompañarlas desde el punto de vista deportivo. A veces acarrean muchos problemas familiares, escolares, del entorno social, y llegan con todas esas cosas y después tengo que dar clases. A veces hay algunas que no las puedo dar, nos sentamos y mantenemos una conversación. Hago de mamá, de psicóloga, de amiga, de doctora porque se enferman o porque están con el nuevo sistema hormonal y tengo que acompañarlas.

– La integración pasa a ser un aspecto fundamental

– Nosotros como tenemos los grupos divididos, cuando la nena o el adulto arrancan la actividad, siempre intentamos que se integre con todo el grupo. Primero mentalizamos al grupo que entra un alumno nuevo para adaptarlo, tenga las condiciones que tenga. Todos forman parte del equipo y tratamos que todos se sientan cómodos, que puedan realizar la actividad. Creo que soy una profesora bastante abierta, que si algunos de mis alumnos tuvo algún inconveniente lo charlamos, tratamos de solucionarlo, hablamos con el grupo o con la familia en el caso que se necesite. Siempre estamos predispuestos para que cualquiera que ingrese a la actividad se sienta cómodo.

– Imagino que es un desgaste

– Es una profesión hermosa, a veces es cansadora y frustradora porque no ves lo objetivos y los resultados de forma inmediata y cuesta un poco, te desinfla, porque trabajás un montón y una nena se viene abajo porque no puede con sus problemas, y hay que arrancar de cero otra vez hasta encaminarla devuelta.

– ¿Cómo ves a la mujer inmersa en el deporte?

– A la mujer no le dan el espacio que se merece, hay que darle lugar y oportunidades para que pueda expresarse y ser como es, sin perjuicios que juega mucho en contra ese tema, y más que nada en el deporte. La imagen se está desvirtuando demasiado y una trata de darle la posibilidad a todos, que nadie quede afuera. Tendríamos que crecer como sociedad primero y abrir la cabeza desde ese punto y después vendría todo lo lindo de compartir el deporte y que seamos todos iguales tanto el deporte como en los medios.

– Vos tuviste que superarte a nivel personal y deportivo

– Sí, irme de Chacabuco, hacer una vida nueva acá, estar sola, eran muchos cambios y de repente yo pasaba de entrenar todos los días a entrenar dos días por semana, porque el Instituto me demandaba un montón de horas, por la mañana y por la tarde, con las prácticas de cursada. Poder meterme otra vez en el sistema fue genial.

– ¿Te costó la adaptación?

– Me costó mucho venir a Junín a estudiar, no quería saber nada porque dejaba muchas horas de entrenamiento y una rutina que amaba. Imaginate que tenía más relación con las chicas de mi deporte que las de la escuela por la cantidad de horas que pasaba en patín. Honestamente me costó, porque era todo nuevo. Más allá de que en Chacabuco fui totalmente independiente, me tenía que mover sola y allá tengo a mi familia y siempre tenía una ayuda, un respaldo. Acá no conocía a nadie, decí que me vine con una amiga y que entre las dos nos llevábamos bien y tratábamos de solucionar todo. Al principio costó pero lo que me ayudó muchísimo fue que pude empezar patín acá y después que se fue dando el profesorado mientras yo estudiaba, no me había recibido, me faltaban dos años y ya era profe de patín en un club.

– ¿Qué le falta al patinaje para potenciarse?

– Me gustaría tener acompañamiento de otras áreas. Cuando arrancamos en la escuela teníamos una psicóloga que nos ayudaba a entrar en el ambiente de competencia y un preparador físico que nos ayudaba con el entrenamiento. Hoy en día es muy difícil sostener económicamente esos profesionales, pero me encantaría trabajar interdisciplinariamente y en equipo con esas áreas. Con la parte de nutrición, preparador físico, con una psicóloga que acompañe a las familias, no solamente al deportista. Acompañarlo para que se incentiven en este deporte y no se frustren.

Desde el punto de vista de la danza es muy importante también, por las postura, flexibilidad y demás. Si bien yo trato de que las nenas se entrenen en todos esos ambientes, tienen un cuaderno de trabajo y hablamos de nutrición, psicología, técnicas de patín específicas, un apartado de primeros auxilios, tenemos unas cuantas cosas trabajadas durante el año pero está bueno que venga alguien de afuera que lo charle con las nenas porque a veces el entrenador pasa a ser tan amigo que ciertas cosas te la pasan por alto.

– ¿Sos exigente con tus alumnas?

– Soy estricta con los equipos de competencia, con los grupos que recién arrancan no. En los de competencia tratamos de que no tengan una dieta estricta de que todos los días tengan que comer ciertas porciones, pero que en el proceso a la competencia no consuman tantas calorías como lo frito, golosinas, gaseosas y demás para tratar de llegar un poco más livianas a la competencia.

Trato de concientizar pero también depende de la familia que acompañe. A veces es muy difícil, porque a un chico le das un chocolate ¿y quién te va a decir que no? (risas), es muy raro que digan no quiero, pero es concientizar a las familias y a los deportistas para que eso se lleve a cabo. Es una tarea bastante compleja.

– ¿Es diferente tratar a adultos?

– Con los adultos pasa que por ahí se inhiben más porque son mayores, les da vergüenza y demás, pero lo hacen más recreativo, más tranquilo y por eso se hacen chistes y se hace más fluida la clase. Los chicos te dicen las cosas más de frente y por eso tenés que estar más atenta a esas cosas. Pero no tuvimos inconveniente de exclusiones, en ese sentido estamos bastante armados.

– ¿Qué diferencia hay entre la disciplina libre y figuras obligatorias?

– Los equipos de competencia de disciplinas libre y figuras obligatorias. La disciplina libre son las partes de figura, flexibilidad, saltos, trompos y giros, más que nada lo que se ve en la tele. Y las figuras Obligatorias consisten en seguir unos círculos que están dibujados en el piso con determinadas posturas arriba de esa línea, no te podés pasar ni para dentro ni para afuera, tenés que mantenerte con dos ruedas de un lado de la línea y dos ruedas del otro lado de la línea alrededor de todo el círculo. Es una actividad súper sencilla pero cuando te la ponés a practicar es más difícil que aprender la disciplina libre, pero es una de las bases de esta última. Para nosotros es fundamental que los equipos de competencia empiecen a trabajar esta disciplina porque las forma como patinadoras, se asemeja a las posiciones de la danza clásica. Las nenas tienen de las 15 hasta las 16 que practican figuras obligatorias y después tienen una hora y media de la disciplina libre.

– ¿Cuáles son tus objetivos?

-A nivel personal simplemente sentirme conforme con mi trabajo, de saber que lo estoy realizando bien y que mis alumnas compartan el mismo sentimiento que yo y poder acompañarlas en sus objetivos, sean competitivos o recreativos. Sí obviamente vamos a ambicionar con llegar a un Sudamericano, Panamericano o Mundial pero por ahora como la escuela recién se está formando y realmente se tarda mucho en llegar, tratamos de que los objetivos sean más cortos y realistas.

– Agradecimientos…

– Agradezco al club Rivadavia de Junín por el respeto que me han dado y por el tiempo que dedican a darnos las instalaciones. Estoy desde las tres de la tarde hasta la diez de la noche, tenemos el salón exclusivamente para nosotros, y eso es para agradecer enormemente porque para mí es un crecimiento, si ellos no me hubieran abierto las puertas para trabajar creo que la escuela no estaría trabajando de la misma manera. También a toda mi familia.

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