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Andrés Rosa: “Hubo un claro intento de desestabilizar”

Uno de los “hombres fuertes” en la estructura del gobierno del ex intendente Mario Meoni analizó con La Verdad lo que dejó aquel trágico episodio que puso, una vez más, a Junín bajo la lupa de los principales medios de comunicación del país.

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El sábado 9 de marzo de 2013 Karen Campos atendía el kiosco “Carlito” ubicado en Siria y Borges, frente a la plaza Sarmiento, en Villa Belgrano.

Ya caída la noche dos delincuentes ingresaron al local comercial con intención de robo y la joven que por entonces tenía apenas 17 años hizo un vano intento para resistirse al asalto. Un disparo a quemarropa efectuado inmediatamente después por Juan Carlos Ledesma, que tenía 23, terminó con su vida.

Lo que desencadenó este hecho fatal fue una serie de incidentes de características inéditas en nuestra ciudad, que incluyó la quema y la destrucción parcial de edificios públicos, la rotura de cajeros automáticos y móviles policiales, además del saqueo de más de una decena negocios. Todo en poco más de 24 horas.

Andrés Rosa era por entonces uno de los “hombres fuertes” en la estructura del gobierno del ex intendente Mario Meoni. Estaba a cargo de la Oficina de Asistencia a la Víctima y colaboraba estrechamente con Víctor Knappe, ex secretario de Seguridad del Gobierno Local, y con Daniel Kelly, ex director de la Agencia Municipal de Seguridad Vial.

Cinco años después, el actual concejal analizó con La Verdad lo que dejó aquel trágico episodio que puso, una vez más, a Junín bajo la lupa de los principales medios de comunicación del país.

– Más allá de lo doloroso de una muerte, ¿cómo o porqué se llegó a una situación como la de la noche del 10 de marzo de ese año?
Creo que el primer reclamo que se produce el día sábado fue genuino, eso se percibía, como funcionario uno se daba cuenta.
Ya el domingo tuvimos una reunión en la Jefatura Departamental donde manifestamos que sabíamos, porque teníamos información, que iban a ir por la Municipalidad y por el domicilio particular del Intendente. Teníamos datos de que algo violento se estaba armando.

-¿Quién quería perjudicar en ese momento al Gobierno Local?
En ese momento había una pelea muy fuerte entre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el de Daniel Scioli. Yo no puedo descontextualizar lo que sucedió con ese momento político que se vivía. Inclusive eso fue tema de conversación horas después con el por entonces ministro de Seguridad y Justicia, Ricardo Casal.
Yo no tengo dudas de que hubo infiltrados. Esto también surgió después en la investigación que llevó adelante el fiscal Ochoaizpuro, quien pidió la detención y la condena de 10 personas. Hubo un claro intento de desestabilizar al Gobierno Local, para lograr eso necesitaban un muerto por parte de la Policía y no lo hubo. No obstante la jornada tuvo un claro interés por desestabilizar.

-¿Qué se intentó hacer para contrarrestar eso?
Nosotros creímos en ese momento que la información que le habíamos llevado al Interventor fue minimizada. Las respuestas que tuvimos no fueron las esperadas, hubo una muy mala lectura por parte de él, que era el encargado de diagramar la seguridad.
A las cinco de la mañana del lunes teníamos en Junín 500 hombres que tuvimos que alojar nosotros desde la Municipalidad. En ese aspecto se llegó tarde, pese a que la información nosotros la teníamos y la habíamos dado a conocer.

-¿Qué dijo el ex ministro Casal cuando llegó a Junín?
Hablamos de la cuestión política. El vino en un momento que institucionalmente era muy difícil. Nosotros lo tomamos como un apoyo político.
Además, en un momento de tanto dolor de la familia de Karen Campos, su madre y sus hermanos fueron a pedir que no haya agresiones. Nosotros estuvimos cerca de la familia y eso también lo destacó el Ministro.

-¿Ese fue el principio del fin del gobierno de Meoni?
No. Los daños fueron tan profundos, y la violencia de tal magnitud, que esa situación nos dio la oportunidad de ponernos en víctimas. El análisis posterior fue que salimos fortalecidos.
La gente repudió semejante daño al patrimonio público. De haber existido una marcha multitudinaria y en silencio sí podría haber sido el fin de una etapa de un gobierno.
Lo único que puede desestabilizar a cualquier gobierno, en cualquier momento, es un hecho de inseguridad y el reclamo posterior. Como funcionario uno siempre tiene temor al reclamo silencioso, a las expresiones genuinas.
En este caso la violencia superó todo, y políticamente una embestida así creo que en ese momento nos dio oxígeno.

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