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Alejandra Zlatar: una vocación que se ejerce con amor

Se jubiló en junio, pero todavía extraña la magia del salón de clases: cómo ve la educación, qué espera y cómo fue cambiando la educación en estas casi tres décadas.

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Alejandra Zlatar tiene 52 años y se jubiló en junio, tras toda una vida ejerciendo la docencia: fue maestra de grado, de adultos y jardinera. En todos estos años, disfrutó de su vocación en cada salón donde le tocó estar, compartiendo con sus compañeras y también en la dura misión de concientizar a los padres.

“Empecé trabajando simultáneamente en un jardín y en una escuela primaria, pero como titularicé primero en esta última y sacan 10 puntos del listado, en jardín no trabajé más.

Muchos años estuve como maestra en la Escuela Nº 1, otros tantos en el Nacional y los últimos cinco años fueron como directora de la Escuela Nº 35, del Cerrito Colorado”, contó sobre su hoja de ruta.

A Alejandra le encantan los chicos, “el contacto con ellos y es lo que más extraño ahora. Mis recuerdos más lindos es que hoy, andando por la calle, uno se encuentra con esos chicos que tuvo y hoy son hombres, incluso papás, pero te saludan y te siguen diciendo “seño”.

Además, explicó entre sonrisas que “nunca tuve problemas en mi carrera y si alguna vez los hubo con algún papá, fue por defender a los nenes”, y agregó: “Por supuesto también extraño a mis compañeras, porque fueron casi 28 años de carrera”.

Doble turno y familia
Y en este tiempo, Alejandra –como tantas otras docentes y mujeres en general- tuvo que arreglárselas para trabajar en dos cargos “porque nunca alcanza la plata” y ocuparse de cada detalle de la construcción de su familia.

“En ese tiempo tuve a mis hijos, Alejandrina que hoy ya tiene 22 años y formó su propio hogar, y Martiniano, de 16, que vive conmigo. Nunca tuve a alguien que me ayudara, así que siempre me ocupé de todo lo relativo a la casa y a su crecimiento”.

La educación
– ¿Y cómo fue cambiando la educación en todos estos años de ejercicio profesional?
– Cada gobierno viene con un librito bajo el brazo, y yo creo que a ninguno le importa la educación. En todos los casos, en los casi treinta años de mi ejercicio, los docentes siempre hemos sido relegados, nunca nos valoraron.

Siempre ganamos pronto, siempre trabajamos mucho y dejamos la vida en la escuela, pero no somos reconocidos. Cuando llega un cargo jerárquico y uno se hace cargo de una escuela, sucede lo que me pasó a mí en la Escuela 35 donde no hay vicedirector, ni secretario, con comedor y hay que redoblar esfuerzos. Durante cinco años fue como mi segunda casa, porque se le dedica más tiempo que a la familia. Y esto no lo sabe nadie, sólo los que están al lado, ni se valora.

Cada vez menos
Sobre los cambios acontecidos en la educación en las últimas décadas, Alejandra recordó que “por ejemplo cuando tomé un cargo en la Escuela Nº 1 en el año 1997, recibí un grupo de treinta chicos que venían del jardín y ya alrededor de veinte estaban alfabetizados”.

“De ahí no sé qué fue fallando, si la formación en los profesorados, pero cada vez se exige más y los chicos aprenden menos. No veo bien la educación, creo que el Gobierno al que le toque asumir a fin de año, debe hacerse cargo de esto que está tan mal”, añadió.

A futuro
Alejandra sigue afiliada al gremio UDOCBA, y a raíz de problemas personales, por ahora no está dando clases particulares. “Después veré, algo voy a hacer, porque lo que cobraba como activa y lo que me pagan ahora, no tiene nada que ver, así que tendré que hacer algo para tener otra entrada económica”, apuntó.

Además, la maestra aguarda con ansiedad “el gobierno que continúe pueda revalidar la educación, que es lo que saca adelante a un país. Tenemos que formar gente que piense, que sean críticos, chicos que se puedan insertar en la sociedad y sean futuros gobernantes, pero que sepan, que no se dejen llevar sino que se guíen por su propio pensamiento”.

Paciencia
“En mi carrera nunca he tenido problemas, como suele suceder hoy algunas docentes con papás o chicos. Hay que tener mucha paciencia y elegir por vocación esta carrera, no como ahora que se elige por rápida salida laboral, ya que después de dos años e incluso antes de tener el título, se puede estar trabajando. A los nenes hay que tenerles mucha paciencia, a los papás también porque la sociedad está mal y para estar al frente de un grado con treinta chicos, hay que estar preparados psicológicamente y también para enseñar”, reflexionó Alejandra.

Y dejó su abrazo enorme a todos los docentes juninenses, en quienes cada familia deja a su hijo con confianza.

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